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Edición:
14 de diciembre de 2003

La
Fundación Sana mi corazón ha sido
una mano amiga para más de niños que
sufrían problemas cardíacos. Y para seguir auxiliándolos,
la fundación necesita
del apoyo de la población.
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Sofía
Yamilteh Navarro Serpas ahora tiene tres años.
Ella continúa con su control cardiológico.
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La
noticia de que su única hija moriría dentro
de un año fue fulminante para Zoila Marcela Serpas,
comerciante de cinchos de Ciudad Delgado, quien a veces sólo
alcanza a conseguir tres dólares en un día de
trabajo duro.
Su hija, Sofía Yamileth, había nacido en junio
de 2000 sin le notaran alguna anormalidad. Sin embargo, un
problema cardíaco aquejaba a la pequeña, una
dolencia que los médicos llaman estenosis valvular
pulmonar, que consiste en que la válvula pulmonar está
estrecha y dificulta el paso de la sangre.
Al pasar los días, Zoila comenzó a ver algo
sospechoso, ya que su hija pasaba sólo con gripe, calenturas
persistente y un latido del corazón demasiado acelerado.
Fue entonces que la llevó donde una pediatra, quien
le dijo que el problema de la pequeña era grave y que
las posibilidades de vida se reducían a sólo
un año, por lo que fue remitida al Hospital Nacional
de Niños Benjamín Bloom, donde el diagnóstico
fue el mismo, una situación complicada al tomar en
cuenta la difícil situación económica
de esta madre y lo dfícil que es a veces recibir atención
médica en un hospital público.
No obstante, la pequeña Sofía sobrevivió
más allá del año de vida que le pronosticaron,
aunque su salud se deterioraba cada día más,
hasta que en junio de este año todo cambió.
A más de 4 kilómetros de distancia de donde
vive Zoila, hacia el oriente, en Soyapango, está Leydi
Elena Portillo, otra madre que sufría al ver las dolencias
de su hijo, Franklyn Rodrigo, ahora de siete años,
quien padecía de coartación de la aorta, una
estrechez en la vena aorta que dificulta el paso libre de
la sangre de la parte superior del cuerpo a la inferior de
éste.
Desde que Franklyn nació en 1996, Leidy había
visto en él algo anormal: se veía muy cansado,
la respiración era demasiado agitada y el corazón
latía muy rápido. Leydi llevó al niño
con un pediatra y luego con un cardiólogo, quien le
recomendó que tenían que realizarle un ecocardiograma.
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| Franklyn
Rodrigo King Portillo tiene siete años. Es un muy
hiperactivo y su estado de salud es estable. |
En
el Hospital Bloom le dejaron la cita para realizar el examen
dentro de un año, a falta de dinero para hacerlo en
menos tiempo con un médico privado, que por cierto
se lo realizaría en el mismo hospital de niños,
no lo pudo hacer con prontitud y tuvo que esperar un año.
No obstante, por la falta de dinero, la dejadez y el temor
a una cirugía, la espera se alargó por seis
años más, hasta que en este año Franklyn
se enfermó de neumonía, problema que agravaría
más su frágil corazón, por lo que de
nuevo lo remitieron al hospital de niños, donde los
galenos le dijeron: Operamos al niño o morirá.
Dos casos entre mil
Aunque Sofía y Franklyn no se conocen, ambos tienen
algunas cosas en común: haber padecido de problemas
cardíacos congénitos, las dificultades económicas
de sus familias y haber recibido la ayuda de la Fundación
Sana mi corazón.
Los dos casos de estos chiquitines llegaron al conocimiento
de la fundación, donde decidieron ayudarlos, por lo
que fueron escogidos para recibir atención médica
con el programa de cateterismo cardíatico pediátrico.
Esto significa que una sonda (catéter) que se introduce
en una arteria ubicada en la ingle para llegar hasta el corazón,
y ahí corregir los problemas cardíacos, una
solución que evita la cirugía de corazón
abierto y que tiene la ventaja de ser menos riesgosa, con
menor tiempo de estancia hospitalaria, menos posibilidades
de adquirir una infección, es de menor costo y es muy
efectiva.
Es
así como Sofía fue operada los pasados meses
de mayo y junio, mientras que Franklyn fue intervenido a principios
de este diciembre, con resultados positivos para los dos.
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El
doctor Mauricio Velado (primer plano), en el laboratorio
de cateterismo en el Hospital de Diagnóstico.
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Los
casos de estos dos menores son apenas un ejemplo de lo que
miles de niños padecen en el país. Las estadísticas
médicas mundiales señalan que diez de cada mil
niños vivos tienen cardiopatía congénita,
y si en El Salvador nacen cada año 150,000 bebés,
eso significa que aproximadamente 1500 niños tienen
problemas cardíacos, señala el doctor Mauricio
Velado, quien es el primer especialista en cardiología
pediátrica en el país y quien realiza los tratamientos
de cateterismo a los pequeños.
Este galeno dice que desde mayo de 2003, que inició
el tratamiento con cateterismo, hasta noviembre han atendido
92 niños, con edades desde los dos meses de nacidos
hasta los 16 años.
El éxito de las operaciones se ven con Sofía
y Franklyn, quienes ahora juegan, corren y se divierten como
cualquier otro infante; ambos salieron caminando y con ganas
de jugar al día siguiente de la operación, y
los dos tienen un futuro más prometedor, mientras sus
madres sepultan las advertencias médicas de una muerte
cercana.
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Símbolo
de solidaridad
La Fundación Sana mi corazón
inició en el 2000. Esto debido a varios factores,
como que en el país nacen alrededor de 1,500
niños con alguna malformación congénita
del corazón, y en consecuencia, cerca de 750
requerirán una intervención quirúrgica
o por cateterismo.
Los niños que padecen lesiones severas, entre
75 y 225, morirán antes de cumplir su primer
año de no ser atendidos; aquellos con lesiones
menos severas podrán vivir varios años
con una mala calidad de vida.
Además tomaron en cuenta que en el 2000 las malformaciones
congénitas del corazón fueron la cuarta
causa de muerte en menores de un año en El Salvador.
El programa de cirugía cardiovascular del Hospital
Benjamín Bloom es prácticamente la única
opción disponible para tratar este tipo de padecimientos.
Lamentablemente las limitaciones de infraestructura,
equipos, insumos y recurso humano hacen insuficiente
la oferta de servicios frente a la demanda de la población.
Por eso es posible estimar que la lista de niños
pendientes de tratamiento se incrementa a razón
de unos 500 por año, muchos de los cuales no
lograrán sobrevivir la espera.
Por estos motivos, la asociación surgió
para beneficiar a los niños con ciertos problemas
cardíacos que pueden ser tratados con cateterismo,
señala doña Aileen de Quiñónez,
miembro de la junta directiva de la Fundación..
Los niños con problemas cardíacos son
seleccionados con el apoyo de la trabajadora social
del Hospital Bloom, luego son intervenidos Hospital
de Diagnóstico, donde cobran a la fundación
$300 por cada niño atendido, un precio cómodo
si se considera que el costo real es de $1,400 más
IVA, señala el doctor Rodrigo Brito, director
de ese nosocomio.
Es así como desde el 2000 han sido beneficiados
alrededor de 120 niños. Empero, la meta de la
fundación es construir su propio centro de cateterismo
cardiaco, un sueño que beneficiará a la
niñez salvadoreña.
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Colabora
con
Tilín Tilón
Este día continúa la segunda edición
de Tilín-tilón, la feria de los cipotes.
La actividad se realiza en la Feria Internacional. Niños
y adultos pagan $2, y tienen derecho a subirse a todas
las ruedas mecánicas y las veces que quieran.
El horario para asistir es de 10:00 a.m. a 9:00 p.m.
Esta es una actividad que ha organizado la Fundación
Sana mi corazón, para recaudar fondos
y seguir ayudando a más niños con problemas
cardíacos. Para contactar a la fundación
pueden llamar a los teléfonos 211-4673, 211-4674
y 211-4675.

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