Edición: 14 de diciembre de 2003

Cuando sus piernas fueron arrebatadas por el ferrocarril, en territorio mexicano,
sintió que el mundo se le cerraba. Ahora que ha recibido sus dos prótesis, las
esperanzas han renacido para él.

Texto y fotos:
Morena Rivera

Aún no ha dejado de llevar las muletas; más adelante se apoyará
de un bastón.

Dejó parte de sus piernas entre los rieles del tren cuando pasaba por México, en su camino a Estados Unidos. Nueve meses después comienza a dar los primeros pasos por los terrenos escabrosos de su cantón con las prótesis que le fueron donadas por Ortesis y Prótesis de El Salvador (O y P).

El 13 de julio de 2003 se publicó en la revista Hablemos la historia de Humberto Escobar, de 20 años, quien se enfrentó al hambre, a los robos, a las noches entre la selva y cuando trataba de asirse de los hierros del ferrocarril también a una caída, con el único afán de sacar de la pobreza a su familia.

Pero el desenlace fue inimaginable. Regresó a su vivienda, ubicada en el cantón El Jicaral, en San Lorenzo, Ahuachapán, sin poder caminar y con los inmensos deseos de superar esa parte de su vida.

“Quisiera conseguirme unas prótesis y un trabajo para valerme por mí mismo”, manifestó en ese momento, mientras se daba unas palmaditas en los muñones que aún no le habían sanado por completo. Entonces todavía se tocaba para tratar de sentir sus piernas que habían quedado en México.

Ahora no sólo ha dejado de sentir que sus piernas siguen adheridas a su cuerpo, pues le han ayudado las terapias que recibe en la Unidad de Salud de Atiquizaya, Ahuachapán, sino que está aprendiendo a caminar con las prótesis que él tanto deseó.

Son dos tipos de prótesis, una baja rodilla modular y una sobre rodilla convencional.

Luego de que se diera a conocer su tragedia, el representante de O y P, Ignacio Argueta, se acercó a su hogar para tomarle las medidas porque iban a donarle las prótesis. “Fue un día jueves; yo estaba solito. Me sentí tan alegre”, remomora Humberto.

El 7 de octubre tuvo ante sus ojos la primera prótesis, mientras que la segunda se la llevaron el 6 de noviembre. A partir de allí ha tenido que hacer siete viajes hacia las instalaciones de la O y P, en la capital, para que le hagan los ajustes a las prótesis.

Para eso deben salir a las tres de la madrugada subidos en un camión que transporta el loroco que se cultiva en la zona. “Es difícil trasladarnos hasta acá, pero hay que hacerle frente porque hay necesidad de que él vuelva a dar sus pasos”, comenta el padre de Humberto.

En uno de esos viajes se les ve cansados y desvelados. Pero ese precio no se compara con la felicidad que siente Humberto ahora que ha dejado su silla de ruedas y se moviliza con más libertad por las veredas de su comunidad.

“Es un descanso porque voy a poder moverme por mí mismo”, dice el joven. La mitad de sus deseos están más que cumplidos. Encontrar un trabajo que le permita sostenerse y ayudar a su familia, su padre y una hermana, es la otra parte de sus ilusiones.

Antes de emprender el viaje, Humberto trabajaba en la agricultura.
Donaciones a migrantes
O y P es una empresa privada fundada a inicios de 1998. Cuenta con un laboratorio de ortesis y prótesis y brinda servicios a hospitales nacionales y privados, instituciones autónomas y del gobierno central.

Hasta el momento ha donado cuatro prótesis a tres migrantes salvadoreños que vieron frustrado su “sueño americano”, luego de que cayeran al intentar abordar el tren en territorio mexicano. Entre ellas dos a Humberto Escobar, de San Lorenzo, Ahuachapán, una a Omar Aurelio Rodríguez, de Cuscatancingo, en San Salvador, y una a Carlos Amaya Matas, de Tecapán, en Usulután.

También brindan sus servicios a empresas como el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISS) y el Fondo de Protección de Lisiados y Discapacitados a Consecuencia del Conflicto Armado.

Atienden a pacientes que requieran ortesis AFOs (tobillo-pie), KAFOs (tobillo-pie-rodilla), plantillas ortopédicas, corsés y prótesis de miembros inferiores arriba y bajo rodilla.




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