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Edición:
16 de noveimbre de 2003

Es
paciente del Hospital San Rafael, intentó suicidarse
porque dice que el dolor
que siente la atormenta. Y ella no es la única, ese
hospital ya lleva registrados
173 intentos de suicidio sólo en este año. Veintitrés
se consumaron.
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El
grupo de 15 a 24 años es el que comete el mayor
número de suicidios en El Salvador (39.5%).
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El
suicidio es la segunda causa de muerte en los adolescentes
a nivel mundial. La primera son los accidentes.
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Cuatro
de cada cinco que intentan suicidarse son mujeres, según
el Ministerio de Salud.
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Ella
es, dice la doctora Alfonsina Chicas, al señalar
a la paciente que estuvo a punto de morir por una sobredosis
de analgésicos y antibióticos.
Animada se acerca a la joven, le sonríe y le toca el
hombro: Soy tu doctora y quiero saber cómo te
sientes.
La muchacha sonríe con desgano y mientras se aprieta
el abdomen alcanza a responder: Me duele el estómago.
Pienso que quizá es producto del lavado gástrico
que le hicieron.
Es delgada, morena y bonita; tiene el cabello muy corto y
parece una niña, por lo que me apresuro a preguntarle:
¿Cuántos años tienes?.
Veinte, me responde. Tiene una voz tan suave que hay
que inclinarse a la cama para escucharla.
Luego, al explicarle que soy periodista y que quiero
entrevistarla, ella accede y escoge un nombre ficticio: Rosario;
no quiere usar el verdadero.
Originaria de Ahuachapán vive desde hace tres años
en Santa Tecla, donde trabaja como empleada doméstica
ganando 1000 colones al mes.
Mira a la doctora y repite: Me duele el estómago.
Y cómo que no, si te tomaste un montón
de pastillas, comenta la médica ¿Y
qué te pasó, pues?, le dice, tratando
de ganar su confianza.
Esta vez la paciente ya no sonríe. Yo sólo
quería dejar de sentir este dolor, responde,
y cierra los ojos.
Y por eso tomaste tantas pastillas. ¿Creías
que todas esas te lo iban a quitar o querías matarte?,
le cuestiona la doctora.
Solo quería dejar de sentirme tan mal... Por
eso iba a todas partes pidiendo más pastillas y no
lograba que se me quitara esta desesperación,
explica y asoma la primera lágrima.
Pero ¿por qué sentías todo eso?,
me atrevo a preguntarle. ¿Por tu novio, verdad?,
se adelanta la doctora.
Y Rosario, un poco más calmada nos cuenta
como el novio terminó con ella y comenzó a cortejar
a su hermana y ella ya no pudo con el dolor de sentirse traicionada.
Al otro extremo del cuarto, una enfermera limpia la cama de
una anciana que nos mira con su rostro inexpresivo. Me preguntó
si podrá escuchar lo que hablamos.
Por eso hablo bajo y le pregunto a Rosario si
es la primera vez que intenta suicidarse. Hubo otra
vez que también quería morirme, dice.
Me cuenta de cómo hace tres años, cuando llegó
por primera vez a San Salvador, un hombre la violó.
¿Es por eso que querías matarte?,
la cuestiono.
Yo soñaba con casarme con un vestido blanco.
Nunca había tenido relaciones y hubiera querido tenerlas
con alguien que me quisiera, y no así, a la fuerza,
responde.
Yo ya no valgo nada. Ya así como estoy ningún
hombre va a quererme, añade.
La doctora, trata de animarla de nuevo, asegurándole
que tiene una vida por delante.
Puedes continuar estudiando. Ya hiciste el segundo año
de bachillerato, quizá hasta puedas ir a la universidad,
insisto.
Me cuenta que le gustaría haber sido profesora, pero
que no puede.
Desde hace tres años trabaja para ayudar a su mamá
y a sus cuatro hermanos menores .
Pues ve a la escuela nocturna, resuelve la doctora.
Ya no lo vas a intentar, ¿verdad? Hay muchas
cosas que puedes hacer, le digo. Ella no responde.
Piensa en tu mamá, en tus hermanos. ¿Qué
no hay nada que te haga detenerte?, le dice.
Lo único que quizá me detendría
es pensar que no voy a alcanzar la salvación, porque
dicen que Dios no perdona que uno se mate, refiere.
Pues agárrate de eso, pero no lo vuelvas a hacer,
le dice la doctora.
Rosario no dice nada. Nos despedimos, al día
siguiente será dada de alta y volverá a su trabajo
de empleada.
Nos vamos y ella se queda ahí. Al salir, la doctora
me dice molesta: ¿Cómo es posible que
el valor de una muchachita tenga que ver con un vestido blanco?.
Es esta sociedad y sus patrones, se responde sola
y yo me voy con una sensación de que no le dije lo
suficiente a Rosario y que a lo mejor muchas jóvenes
como ella tampoco escucharon lo suficiente para enfrentar
la vida.
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