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Edición:
15 de junio de 2003

Detrás de las pulcras habitaciones
de los hoteles están las mujeres que se encargan de
la cuidadosa limpieza, el impecable orden y el esmero por
la higiene.
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Eva
Isabel Argueta Guzmán en el momento de limpiar
una de las habitaciones del octavo piso del Hotel Princess,
en San Salvador.
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Para algunas
personas, limpiar y arreglar su habitación todos los
días es algo fastidioso, pero para otras no. Sin embargo,
¿qué les parecería arreglar las camas,
limpiar los baños y asear un promedio de 432 habitaciones
cada mes?
Eso mismo es lo que hacen las camareras de un hotel de cinco
estrellas, aunque claro está que la cantidad de habitaciones
a limpiar variará de la cantidad de cuartos que tiene
el hotel, de las personas encargadas de la limpieza y de la
cantidad de huéspedes.
No obstante, en uno de los hoteles de la capital, el Princess,
ubicado en la colonia San Benito, generalmente cada día
le asignan a las camareras que ahí trabajan un promedio
de 18 habitaciones, las que deben limpiar y ordenar en un
tiempo controlado de 25 minutos, lo que en total da un aproximado
de siete horas y media de limpieza continua.
Este hotel tiene trabajando como camareras a diez mujeres,
quienes cada día hacen un ritual monótono de
cambiar las sábanas, los cubrecamas, las fundas de
las almohadas, hacer la cama, limpiar la alfombra, las ventanas,
los muebles de madera, restregar la tina, las paredes del
baño, asear los inodoros, barrer y pelear contra la
suciedad para complacer a los huéspedes amantes del
orden y de la limpieza.
En la mañana o en la tarde a ellas se les ve empujando
un carro de plástico diseñado para cargar la
aspiradora, las toallas y las sábanas limpias, papel
higiénico, jabones, champú, líquidos
limpiadores, toallas faciales, botellas con agua potable,
escoba, trapeador y bolsas para la basura, artículos
utilizados en cada habitación para dejarla limpia y
agradable para el visitante.
Una de estas camareras es Eva Isabel Argueta Guzmán,
quien tiene 24 años de edad y tres años de asear
las habitaciones del Hotel Princess.
Si tomamos en cuenta que las camareras asean un promedio de
18 habitaciones diarias, Eva ha limpiado hasta ahora, aproximadamente
14,742 habitaciones; en este cálculo se ha tomado en
cuenta el día de descanso semanal y los quince días
de vacaciones que Eva goza cada año.
No obstante, para comprender mejor el trabajo de esta mujer
de ojos claros, trato agradable y una rebosante energía,
dejaremos que ella misma cuente su historia.
Es un poquito difícil
Vivo
en Ilopango con mi papá y dos hermanas, no tengo hijos,
soy soltera. No terminé de estudiar el bachillerato
porque tuve que comenzar a trabajar cuando mi mamá
murió. Sólo estudié hasta el segundo
año de bachillerato.
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Hacer
las camas es una de las tareas más dificiles,
porque a veces arreglan más de 18 en un día.
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Antes
trabajaba en Facela; trabajaba por temporada. Con una amiga
vine al hotel a pedir una solicitud, yo andaba buscando cualquier
trabajo, vine a probar suerte. Me dijeron que había
plaza para lavandería, cocina, banquete y camarera,
pero cuando me entrevistaron me dijeron que solo había
para camarera; yo nunca había trabajado en esto.
Me enseñaron durante dos meses a arreglar las habitaciones.
Lo de la cama es difícil; también aprender dónde
va cada cosa en el baño, porque cada cosa tiene su
lugar.
Cuando comenzamos nos enseñan los pasos a seguir para
ordenar una habitación. Son catorce pasos. Lo primero
que se hace es abrir la ventana, luego sacar la ropa de cama,
la del baño, la basura, después se hace la cama
con sábanas limpias, se sacude, se colocan las bolsas
de lavandería, libretas, lapiceros, se usa la aspiradora,
se pone (desodorante) ambiental, se deja en remojo el inodoro,
se lava la tina, la pared del baño, el cromado y el
mármol, además de colocar el jabón y
otros artículos de baño.
Es un poquito difícil, porque siempre hay cosas nuevas
que aprender. Pero a mí me gusta porque conozco a bastante
gente de diferentes países, de diferentes culturas.
Al principio me dijeron que era difícil porque los
huéspedes tienen cosas de valor, y a veces ellos cuando
se van las dejan olvidadas en las sábanas, pero aquí
se lleva un control de objetos olvidados, se bajan con el
número de la habitación y el nombre de la camarera
que lo encontró.
Lo que menos me gusta es hacer la cama, es complicado y duele
la espalda. También es incómodo arreglar la
habitación con el huésped adentro, por lo general
los sábados o los domingos, porque el huésped
no quiere que se haga bulla, pero siempre se tiene que hacer.
Hay unos huéspedes que molestan hasta por el agua...
hay algunos que piden la cortesía, eso es ponerles
el agua, llevarles hielo, chocolate y recoger el cubrecama
para que se puedan meter en la cama.
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Los
carros que empujan las camareras por los pasillos del
hotel son pesados, por lo que requiere algo de esfuerzo
físico.
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A mí
ya me han propuesto que les dé masaje, pero yo les
digo que para eso en el hotel hay un lugar para que pueden
ir a recibir los masajes.
Hay huéspedes que son ordenados, pero hay otros que
no, y algunos se molestan cuando ellos llegan a la habitación
y todavía no está limpia.
Hay algunos que dejan propina, a veces dejan veinticinco centavos
de dólar, otros dejan un dólar, y hay quienes
dejan cinco o diez dólares.
El horario de trabajo es de siete de la mañana a dos
de la tarde de lunes a jueves, los viernes es de siete de
la mañana a tres de la tarde y los sábados de
8:00 a.m. a 4:00 p.m.; el domingo es descanso. El turno de
noche es de tres de la tarde a diez u once de la noche. Aunque
en la noche es menos pesado, a mí me gusta de día,
porque en la noche tengo que caminar en lo oscuro cuando me
dejan cerca de la casa, y es muy peligroso.
El trabajo no se ve pesado, pero al limpiar y arreglar 18
habitaciones todos los días se termina con la espalda
dolida. Cuando llego a la casa se sienten todos los dolores,
de espalda, de cabeza y de huesos.
Mi recomendación para las novatas es que agarren rapidez
para limpiar y ordenar las habitaciones. Cuando yo comencé
limpiaba 10 ó 12 habitaciones, me iba hasta las seis
de la tarde; cuando uno es nuevo moja casi todo el baño
y hay que secar todo después, menciona Eva, quien
asegura estar satisfecha con un trabajo en el que ella es
la guardiana del orden y de la pulcritud.
El
trabajo de camarera puede ser el trampolín para hacer
carrera dentro del fascinante mundo de los hoteles.
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En
el Hotel Princess las empleadas pagan por el desayuno
¢0.75, mientras que por el almuerzo y la
cena pagan ¢1.75.
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Escuela
de camareras
Aunque
por lo general las camareras aprenden el oficio hasta
que comienzan a trabajar en un hotel, existe un lugar
donde se pueden capacitar: el Centro de Formación
Profesional Ágape, ubicado en Sonsonate.
Ahí hay treinta jóvenes entre los 18 y
25 años que se están capacitando en el
Programa de Aprendizaje de Camarista, como parte del
área de turismo que incluye también la
enseñanza en el servicio de mesa y servicio de
bar, asegura el licenciado Óscar García,
director del centro de formación.
Este programa de camaristas, que dura siete meses, inició
el pasado mayo, preparando a la gente con información
básica sobre el servicio al cliente, la realización
de limpieza en dormitorios, desarrollo humano, inglés
e informática, además de las prácticas
en centros laborales, como los hoteles Radisson Plaza
y Posada del Rey, en San Salvador; Manantial y Ágape,
en Sononate, así como las Cabañas de Apaneca,
por mencionar algunos.
Esta preparación que están recibiendo
es gratuita, como parte del apoyo del Instituto Salvadoreño
de Formación Profesional (INSAFORP). La importancia
de preparar personas en la ocupación de camareros
es porque se visualiza que el país crecerá
más en el turismo, es un área que generará
fuentes de empleo, y si los jóvenes se preparan
ahora tendrán mejores oportunidades de empleo,
asegura el licenciado García.
Por el momento, los hoteles de mayor cobertura en el
país emplean un promedio entre ocho y dieciocho
camareras, quienes devengan un salario mayor del mínimo
establecido por la ley. Algunos hoteles consultados
pagan un promedio de 1,500 colones mensuales o más,
dependiendo de la experiencia laboral.
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