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Edición:
14 de diciembre de 2003


Campesinos guatemaltecos
acusan al gobierno de Álvaro Portillo de
incumplir reparto de tierras.
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Miles
de indígenas y campesinos marcharon en ciudad
de Guatemala el 26 de noviembre en demanda de tierras.
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Campesinos
e indígenas de Guatemala se movilizan en reclamo de
tierras, un bien inalcanzable en este país donde el
uno por ciento de la población concentra 86 por ciento
de la mejor superficie cultivable.
El tema de la tierra sigue siendo una bomba de tiempo,
dijo a Tierramérica el dirigente Daniel Pascual, de
la Coordinadora Nacional de Organizaciones Campesinas (CNOC).
La organización llevó a cabo este año
más de una docena de manifestaciones en la capital
y en el interior del país, sostuvo.
Noventa y seis por ciento de los 11,2 millones de habitantes
posee apenas 14 por ciento de las tierras y más de
500 mil familias campesinas están por debajo de la
línea de subsistencia por la falta de predios para
cultivar, según cifras oficiales.
El gobierno estima que unos seis millones de agricultores
requieren tierras, créditos, asistencia técnica
y acceso a mercados. Pero no ha puesto en marcha una política
agraria.
El
balance es que no hay gobierno con voluntad política
para resolver nuestras necesidades. Juegan una política
de lo que supuestamente quiere el pueblo, dan fertilizantes
y otros insumos más baratos, pero solo para ganar votos,
advirtió Pascual.
Según cifras de CNOC, el estatal Fondo de Tierras (Fontierras)
ha entregado 162 fincas desde 1997, lo que no representa
ni cinco por ciento de las más de cinco mil solicitudes
y expedientes en trámite, explicó.
El dirigente acusó al presidente Álvaro Portillo
de tener una doble agenda, porque a nosotros nos dice
que cumplirá los acuerdos de paz en el tema agrario,
pero en privado maneja otro discurso y al final no hace nada.
Pascual se refería a los 11 compromisos que en 1996
pusieron fin a 36 años de guerra civil, en especial
al Acuerdo de Desarrollo Económico y Agrario, que preveía
el reparto de tierras, sepultado en el olvido por las autoridades
y por la poderosa y ultraconservadora Cámara del Agro,
que reúne a terratenientes.
La salida es un poquito compleja porque se requiere
una cantidad enorme de recursos y una política integral
de desarrollo y cambio de leyes, dijo a Tierramérica
el ex presidente de la Cámara del Agro, Humberto Preti.
Uno de los problemas es que el campesino solo pone los
ojos en la tierra. Faltan polos de desarrollo, desarrollar
la agroindustria, minería y pesca, que saque la concentración
de la capital al interior, sugirió el aún
miembro de la cúpula agraria.
También acusó a Fontierras de comprar
fincas improductivas y carísimas, provocando que los
campesinos las abandonen.
El ministro de Agricultura y Ganadería Carlos Set adujo
a Tierramérica que todo es parte de un proceso
que lleva tiempo, y demandó participación
de empresarios y campesinos y apoyo financiero internacional
para hallar una salida.
Con esa participación integral, sobre todo de
los empresarios, se puede tener acceso a las tierras ociosas
como demandan los acuerdos de paz, a precios de costo y no
de mercado, porque los dueños los elevan hasta en 300
y 500 por ciento, sostuvo Set.
Pero la puesta en marcha de una nueva política agraria
sigue en lista de espera.
La lucha por la tierra fue una de las cuestiones centrales
del golpe de Estado que derrocó en 1954 al presidente
Jacobo Arbenz y de la guerra civil que se extendió
entre 1960 y 1996.
En 1952, millones de campesinos e indígenas guatemaltecos
vieron con esperanza la reforma emprendida por Arbenz.
Pero ésta fue eliminada de cuajo por el golpe de 1954,
organizado y financiado por la estadounidense Agencia Central
de Inteligencia (CIA).
En dos años, el decreto 900 benefició
a 100 mil familias. Era un proyecto integral porque en su
primera fase incluía la entrega de tierras, créditos,
asesoría técnica y vías de comunicación,
dijo a Tierramérica el sociólogo Miguel Sandoval,
dirigente de la Plataforma Agraria.
El decreto pretendía modernizar el campo y desarrollar
el capitalismo rural, y de concretarse hubiera cambiado
la historia del país, aseguró Sandoval.
Lamentablemente, la revolución guatemalteca fue
considerada un mal ejemplo para sus vecinos centroamericanos
y una cabeza de playa del comunismo, agregó en
referencia a la intervención estadounidense en tiempos
de la guerra fría.
La contrarrevolución despojó de las tierras
a los campesinos beneficiados.
Este eterno problema de la tenencia de la tierra, que
durante mi gobierno no pude resolver, es uno de los orígenes
de la guerra de 36 años, ha afirmado el propio
Portillo.
Un informe de la Organización de las Naciones Unidas
sobre la situación agrícola del país,
divulgado en 2001, indicaba que 68,6 por ciento de la población
guatemalteca es rural, y de ella casi 80 por ciento es pobre
y 69 por ciento indigente.
La población indígena se asienta preferentemente
en áreas rurales, con escasas vías de comunicación
y servicios públicos. Estos habitantes no perciben
siquiera un ingreso mínimo de 3,8 dólares diarios,
según el Informe de Desarrollo Humano 2002, del Programa
de las Naciones Unidas para el Desarrollo, publicado en octubre.
EL AUTOR ES COLABORACIÓN DE
TIERRAMÉRICA
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