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Edición:  15 de junio de 2003

Los pueblos de Mesoamérica se caracterizaron por tener el juego de pelota cuyas reglas variaban según la época y el lugar. Las investigaciones parecen no tener fin.

Daysi Carolina Amaya
Fotos CIhuatán: Julio César Avilés
Cortesía FUNDAR

El investigador salvadoreño Antonio Sol desenterró en 1929 una estructura que resultó ser un juego de pelota prehispánico, en el sector norte de Cihuatán.

El juego de pelota de las culturas mesoamericanas es un tema del que se ha escrito mucho y de igual manera se ha mal interpretado.

Por ejemplo, se ha dicho que el movimiento de la pelota era una metáfora del movimiento del sol y que la cancha era la entrada a un inframundo.

Para el arqueólogo Paul Amaroli, de la Fundación Nacional de Arqueología (FUNDAR), las especulaciones se dan porque los interesados no se basan en fuentes primarias al momento de investigar.

En el caso de los aztecas es una ventaja que los cronistas hayan documentado cómo era el juego de pelota. Los mayas también mencionan el juego en el Popol Vuh.

En Mesoamérica se han encontrado unas 1500 canchas y en El Salvador 20, indica el arqueólogo. También las hay en Nuevo México y Arizona, en Estados Unidos.

La cancha más antigua se encuentra en Chiapas, México, y tiene 3500 años.
Las reglas del juego fueron diferentes y el diseño de la cancha varió, según la región y la época. El número de jugadores que participaban también era diferente: podrían ser dos o cuatro.

Usaban protectores sobre el pecho y la cintura, entre otras partes del cuerpo, ya sea de cuero o de madera.
Los arqueólogos han encontrado yugos, instrumentos de piedra en forma de “U” que se cree que se ponían en la cintura y que ayudaban a que la pelota rebotara mejor.

Algunos investigadores opinan que los yugos eran trofeos o insignias que mostraban en los juegos.
Amarraban a los yugos objetos que se conocían como hachas, los cuales pudieron haber sido de un material más liviano. Eran en forma de venados, cusucos o de dioses.

El experto asegura que para los conquistadores españoles la pelota era una cosa maravillosa, porque estaba hecha de hule y al dejarla caer rebotaba a gran altura.

En el juego de pelota participaban personas importantes como nobles y reyes. También hacían apuestas.

Los aztecas no podían tocarla con la mano, lo que hace pensar que se necesitaba mucha destreza. Era tan pesada que podía quebrarle la costilla a algún jugador.

Amaroli señala que en el caso de los aztecas, el juego de pelota se menciona como una actividad deportiva.
En los equipos había jugadores muy famosos, incluso reyes. Después de la conquista, los evangelizadores trataron de eliminar el juego porque había muchas apuestas, pero la práctica logró sobrevivir tiempo después.

Había unos marcadores en forma de anillo y si pasaba por el centro la pelota era un gane instantáneo. El premio consistía en recibir joyas y vestidos finos de los espectadores.

En Copán, Honduras, los marcadores eran originalmente en forma de disco y después los reemplazaron con cabezas de guaras o serpientes.

Explica Amaroli que la idea de que el jugador que ganaba o perdía era sacrificado proviene de dos sitios arqueológicos de México: El Tajín y Chichén Itzá.

En El Tajín hallaron unos relieves de un jugador que aparentemente sacrifica a otro. Así también en la civilización maya, en Chichén Itzá, se encontró una escena en la que un jugador sostiene la cabeza de otro jugador.

“Es imposible saber quién ganó o quién perdió”, dice el arqueólogo, para quien podría tratarse de una representación mitológica.

Entre los aztecas dice que no se mencionan sacrificios de jugadores ni tampoco recuerda si se han hallado restos humanos en las canchas de pelota que evidencien que se hacían esos ritos. Sin embargo, hay mención de mitología de decapitación humana en el Popol Vuh, agrega.

Amaroli concluye que el juego de pelota sí tenía un aspecto religioso, pero que éste se ha sobredimensionado.

Más cerca de casa

Los aztecas no podían tocar la pelota con las manos, que era tan pesada que podía lastimar a los jugadores.

En el Parque Arqueológico Cihuatán, en el municipio de Aguilares, al norte del departamento de San Salvador, hay dos campos de pelota prehispánicos.

Uno de ellos está completo, mientras que el otro no se terminó de construir por razones desconocidas. No se sabe cómo era el juego de pelota en este sitio.

Según el arqueólogo Amaroli, los indígenas escogieron Cihuatán por el año 900 ó 1000 d.C. para hacer una ciudad, una de las primeras jamás hechas en el territorio nacional.

Consta de dos centros ceremoniales, uno hacia el oriente y el otro hacia el poniente.
El centro ceremonial poniente —abierto al público— tiene una pirámide principal, una plaza, varios templos, murallas, un edificio que tal vez servía como palacio y los dos juegos de pelota.

Los investigadores suponen que los habitantes eran antepasados de los pipiles, quienes emigraron del centro de México en esa fecha.

Es también una incógnita la razón por la que la ciudad la incendiaron sólo un siglo después de haber sido fundada. Para cuando se dio la conquista, el sitio ya estaba abandonado.

La cancha norte de Cihuatán es del período Postclásico Temprano, y es la que ha sido desenterrada en su totalidad.
Es una superficie en forma de “I”, con dos muros terraplenes paralelos. Afuera de la estructura tiene gradas, probablemente para el acceso de espectadores.

En Cihuatán no se han encontrado marcadores tallados en piedra y colocados sobre el talud en el área de juego, que es de piso empedrado. Los marcadores servían para anotar puntos. Según Amaroli, podría ser que fueron de madera, pintados o que no los utilizaban.

Tiene un temazcal (baño sauna), que se cree que lo utilizaban para fines terapéuticos o para curar las heridas de los jugadores. También hay un cuarto vacío a su lado opuesto. Esta estructura se conoce como Templo de los Ídolos, porque se encontraron 20 esculturas de cerámica de felinos.

Al poniente del parque se encuentra el otro juego de pelota a medio terminar. Los arqueólogos opinan que quedó así después del evento que hizo que los habitantes abandonaran repentinamente el sitio.

Relieves encontrados en México
muestran a los jugadores.

El segundo juego de pelota que se localiza
al poniente de Cihuatán no ha sido
restaurado. Su construcción quedó incompleta.




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