Edición: 16 de noviembre de 2003

Novecientos ochenta y ocho intentos de suicidio se registraron en el 2002. Más del 60%
fue cometido por jóvenes entre los 14 y los 29 años, según datos del Ministerio de Salud.

Tania Urías
Fotos: Maritza Santos

“Mi mamá a mí no me tiene confianza. Cuando voy a algún lugar, ella no me da permiso, pues piensa cosas malas. Me dice cosas que me dañan mucho.

He llegado al punto de querer suicidarme, pues cuando voy a la iglesia me grita diciendo ‘qué vergüenza de hijo. ¿Por qué te tuve? Mejor te hubiera abortado’. Quisiera un consejo, pues la verdad ya no sé qué hacer. Joven anónimo”.

El anterior es el extracto de una carta recibida en una radio cristiana en San Salvador. Cada semana el personal de esta emisora recibe numerosas misivas como ésta de jóvenes entre los 12 y los 28 años que están dispuestos a acabar con sus vidas.

El joven anónimo, al igual que “Rosario” sobrevivieron. Él buscó ayuda a tiempo; ella fue atendida antes de que la sobredosis de pastillas la matara.

Sin embargo, otros no lo logran. Sólo en San Salvador durante el 2002, 164 personas se suicidaron, según datos de Medicina Legal. Cincuenta y uno tenían menos de 30 años.

El suicidio se ha convertido en la tercera causa de muerte entre adolescentes en El Salvador. La primera son los accidentes y la segunda,
las muertes por violencia.

El rango de edad más alto es entre los 14 y los 19 años. De hecho, los últimos registros del Ministerio de Salud indican que de 287 personas que han intentado suicidar de enero a mayo del 2003, la mitad corresponde a menores de 25 años.

Si bien los hombres son los que más logran suicidarse son las mujeres quienes más lo intentan.

De cada cinco personas que buscan matarse, cuatro son del sexo femenino, asegura el doctor Moisés Guardado, jefe del Programa de Salud Mental del Ministerio de Salud.

En el Hospital Zacamil, de 16 jóvenes entre los 10 y los 19 años que atentaron contra sus vidas, 12 fueron mujeres y cuatro varones.

Medidas desesperadas

Entre los métodos usados está dispararse con un arma de fuego, a veces propiedad de sus padres; ingerir altas dosis de medicamentos, lanzarse al vacío e intoxicarse con plaguicidas. De hecho, este último es el método más usado por los jóvenes (ver nota aparte), sobre todo por las mujeres.

Aunque es dificíl entender el fenómeno del suicidio, hay numerosos factores que pueden predisponer a las personas a acabar con sus vidas en un intento desesperado por escapar del dolor que sienten.

En el caso de los más jóvenes haber sufrido abuso sexual o físico, historia familiar de suicidio o violencia, fallecimiento de un amigo íntimo, noviazgos rotos, pobres resultados académicos, entre otros, pueden ser causas de suicidio juvenil, señala el siquiatra Otto
Castro, especialista en niños y jóvenes.

Los embarazos no deseados también empujan a las jóvenes a quitarse la vida, sobre todo cuando no cuentan con el apoyo de su pareja ni con el de sus padres.

Un informe de UNICEF señala que de cada mil adolescentes entre 15 y 19 años en Centroamérica, hay un promedio de 127 embarazadas.

Padecer enfermedades terminales como sida o cáncer también pueden provocar intentos suicidas. En El Salvador, 18.2% de los casos de VIH se encuentra en jóvenes de entre 12 y 24 años y aunque no hay registro de suicidios en jóvenes seropositivos se cree que sí están propensos.

El abuso de drogas es otro factor que influye en el alza de suicidios. Según el estudio “Ventana epidemiológica”, del Ministerio de Salud y FUNDASALVA realizado en las salas de emergencia de cuatro hospitales de San Salvador en 1999 en pacientes mayores de 12 años, un 50% del total de ingresos (543) fue de pacientes alcoholizados que intentaron suicidarse.

Sin embargo, para el doctor Ricardo Cook, terapeuta de FUNDASALVA, un adicto no es necesariamente un suicida y aunque tienen personalidades parecidas, tanto el abuso de drogas como el suicidio mismo son solo síntomas de un problema mayor: la depresión.

De hecho, para el profesional todos los problemas anteriores están ligados al grado de depresión que viven los muchachos y las muchachas que se hacen daño.

El doctor Castro asegura que la depresión es quizás la primera causa que provoca suicidios en los adolescentes.
“Los padres deben estar conscientes de que sus hijos van a deprimirse en esta etapa, porque van mal en la escuela, porque la novia los dejó o porque simplemente les es difícil relacionarse con sus semejantes”, dice.

Para él, en esta etapa los muchachos pueden llegar a sentirse tristes, incluso porque son demasiado gordos o bajos, porque tienen espinillas en la cara, porque no tienen suficientes amigos o porque sus padres los comparan demasiado con sus otros hermanos.

El profesional asegura que para asegurar que el muchacho o muchacha pueda enfrentar el rechazo social y los problemas propios de la adolescencia, desde niño se le debe formar con valores y enseñarle a manejar los éxitos y los fracasos.

Esto no evitará las dificultades propias de la adolescencia, pero al menos le ayudará a enfrentar la vida y a descartar la idea de que matarse es la solución a la depresión y a los problemas.

¿Cómo detectar a alguien que está pensando en el suicidio?

Cuando tiene cambios en los hábitos de dormir y de comer.
Retraimiento de sus amigos, de su familia o de sus actividades habituales.
Pérdida de interés en sus pasatiempos y otras distracciones.
Actuaciones violentas, comportamiento rebelde o escaparse de la casa.
Encierros prolongados en su habitación.
Uso de drogas o de bebidas alcohólicas.
Abandono poco usual en su apariencia personal.    
Aburrimiento persistente, dificultad para concentrarse o deterioro en la calidad de su trabajo escolar.
Poca tolerancia de los elogios o los premios y a los halagos.
También puede quejarse de ser una persona mala o inservible.
Lanzar indirectas como “no les seguiré siendo un problema”, “nada me importa” o “ya te vas a librar de mí”.

35 años


Mayores de 35 años se suicidan
con armas de fuego
8.2% el total

de muertes ocurridas en el 2000
por uso de pistolas.

Poner en orden sus asuntos; por ejemplo regalar sus posesiones favoritas, limpiar su cuarto, botar papeles o cosas importantes, etc.
ABC de emergencia
Si encuentra a alguien que ha intentado suicidarse conserve la calma; no le grite ni lo golpee, tampoco le pida explicaciones. Lo más importante es buscar ayuda.
Si ha ingerido pastillas o plaguicidas, no le dé a beber ni agua ni leche ni ningún otro líquido; tampoco le permita comer nada.
No provoque el vómito ni trate de asistirlo. Llame una ambulancia de Cruz Roja o llévelo a un hospital.
Si se ha disparado cubra la herida, y llévelo de inmediato a un hospital.
Si ha intentado colgarse y ha sufrido lesiones en la espalda o el cuello, no lo mueva; espere por asistencia.

Mitos sobre el suicidio

Si alguien ha intentado suicidarse alguna vez hay menos probabilidad de que intenten de nuevo. Falso.
Hasta el 80% de todos los suicidios se completaron después de otros intentos anteriores. Esto especialmente entre la juventud.

Está claro que los suicidas desean morir. Falso.
Muchos no quieren morir, solo buscan un escape de una situación que les parece insoportable.

Es posible que la gente crea que es más seguro no hablar del suicidio con alguien que lo está considerando. Falso.
Hablar les ayudará a hacer frente a sus problemas y aliviar la tensión.

Las personas que hablan de quitarse la vida nunca lo harán. Es una manera de desahogarse. Falso.
La mayoría de las personas hablan de ello o hacen algo que indique que se van a matar.

Todos los que se suicidan son enfermos mentales. Falso.
Muchos son gente normal, que tiene serios problemas de depresión o no logra controlar sus frustraciones, pero no es gente loca.

Retomado de www.suicideinfo.org
y con información de doctor Ricardo Cook, consejero de FUNDASALVA.



De un total de 164 suicidios ocurridos en San Salvador en el 2002, 94 corresponden
a intoxicación por plaguicidas. Este sigue siendo el método más usado, en especial
por las adolescentes.

Revista Hablemos

En el Hospital San Rafael se reportan 173 intentos de suicidio por intoxicación, en lo que va del 2003. De esos, 23 se consumaron.

Del total de muertes, 18 corresponden al sexo femenino. El rango de edad donde mueren más pacientes es entre 21 y 25 años.

Según la doctora Alfonsina Chicas, toxicóloga de ese hospital, la desesperación de quienes buscan esta salida es tal que intentan matarse casi con cualquier cosa.
“Hay gente que intenta suicidarse con dos rociadas de insecticida para cucarachas en la boca, pero no lo consiguen”, refiere preocupada.

Sin embargo, es el uso de plaguicidas es el método más común. De las 23 muertes, 18 usaron “phostoxin” o fosfuro de alumino, conocido como “matarratas”.

“Este es un plaguicida fumigante y al entrar el cuerpo, el corazón empieza a trabajar mal; comienzan a morir los riñones y el resto de órganos; se produce sangramiento interno, hay problemas para respirar; algunos vomitan sangre y el dolor es insoportable”, explica la doctora Chicas.

El paciente muere consciente porque las funciones del cerebro no caen en coma rápido. El tiempo de agonía no supera las cuatro a cinco horas y no existe antídoto disponible.

Sin embargo, si el suicida tomó una dosis mínima (que por razones de seguridad no se indica), si las tabletas estaban vencidas y si además recibió atención rápida, algunos logran salvarse, pero las secuelas son graves. La más común: insuficiencia renal aguda.

Otro de los fumigantes muy usados son los órganos fosforados. El más habitual el “Metamidofox”, cuyo nombre comercial es “Tamarón”. Actúa de forma distinta al fosfuro de aluminio. El daño que produce al organismo tiene que ver con un trastorno en el impulso nervioso.

“El Tamarón altera el sistema nervioso. La gente comienza a ponerse agitada, desorientada; se producen descargas del cuerpo, lagrimeo, exagerada salivación que los deshidrata”, dice la doctora Chicas.

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Lo más grave es que el suicida empieza a tener secreciones en los pulmones, como que si tuvieran neumonía o bronquitis, que le impide respirar; sufre además de diarreas, se orina, pierde todos los fluidos del cuerpo y si se tarda mucho en llegar al hospital las secreciones, lo ahogan y muere.

Empero si el paciente recibe atención rápida logrará salvarse. En este caso sí existe antídoto (la atropina), pero también se producirán graves daños para quien lo tomó.

“Se ha relacionado mucho con neuropatía retardada. Problemas de tipo nervioso, debilidad, flacidez, dificultad para caminar, falta de memoria, problemas de comportamiento y daños neurológicos”, advierte la profesional.

El hospital también posee seis muertes reportadas por uso de “paraquat” o “gramoxone”, como se le conoce comercialmente.

Este es un líquido herbicida usado para controlar malezas en cultivos de maíz y frijol; es altamente corrosivo y al ingerirlo daña las membranas de las células, los labios, la faringe y por donde pasa cuando la gente lo ingiere.

Al penetrar en el cuerpo se va directo al hígado y se produce hepatitis química; además afecta pulmones, riñones, corazón y otros órganos.

En este caso tampoco existe antídoto disponible, y lo peor del caso es que se trata de una muerte lenta. La doctora Chicas ha conocido pacientes que han sufrido hasta 15 días de agonía.

Datos a nivel de país

En San Salvador, en el 2002, los municipios con mayor índice de suicidio fueron Ilopango, Mejicanos, San Salvador, Soyapango y Apopa.
Un 35% de las mujeres que se suicidaron en 1999, eran menores de
18 años.
Los departamentos con el número más alto de suicidios en el 2002, fueron San Salvador, La Libertad, Usulután y Santa Ana.
En El Salvador los solteros registran una tasa de suicidio el doble de alta que las personas casadas.
Fuente: Instituto de Medicina Legal,
estadísticas sobre suicidio 2000 y 2002.

Su uso agrícola
“Phostoxin” o fosfuro de aluminio. Tabletas del tamaño de una moneda de cinco centavos de dólar, color gris, usadas para el control de plagas en granos almacenados en graneros cerrados.

“Paraquat” o “gramoxone”.
Líquido, se vende por litro y cinco litros y sirve para hacer control en la maleza, en los cultivos de maíz o frijol donde no se quiere que nazca plantas indeseables. El “paraquat” mata la planta, pero al ponerse en contacto con la tierra se inactiva.

Al abrirse la tableta de phostoxin desprende un gas
altamente tóxico. Su olor es parecido al del ajo.


$ 0.17 de dólar

es el costo de una tableta de phostoxin o “matarratas”.

204 muertes
por ingesta de phostoxin ocurrieron en 1999.



De 164 suicidios ocurridos en el 2002 en San Salvador, 94 se dieron por consumo
de plaguicidas. La venta libre de éstos es la máxima preocupación de quienes
trabajan en el tema .

Gabriela Orozco, de 10 años, sufrió una intoxicación accidental con folidol. En los hospitales nacionales también se reportan suicidios en niños.

La doctora Alfonsina Chicas, toxicóloga del Ministerio de Salud, todavía recuerda a una muchacha que el año pasado se tomó dos tabletas de “phostoxin” y falleció en menos de seis horas; tenía 17 años y un hijo de dos.

La niña le entregó a la doctora una nota suicida en la que explicaba a su madre que se quitaba la vida porque ya no soportaba que ésta siguiera pensando que era una prostituta.

La nota fue escrita al reverso de una factura de un popular agroservicio en Santa Tecla. Dos dólares y cuarenta centavos le costó a la joven acabar con su existencia.

“Usted cree que en ese agroservicio al verla desesperada comprando esas tabletas no podrían haber pensado que quería matarse”, dice la médica molesta.

Si bien muchos jóvenes se quitan la vida pegándose un tiro, ahorcándose o lanzándose al vacío es mediante el uso de plaguicidas como la mayoría decide acabar con sus vidas, precisamente por el fácil acceso que tienen a éstos.

“Son productos que no tienen control de venta y los que lo intentan ya saben que lo pueden obtener sin problema”, dice el doctor Santiago Almeida, epidemiólogo del Hospital Zacamil, quien a menudo se topa con este tipo de casos.

Lo mismo opina el jefe del Programa de Salud Mental del Ministerio de Salud, doctor Moisés Guardado. Para él se necesita crear una ley que regule la venta de ciertos plaguicidas como el “phostoxin” y el “lannate”, además de prohibir la venta a menores de edad.

Primeros esfuerzos

Al respecto, el jefe de Registro y Fiscalización del Ministerio de Agricultura y Ganadería, Roosevelt González, asegura que ya existe una ley que regula la comercializacion de productos agrícolas que fue aprobada en 1973.

Esta ley establece entre otras cosas, que quienes se quieran dedicar al comercio de plaguicidas deben someterse a una capacitación sobre legislación, almacenamiento, uso y manejo de éstos.

Una vez aprueban la capacitación se les extiende un Certificado de Aprobación con vigencia de cinco años para que abran su negocio.

Además de la ley, en 1997 se creó la Comisión Nacional de Plaguicidas (CONAPLAG), que busca implementar medidas que minimicen el daño que estos insumos hacen a la salud y el medio ambiente.

Esta comisión está integrada por autoridades de los ministerios de Salud, Medio Ambiente, Agricultura, Economía, Trabajo, y algunos sectores de la sociedad civil, como la Unidad Ecológica Salvadoreña, además de gremiales de productores, importadores y comercializadores de plaguicidas.

Uno de los logros de CONAPLAG es la prohibición por medio de decreto legislativo de 34 plaguicidas que constituían un daño grave para la salud y el medio ambiente en el 2002.

Sin embargo, el ingeniero González reconoce que todavía hace falta trabajo en el tema de la venta libre de ciertos insumos que son usados para el suicidio.

“Se está preparando una serie de medidas para limitar el acceso. Será solo el agricultor que va a utilizarlos quien podrá comprarlos”, dice el ingeniero.

Aunque no quiso precisar en detalle en qué consistirán las medidas, pues aún no están listas, sí detalló que definitivamente ya no se les venderán a menores.

Aunque no hay una fecha específica se espera que estas disposiciones estén listas antes de que el año termine para que entren en vigencia a inicios del 2004.



Suicidas famosos


Músicos, poetas, escritores y artistas famosos, todos ellos se quitaron la vida, movidos por profundas depresiones y problemas, lo que deja en evidencia que esto le puede ocurrir a cualquier ser humano.


Judas iscariote
Traiciona a Jesús al darle un beso y entregarlo a los fariseos para que sea crucificado; es acusado de traidor y escapa. Desesperado por lo que hizo se quita la cuerda que ciñe su cintura, la amara a un olivo y se cuelga de este para ahorcarse. Este es el único suicidio que se relata en el Nuevo Testamento y prácticamente en toda la Biblia.


Vincent Van Gogh

Uno de los más famosos pintores expresionistas nacido en Holanda en 1853, tuvo una vida marcada por angustias y neurosis que terminó en locura. Dos años después de arrancarse una oreja se disparó un tiro en el pecho en 1890.


Morena Celarié
Bailarina salvadoreña se cree que se suicidó lanzándose al abismo en la Puerta del Diablo en San Salvador, luego de estar sumida en profundas depresiones. Sin embargo, también se sospecha que podría haber sido asesinada. Su caso nunca ha sido esclarecido.


Ernest Hemingway

Escritor y novelista estadounidense nacido en 1899, autor de “El viejo y el mar”, trabajó también como periodista y cubrió la Guerra Civil Española. Fue premio Pulitzer en 1953 y Premio Nobel de Literatura en 1954. Pese a sus éxitos sufría profundas depresiones y en 1961 cuando contaba con 62 años se disparó con una escopeta en la boca.


Marylin Monroe

Su verdadero nombre es Norma Jean Baker, actriz estadounidense que alcanzó gran fama por los años 50. Todavía está en tela de juicio si fue asesinada o si se suicidó por una sobredosis de somníferos en julio de 1962.

Qué dicen los jóvenes

“Yo creo que los jóvenes que piensan en el suicidio están desesperados. Quizás necesitan ayuda sicológica, quizás los padres algunas veces no les ponen atención, no les brindan el apoyo que necesitan, a veces por la novia se suicidan o por los estudios, porque van mal. Yo nunca he conocido ningún caso cercano... Y nunca lo he pensado tampoco, gracias a Dios”.
Sauct Flores,
16 años, estudiante

“Yo pienso que sería un error suicidarse porque Dios nos da la vida para que la cuidemos. Para Dios es una cosa mala quitarse la vida, algunos lo hacen porque tienen problemas en la casa, tienen problemas con sus padres y ellos les pegan, o muchachas que las han violado y se sienten tan mal que deciden matarse, pero en vez de eso deberían hablar con alguien, buscar ayuda...”.

Guadalupe de los Ángeles Canales,
15 años

“Yo pienso que los que se quitan la vida están mal, porque es Dios quien nos da la vida y nuestra responsabilidad es respetarnos a nosotros mismos. Los jóvenes tenemos muchas cosas por delante para vivir. Muchos lo hacen por decepciones, cuando pierden el novio o se pelean con sus papás o porque se sienten solos. Pero eso está mal. Es mejor buscar amigos o alguien con quien hablar”.
Xiomara Yamileth Cruz,
15 años

“Las personas que hacen eso tienen que tener mal la cabeza y el corazón. Yo nunca he conocido ningún caso, pero creo que los que lo hacen quizás tienen muchos problemas familiares o de dinero. Yo no creo que no sea una salida, así no se solucionan los problemas. Alguien que estuviera pensando en eso debería mejor buscar ayuda hay muchas instituciones que les puedan ayudar”.

José Alexander Acosta,
17 años

¿Lo condena la iglesia?

“Solo Dios es quien quita la vida”

“Lo que la Biblia dice y que está claro en el decálogo que el Señor dio a Moisés para que lo entregara al pueblo de Israel es no matarás y cuando se mencionó eso, no solo se refería el homicidio. Es aplicable también al suicidio.
“Desde el punto de vista cristiano, todo pecado tiene su consecuencia. Si alguien no se ha arrepentido de cualquier pecado, no puede alcanzar perdón...
“Si alguien se suicida y no tiene tiempo para confesarse y no es cristiano no tiene salvación...”.

Gerardo Campos,
pastor iglesia Elim

 

“La vida es un don de Dios”

“La vida es de Dios, nadie tiene derecho a quitársela. Es un regalo que debemos cuidar, como lo llama la Biblia en la parábola del evangelio; es un tesoro que se nos da para multiplicar, para que al final demos buenas cuentas de este tesoro que se nos dio...
Dios quiere perdonar, Dios quiere salvar a aquellos que intentan suicidarse, Dios no quiere que nadie se condene, pero se condena el que quiere, el que rechaza el perdón y el amor de Dios, el que no lo acepta en su vida, el que no se arrepiente al momento de la agonía...”.

Roberto Urrutia, padre
Iglesia San Francisco


Dónde buscar ayuda

Club 700
Quince consejeros se mantienen tras líneas telefónicas abiertas para escuchar a todos aquellos que se sientan deprimidos o sin esperanza y para quienes estén considerando el suicidio. Los teléfonos son 226-7244 (en San Salvador) las 24 horas del día, y 441-1777 (en Santa Ana) de 8:00 a 5:00 p.m.

FUNDASALVA
Posee consejeros dispuestos a ayudar a personas que tienen problemas específicos de drogadicción y que estén pensando en el suicidio. Teléfono 298-2233.

Perímetro Juvenil
Programa radial de Radio Restauración, 540 A.M. y 98.1 F.M. (San Salvador y Santa Ana) y 1450 A.M. (San Miguel) se transmite los días sábados a las 11:00 a.m. y 8:30 p.m. y domingos a las 8:30 a.m. Mantiene una línea telefónica abierta con secciones de preguntas y respuestas y otros espacios en los que se habla de temas que afectan a la juventud. También se reciben cartas al apartado postal 2854 y correos electrónicos a perimetrorr@vianet.com.sv. Teléfono 294-9596.

FUNDASIDA
Aunque no trata específicamente el tema de suicidio, sí apoya a quienes tienen el virus, ayudándoles a enfrentar la vida con más valentía y descartar la idea de atentar contra sí mismos. Teléfono 225-1227.

Problema mundial

En la actualidad, un millón de personas ponen fin a su vida todos los años, lo que equivale a una muerte cada cuarenta segundos (www.watchtower.org).

Según el Instituto Estadounidense de Salud Mental, 18 jóvenes por día se suicidan en los Estados Unidos; cada ochenta minutos, un joven toma la decisión de suicidarse; más de cien jóvenes por semana se quitan la vida. En el transcurso de un año, el total llega a la suma de 6500 vidas perdidas.

* En Estados Unidos, el suicidio es la segunda causa de muerte más frecuente para los jóvenes de entre 15 y 24 años, y la sexta causa de muerte para los de entre cinco y 14 años.

* La Organización Panamericana de la Salud estima que cada año hay 55.000 suicidios en las Américas.

* Según el informe “Salud y Desarrollo de Adolescentes y Jóvenes en Latinoamérica y el Caribe para la Próxima Década”, publicado este año por la OPS, Canadá, Cuba, Estados Unidos, Trinidad y Tobago, El Salvador, Uruguay y Venezuela tienen tasas de suicidio en varones de 15 a 24 años de edad que superan los 10 por 100,000 habitantes.

* Según el mismo informe, en una encuesta de adolescentes escolarizados de nueve países del Caribe se evidenció que 12% de los encuestados había intentado suicidarse y que el 50% había tenido síntomas de depresión.


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Si conoce a alguien que esté pensando en el suicidio, tiene hijos adolescentes o simplemente
le interesa el tema, le presentamos tres interesantes opciones de lectura para que conozca más.

Suicidio,
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sufren porque quieren suicidarse
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Suicidio, ¿cómo saber cuando
su adolescente está en peligro?
T. Mitchell Anthony
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El autor analiza el suicidio desde el punto de vista histórico y bíblico, presenta estadísticas y expone las causas más frecuentes que conducen al mismo. Analiza también las señales de alerta y da consejos útiles como prevenir un suicidio. Al final de sus páginas también se puede echar mano de un prueba que ayuda a detectar a un posible suicida.

Con una historia sacada de la vida real, los autores ofrecen principios bíblicos e instrucciones prácticas sobre que se puede hacer cuando se conoce a alguien que está pensando en el suicidio. Es una guía sencilla en la que se enseña a tener a la mano respuestas claras para alguien que está pensando que no vale la pena vivir.

Un libro que toda persona que tiene hijos adolescentes debería leer, ya que el suicidio puede ocurrir en cualquier hogar, aun en aquellos donde se piensa que sería imposible que pasara. Enseña a reconocer las señales de advertencia de que algo en el adolescente no anda bien. Es un libro que permite descubrir a tiempo las señales que pueden salvarle la vida...”, dice el autor.



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