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Edición:
16 de noviembre de 2003


Autoridades venezolanas
aseguran que no hay planes de crear una represa en
el río Caura, un tesoro ambiental del país.
Ecologistas vigilan el tema de cerca.
El gobierno
de Venezuela no parece tener prisa en aprovechar el potencial
hidroeléctrico de la sudoriental cuenca del río
Caura, uno de los pocos espacios prístinos que quedan
en el planeta. Pero los ambientalistas no respiran aliviados.
El reciente hallazgo de diez nuevas especies de peces, un
ave y un camarón en la cuenca del Caura, afluente del
Orinoco, quita el sueño a los ecologistas preocupados
por su conservación.
Pende sobre el río la posibilidad de una represa, y
aun la de tomar aguas de su cuenca para llevarlas a la del
Caroní, donde se encuentra Guri, tercera central hidroeléctrica
del mundo.
Es una de las malas ideas que pueden alcanzar el formidable
reservorio de agua, bosques, fauna, biodiversidad, paisajes
y valiosas formas de cultura indígena que es la cuenca
del Caura, dijo a Tierramérica el portavoz de
la organización no gubernamental Conservation International,
Franklin Rojas.
¿Qué contiene la cuenca del Caura? En sus 45,336
kilómetros cuadrados hay bosques vírgenes con
más de 2,700 especies de plantas, 475 de aves, 168
de mamíferos, 23 de reptiles y varios centenares de
peces.
La mayor parte de la cuenca es una reserva forestal con varios
parques nacionales y monumentos naturales, como la sima (agujero)
de Sarisariñama, una formación geológica
del precámbrico, y varios tepuyes, montañas
de cumbres achatadas características de la Guayana
y consideradas de las más antiguas del planeta.
El Caura recorre 700 kilómetros desde su nacimiento
cerca de la frontera con Brasil, a dos mil metros sobre el
nivel del mar, hasta encontrarse con el Orinoco. Es el mayor
de la cuenca, 90 por ciento de la cual está cubierta
por bosques siempre verdes, anegadizos y de galería,
y sabanas.
La expedición Aquarap, con científicos venezolanos,
brasileños y estadounidenses que recorrieron el Caura
en 2000, detectó nuevas especies de peces y camarones
y constató que la mayoría de los bosques y ríos
están vírgenes o muy conservados por las comunidades
ye´kuana (makiritare) y sanemá (yanomami).
Estos indígenas habitan la zona desde hace milenios,
siguiendo una cosmogonía que los impele a un trato
respetuoso de la tierra, descartando actividades como la minería.
Existe un plan de construir una nueva represa hidroeléctrica
(cerca del salto Pará, en el bajo Caura) y desviar
75 por ciento del caudal del río Caura al sistema fluvial
Paragua-Caroní", decenas de kilómetros
al este, según el informe de Aquarap.
Pero el presidente de la estatal Electrificación del
Caroní (Edelca), Daniel Machado, aseguró a Tierramérica
que tal plan no está en el horizonte de proyectos del
Estado.
Lo único previsto es continuar con los estudios
del potencial de los ríos de Guayana, pero ni para
el mediano plazo estudiamos la factibilidad de un desarrollo
hidroeléctrico en el Caura y menos un trasvase de aguas,
dijo Machado.
Según el funcionario, en un futuro distante es
posible ese aprovechamiento, pero los planes de Edelca y del
Estado se concentran en el Caroní, cuya represa
de Guri tiene una capacidad instalada de 10 mil megavatios/hora.
Otras dos represas sobre el Caroní, Caruachi, y Tocoma,
aportan mil 800 megavatios/hora, y está en construcción
una tercera para instalar otros dos mil megavatios.
El trasvase de aguas de una cuenca a otra es algo que
ni siquiera existe para este ministerio. No sólo podría
tener un enorme impacto ambiental, sino costos elevadísimos
sin respaldo en cuanto a rentabilidad, dijo a Tierramérica
el director general de cuencas de la cartera de Ambiente,
Rodolfo Roa.
El ecologista Rojas reconoció que los planes de aprovechamiento
eléctrico del Caura todavía no configuran una
amenaza, y por eso nuestra organización procura
que se realicen estudios, que deben madurar a lo largo de
2004 y 2005, para dibujar un modelo de conservación,
de manejo y desarrollo sustentable.
Mientras tanto, el Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD) intenta obtener nueve millones de dólares
del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF, por sus siglas
en inglés) para programas de estudio, conservación
y manejo de la cuenca, informó a Tierramérica
la funcionaria Lila Gil, de la agencia de la ONU en Venezuela
En todos los planes será preciso prever recursos
para mejorar las condiciones y calidad de vida de las comunidades
indígenas, estimó por su parte Rojas.
Según la Constitución de 1999, los pueblos indígenas
tienen derecho a la demarcación de territorios para
su aprovechamiento y ninguna explotación de carácter
económico puede adelantarse en tierras ancestrales
sin su consentimiento.
Las etnias yekuana y yanomami cuentan por ahora con
voluntad de conservación y ninguna prisa del Estado
venezolano por desarrollar el potencial eléctrico del
Caura.
El
autor es
corresponsal de IPS.
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