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Edición:
14 de diciembre de 2003

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Cincuenta
años de mirar por el ojo de una cámara
de cine cumplió José David Calderón
la semana anterior.
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José
David Calderón cumple cincuenta años de mirar
la realidad por medio del ojo de una cámara de cine.
Se dice fácil, pero una dilatada carrera de creador
de cine en un país como El Salvador es un hito en la
historia.
No había manera de saber que el aprendiz de locutor
que entró a trabajar en Radio Intercontinental en 1945
se convertiría en el responsable del primer largometraje
de ficción ciento por ciento nacional, y que aún
en nuestros días continúa trabajando en proyectos
de apoyo al séptimo arte.
¿Cine en El Salvador?
Los
referentes latinoamericanos se encuentran lejos de nuestras
latitudes, en México, Cuba, Brasil y Argentina. En
menor medida es posible recordar los encomiables esfuerzos
de Perú, Colombia, Chile y Ecuador.
Las dificultades técnicas, el enorme costo y la falta
de profesionales de la actuación han limitado los esfuerzos
nacionales en este campo.
Larga es la lista de logros de Calderón. Ha dirigido
documentales, como Izalco.
Una raza que se extingue en 1972. Algunos cortometrajes:
El río de oro en 1967; El hombre
de una sola mujer en 2001, etc. Es responsable además
de una incontable cantidad de anuncios para cine y televisión,
y más de 150 entregas del noticiero El suceso
en la pantalla en la década del 70 del siglo
pasado.
Su producción incluye dos largometrajes. El primero:
Pasaporte al mundial en 1969, fue un gran éxito
de taquilla.
Se trata de un documental que reseña el partido decisivo
frente a Haití, con el que se logra la clasificación
definitiva al mundial de México. Sin embargo, su mejor
obra es Los peces fuera del agua. Fue su mayor
éxito artístico y la herencia que ha entregado
para la historia del cine nacional.
Primera telenovela nacional
Fue pionero de la radio y la televisión. Baste recordar
que en 1959 dirigió y produjo Más allá
de la angustia, la primera telenovela salvadoreña,
que se transmitía en vivo. Los libretos de la historia
eran de Caridad Bravo Adams.
Por desgracia sólo ha sobrevivido material fotográfico
de este capítulo de su vida. Entre los integrantes
del elenco se encontraban Jorge Alberto Jiménez, Irma
Elena Fuentes y Loretta Sanclemente.
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Su
mayor éxito cinematográfico es Los
peces fuera del agua, que concluyó en 1971.
Es la herencia que ha entregado para la historia del
cine nacional.
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Fue
director de fotografía de la teleserie Isabel
Dada presenta
, en la que trabajaba su actriz fetiche
y protagonista de Los peces fuera del agua.
Acerca de este largometraje, concluido en 1971, Dada recuerda
su temor a no realizar un buen desempeño, ya que su
experiencia en el campo de la actuación provenía
del teatro. Las diferencias con el cine puede que no sean
obvias, pero no debe olvidarse que el teatro es más
propenso a la gesticulación, al patetismo.
El cine, por el contrario, se decanta por la naturalidad,
el hacernos creer que no existe esfuerzo alguno al momento
de actuar. Cualquiera que haya visto esta película
advertirá que Isabel Dada, junto con el director Calderón,
resolvió adecuadamente su adaptación al nuevo
entorno que se le ofrecía.
Cuenta Calderón en su libro De vista y oídas
que fue Gilda Lewin, la otra protagonista del largometraje,
que le propuso incorporar a Isabel Dada al elenco, luego de
que Irma Elena Fuentes renunciara al proyecto. El director
fue a verla mientras ensayaba con el grupo de teatro de Edmundo
Barbero, y quedó complacido. Fue tanta la confianza
que depositó en la actriz, que incluso cambió
el libreto de la película, a fin de aprovechar el enorme
potencial histriónico que en ella había descubierto.
Mucho puede comentarse del valor de este largometraje para
la historia del cine nacional. Desde un primer momento no
faltaron las críticas, relacionadas con aspectos técnicos
(como por ejemplo el hecho de que fuera rodada en blanco y
negro, o que apenas cuente con escenas en exteriores) y al
argumento. Se objetaba que la historia fuera confusa, y que
el ritmo de la película caiga hasta volverse tediosa.
Por otra parte hubo muchos que rescataron su esfuerzo, y el
agradable descubrimiento de una actriz como Isabel Dada.
El creador, no obstante, es el primero en reconocer las falencias
que acompañan a la cinta. ¿Dónde radica,
pues, su importancia? Indudablemente, fue un esfuerzo muy
valiente, a comienzos de la década del setenta, por
sentar un precedente para el trabajo artístico nacional.
Es el punto de partida, la referencia desde la que posteriores
esfuerzos deben ser medidos.
Calderón comprendió que esta película
le serviría como una gran experiencia al momento de
emprender caminos similares.
A finales de esa década, contando con una mejor organización
y mayores recursos, había avanzado bastante en la preparación
de un nuevo largometraje. Pensaba contratar a la actriz y
cantante mexicana Angélica María para que sirviera
como gancho de audiencia. Por desgracia, el golpe de Estado
de octubre de 1979, que derrocó al general Romero,
dio al traste con sus planes. Fue el comienzo de la época
más turbulenta de nuestra historia.
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Uno
de los obstáculos más difíciles de resolver
para la industria del cine de un país pequeño
radica en la distribución. De sobra es conocido que
el mercado nacional no sería suficiente para recuperar
los costos con la exhibición de una película
ni aun en el caso de que se convirtiera en un éxito
de taquilla. Por lo tanto, aun antes de filmar el primer metro
de celuloide es necesario solucionar este problema.
En los países donde existe una industria de cine establecida,
la recuperación de los costos y, por consiguiente,
la obtención de márgenes de ganancia se consigue
además por la exhibición de las películas
a través de la televisión, la venta de copias
en formatos de VHS y DVD, así como también la
comercialización de mercadería inspirada en
la historia. En Centroamérica quizá sería
posible la exhibición en las salas de los distintos
países toda vez que los proyectos que se emprendan
sean respaldados con buenos libretos y un trabajo profesional.
Falta apoyo
Se ha hablado mucho del apoyo del Estado para la realización
de películas. Es posible que una solución que
deje contentos a todos sería la de organizar un fondo,
proveniente de las entradas que el público paga por
ver las cintas extranjeras, para financiar esta actividad.
Ahora, no es posible obviar una alternativa surgida en estos
últimos años y que ha demostrado su viabilidad:
el vídeo. En efecto, es un género que requiere
menos inversión de materiales, además de ser
más fácil de manipular en el proceso de post-producción.
Ahora es posible realizar, por medio de una computadora y
cámaras de vídeo avanzadas, trabajos que treinta
años atrás hubieran requerido una inversión
mucho mayor. Películas como El proyecto de la
bruja de Blair han hecho que esta alternativa haya dejado
de ser un sueño.
José David Calderón ya ha producido un corto
en formato de vídeo: El hombre de una sola mujer.
Presentado hace dos años, tuvo buena recepción
entre el público. Es posible que los proyectos que
ahora impulsa encuentren en este medio la respuesta a la falta
crónica de recursos. No se vislumbra en el mediano
plazo algún grupo empresarial que se arriesgue a financiar
una producción salvadoreña, toda vez que un
trabajo de buena calidad requeriría una modesta
inversión de no menos de un millón de dólares.
La organización de la primera muestra de vídeo
en nuestro país, en junio pasado, ha colocado la atención
sobre este género tan dinámico.
Proyectos a futuro
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Hacer
cine en los comienzos de la década del 70 requirió
de un gran esfuerzo debido a las limitantes en cuanto
a equipos.
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El
señor Calderón es presidente de la Fundación
para el Cine Cultural Salvadoreño. Desde ahí
prepara nuevos proyectos, además de no haber abandonado
nunca el vicio por el cine.
Uno de sus esfuerzos más importantes lo constituye
la Muestra de Cine Latinoamericano, que desde hace algunos
años pone en contacto al público local con trabajos
nacionales y extranjeros que escapan a la línea de
Hollywood.
Ha recibido docenas de reconocimientos y homenajes. Es Caballero
de las Letras de Francia. El lunes anterior, el Cine Club
de la UCA y la Fundación Cultural Alkimia le rindieron
un homenaje por sus 50 años de trayectoria.
Se dice fácil, pero este medio siglo de lucha contra
molinos de viento ha marcado para siempre la historia de El
Salvador. Es seguro que, de darle a escoger, preferiría
olvidarse de loas y diplomas, eligiendo en cambio tener más
tiempo para ocupar la silla de director, desde donde pueda
interpretar el alma de nuestro país.
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