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Edición:  18 de Mayo de 2003

Planifique en su agenda un viaje hacia el norte de San Salvador de varios días, sin necesidad de ir muy lejos. ¿Por qué no aceptar la aventura que el turismo nacional le ofrece?

Daysi Carolina Amaya
Fotos: césar avilés

En las calles de San Ignacio, en Chalatenango, se vive un ambiente tranquilo.

Templos coloniales, casas antiguas, anécdotas por doquier e impresionantes paisajes le esperan si decide hacer un viaje por los departamentos de San Salvador, Cuscatlán y Chalatenango.
Desde la ciudad capital, la travesía inicia en el kilómetro 36 de la carretera Troncal del Norte, donde se encuentra el Parque Arqueológico Cihuatán, cuyo significado en náhuat es “lugar de mujeres”.

El encargado del parque de 12 manzanas en la jurisdicción de Aguilares, en el departamento de San Salvador, es don José Antonio Salguero.

Don José explica que el sitio es un centro ceremonial con dos juegos de pelota, uno de ellos no fue terminado por los indígenas, mientras que en el otro se hicieron esfuerzos durante los años del conflicto armado por conservar las estructuras de piedra.

Él ha trabajado por 28 años con arqueólogos que visitan el país, y explica que Cihuatán es uno de los mejores sitios para la investigación, porque todavía hay templos que no han sido excavados, los cuales servían para idolatrar a los dioses como el de la lluvia y del viento.

Desde lo alto de la pirámide principal —todavía cubierta con tierra— se aprecia una vista espectacular del valle. A lo lejos se visualizan las montañas que contribuyen a un ambiente de sosiego lejos del bullicio y contaminación de la ciudad.

El ingreso al parque es gratis; se le recomienda a los visitantes que no tiren basura ni manchen las piedras. El engramado está bien cuidado, aunque es necesario darle mantenimiento a las estructuras porque el tiempo y el clima han dejado ya su huella.

El parque abre de 9:00 a.m. a 4:00 p.m., excepto lunes.
Al continuar el viaje hacia el norte de San Salvador se llega al cantón Colima, municipio de Suchitoto, en el departamento de Cuscatlán.

Al entrar a la iglesia de Tejutla llama la atención la imagen de Cristo en el altar.

En el kilómetro 46 y medio está la Asociación Cooperativa de Producción Agropecuaria Colima R.L. Allí los socios, además de dedicarse a la agricultura, impulsan un proyecto turístico para que el casco de la hacienda, que alberga las oficinas, sirva de posada a turistas.

La parte exterior de la cooperativa es engañosa, ya que desde la carretera se ve la maquinaria agrícola. Pero al entrar a la casa de casi dos siglos surge el interés en el visitante por conocer más de ella por su estilo colonial.

El representante legal y presidente de la cooperativa, Mauricio Antonio Quijada, explica que la idea es explotar la historia del lugar. Da como ejemplo su experiencia cuando ocurrió una masacre cuando él tenía 14 años, en 1980. Muestra con su pie los orificios de las balas en el piso.

Con la reforma agraria, la casa pasó a manos de los mismos colonos. Según dice don Antonio, los antiguos dueños compraron la propiedad en 1826, y ahora los actuales socios están interesados en devolverle el brillo de antaño, por lo que tratan de cuidar los detalles, pese a que el deterioro es evidente.

La vivienda tiene más de 20 habitaciones, que incluyen dormitorios, bodegas, una amplia cocina que conserva sus características del pasado, así como una amplia terraza con columnas desde donde los ex propietarios veían las toreadas y servía de punto de reunión familiar. También tiene corrales y espacios para la caballeriza.

Hay una piscina y cerca de ella permanecen los vestigios de lo que fue la cárcel del puesto de mando militar durante el conflicto armado. Hubo una pista de aterrizaje, canchas de fútbol y una pileta para hacer añil. Se observan viejos tractores y maquinaria agrícola enmohecidas.

Los socios de la cooperativa tienen clara la visión del proyecto, y todo apunta a que sería muy atractivo para el turista. Sin embargo, tienen la limitante de la falta de fondos, es por eso que buscan la manera de hacerlo realidad.

Hacia las nubes

Si desea disfrutar de una plaza tranquila, rodeada de portales y con una iglesia colonial, visite el municipio de Tejutla, en el departamento de Chalatenango.
Sobre la carretera Troncal del Norte, yendo hacia La Palma, verá el desvío hacia Tejutla en el kilómetro 59. En náhuat, Tejutla significa “lugar de brasas” o “ciudad caliente”.

Pirámide principal del Parque Arqueológico Cihuatán, al norte de San Salvador.

Doña Inés Pinto, directora de la Casa de la Cultura de esa ciudad, señala que en 1740 el arzobispo Pardo y Figueroa dijo que los indios de la zona andaban bastante desnudos y no había ladinos.
En el interior de la iglesia colonial se encuentra un púlpito en forma de copa tallada y con adornos barrocos. Un detalle que no debe pasar desapercibido el visitante.

Los habitantes de Tejutla poseen un espíritu festivo. Fechas como el 15 de septiembre, el día de la madre, el día de la Cruz y las fiestas patronales en honor a Santo Tomás, del 12 al 21 de diciembre, entre otras, las celebran con gran pompa.

El día de San Antonio, el 13 de junio, cocinan peroladas de sopa de toretes donados por habitantes. Hay misa y también regalan panes a los que se reúnen en el parque. Doña Inés señala que San Antonio se dedicaba a los pobres y es por eso que el pan que ha sido bendecido se come o se guarda, porque según la tradición puede curar algún niño. En la noche una procesión recorre las calles pavimentadas y de piedra.

Es, además, el único pueblo que cuenta con un grupo de música autóctona llamado los moros y cristianos que acompañan las procesiones religiosas, asegura la directora de la Casa de la Cultura.

Y al continuar la ruta, en el kilómetro 83 se llega a La Palma, donde encontrará variedad de hoteles y sitios de recreación en medio de la abundante y refrescante naturaleza. Las ventas de artesanías en madera son el mayor atractivo. La gente deambula por el parque, la iglesia y sus calles angostas.

Una vez allí, a pocos kilómetros encontrará el municipio de San Ignacio. Es de ambiente apacible, y sólo basta con sentarse unos minutos en el parque a descansar, para sentirse relajado.
La iglesia San Ignacio fue edificada en 1918, y tiene actividades religiosas organizadas por grupos juveniles y catequesis de crecimiento.

El director de la Casa de la Cultura de San Ignacio, don José Eustaquio Hernández, dice que el sitio ofrece potencial turístico nacional, tal es el caso de la piedra de Cayaguanca, que es muy visitada. De San Ignacio le pueda llevar dos horas a pie.

De la misma manera está el cantón Las Pilas, donde se siembran hortalizas y es un lugar único por los pinares, flores y paisajes que hacen exclamar frases de admiración por lo que nos regala la naturaleza. También hay cómodos hoteles donde hospedarse.

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Al lado poniente de San Ignacio están las cuevas de Shuntrun, donde se encuentran dos ríos y sus sabrosas aguas invitan a bañarse en ellas. No debe faltar una caminata al cerro El Pital, el más alto del país.

Al final del viaje se llega a Citalá, donde se aprecia la iglesia parroquial construida en 1892. Don Salvador Ramírez Martínez, quien tiene una tienda de variedades contiguo al parque, señala a un grupo de jóvenes que descansan frente a la iglesia. “Hoy diga que hay unos dos, hay días que permanece solitario el lugar”, dice el comerciante.

Indica que los habitantes se dedican a la agricultura, a la ganadería y sobreviven con las remesas familiares. El río
Lempa es un punto de diversión para los visitantes.

Al concluir la travesía, que quizás le lleve de dos a tres días, se sentirá que ha conocido más de El Salvador, y de su gente, que es lo más valioso. Un mundo diferente le espera a la vuelta de la esquina.



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