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Edición:
13 de julio de 2003

Puerta de Salvación para
la Mujer Alcohólica y Drogadicta es una asociación
que recibe a mujeres adolescentes, jóvenes y adultas
para rehabiliitarlas de la adicción.
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La
unión entre las internas jóvenes y las
mayores, y el apoyo que les brindan las que ya han sido
rehabilitadas les permite sobrellevar la adicción
al alcohol y a las drogas.
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Carolina
decidió ocultar su nombre verdadero por razones de
privacidad. Pero narró el calvario de su vida cuando
estuvo atrapada por el vicio, del cual ya salió, aunque
sigue en la lucha diaria por no recaer, mientras ayuda a otras
mujeres para sacarlas de los mismos problemas. Esta es su
historia.
Tengo 43 años, soy comerciante en pequeño
en la rama de alimentos, vivo en la zona de la Zacamil, en
Mejicanos, tengo tres hijos: el mayor tiene 14 años,
el segundo 12 y la menor, nueve años.
Mi problema ha sido el alcoholismo. Empecé a beber
a los 18 años, cuando acompañaba a mi esposo
a fiestas y otras actividades sociales del trabajo de él.
Comencé con la cerveza; al inicio eran dos o tres,
o un pequeño trago de vodka.
En las actividades sociales, para hablar con alguien tenía
que
tomarme unos tres tragos.
Luego los fines de semana salíamos a la playa, y bebía
cada vez un poco más. Mi esposo también bebía,
pero controlaba mejor la situación. Al principio sólo
era los días sábados, y los domingos despertábamos
con la resaca, y para quitárnosla por eso seguíamos
tomando. Pero después seguía bebiendo los días
lunes, y luego el martes, y comencé a beber durante
15 a 18 días seguidos, ; ya era una obsesión
seguir bebiendo.
Mis hijos sufrían, no les daba comida, los desatendía,
me quedaba dormida en la cama o en el suelo. De la borrachera
una vez me quedé dormida afuera de una iglesia cristiana
y otra vez en la cantina.
En un periodo de 15 años yo pasé del trago en
eventos sociales a los tragos de cantina. Mis hijos me decían
que dejara de beber, que les daba pena que yo saliera, que
les daba vergüenza que me vieran sus amigos, porque uno
ni se baña ni se cambia de ropa.
Aun con lo que me decían yo no podía salirme
del vicio, incluso me mandaron al hospital psiquiátrico
del Seguro Social; ahí me daban tratamiento, tenía
sesiones cada ocho días, dejaba de beber... pero recaía.
Del mismo Seguro Social me aconsejaron que buscara a los Alcohólicos
Anónimos, pero no los busqué, porque no tenía
el deseo de recuperarme. Hasta una vez que una sobrina me
llevó, y estando ahí dejé la bebida durante
ocho meses, y volví a recaer.
Pero un día tomé la decisión de cambiar,
porque quería dejar el sufrimiento que me causaba el
alcohol: los vómitos, los temblores, las alucinaciones,
estar con un siquiatra permanente, no poder dormir, y los
nervios destrozados; todo esto me obligó a despertar
para no seguir en lo mismo, recuerda Carolina.
Tras la rehabilitación
En 1998 busqué la ayuda de otro familiar y él
me trajo a este centro (Puerta de Salvación para la
Mujer Alcohólica y Drogadicta). Estuve ingresada ocho
días, sin beber licor. Por las mañanas recibía
terapias, en la tarde reunión de grupo. Todo inicia
con querer uno; yo quería, por eso puse fuerza de voluntad,
para vivir una nueva vida. Aquí me daban alimentación,
compasión y ropa.
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Parte
de las terapias de rehabilitación es la enseñanza
de un oficio, que les sirve para ocupar su tiempo y
aprender algo productivo.
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Ahora
con cinco años de rehabilitación me siento liberada
y con fortaleza. Mi esposo no ha dejado de beber, y yo sabía
que si él bebía me influenciaba, y yo tenía
miedo de volver a tomar; debido a eso hace cuatro meses me
separé.
El trabajo de este centro es una labor buena. Aquí
venimos personas con una vida destruida y salimos rehabilitadas.
Bendita sea esta casa, menciona Carolina,
quien ha superado su adicción, pero que día
a día lucha para no volver a caer en el vicio.
Ahora ella, por la cercanía de su residencia con la
Asociación Puerta de Salvación, participa como
auxiliar en las terapias, con la intención de ayudar
a otras mujeres que padecen similares o peores problemas a
los enfrentados por ella.
Una labor difícil si se toma en cuenta que cada año
100 mujeres buscan la ayuda de este albergue para dejar definitivamente
no sólo el alcohol, sino también la marihuana,
el crack y la pega para zapato, entre otras drogas.
Una característica especial de Puerta de Salvación
es que es un hogar sólo para mujeres, en donde cada
una fortalece a sus compañeras, compartiendo sus tristes
historias y lo dramático de sus vidas, así como
la esperanza de abandonar por completo el vicio.
Tal como Iris Cristina Escobar de Hernández, quien
tiene tres meses de haber ingresado al centro, buscando ayuda
para dejar de consumir crack, una droga que aprendió
a usar junto a su esposo por la simple curiosidad, sin sospechar
que la atraparía durante cuatro años.
Mientras ella está en Puerta de Salvación, su
esposo está en otro centro de rehabilitación
en Sonsonate, dejando a sus tres hijos en un hogar para niños,
hasta que puedan dejar de consumir la droga.
Iris dejó su natal Santa Ana y viajó hasta San
Salvador buscando un sitio para rehabilitarse. Para su suerte,
de otra
asociaciónd de rehabilitación la condujeron
hasta Puerta de Salvación.
Así como los casos de Carolina que ya se
recuperó y que comparte su experiencia e Iris que está
en ese proceso, en Puerta de Salvación hay 13 mujeres
más que luchan por rehabilitarse en un esfuerzo para
ellas titánicos que al lograrlo será cono nacer
de nuevo .
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Parte
del programa de rehabilitación es el proyecto
de eliminar los tatuajes, gracias al apoyo que brinda
FUNDASALVA.
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En
Puerta de Salvación, las mujeres hacen piñatas,
que comercializan y el dinero es utilizado para satisfacer
sus necesidades. |
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Carlos
Alfaro, coordinador de las terapias, es una persona
que venció la adicción y ha sido capacitado
para ayudar a los adictos.
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Admitimos
que éramos impotentes ante el alcohol, que nuestras
vidas se habían vuelto ingobernables. Llegamos
al convencimiento de que un Poder Superior podría
volvernos el sano juicio. Sin miedo hicimos un minucioso
inventario moral de nosotros mismos. Parte de los
12 pasos de los Alcohólicos Anónimos. |
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El
trabajo artesanal les permite dejar de pensar
en el vicio.
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Esa
casa de ayuda
La
Asociación Puerta de Salvación para la
Mujer Alcohólica y Drogadicta nació en
1982; es una institución sin fines de lucro con
personería jurídica, que brinda servicios
de internamiento, estabilización, recuperación
física, terapia grupal y reinserción a
la sociedad para las mujeres con problemas de adicción.
A estos servicios acceden sólo mujeres, tanto
de escasos recursos como de niveles económicos
más holgados.
Los servicios brindados por Puerta de Salvación
se sustentan con la labor de un equipo multidisciplinario,
compuesto por personas rehabilitadas con amplia experiencia
en procesos de desintoxicación.
Aquí le brindan a las mujeres adictas alojamiento
temporal durante el periodo de tratamiento, asistencia
médica, asistencia sicológica, terapia
individual y grupal, así como alimentación.
El trabajo de esta organización no es sólo
para alejar a las mujeres del vicio; también
se promueve la reunificación familiar, la capacitación
en oficios menores como algo terapéutico y de
aprendizaje, así como fomentar la asistencia
a sus grupos de apoyo para la continuidad en su proceso
de recuperación.
En esta casa se siguen los doce pasos de los Alcohólicos
Anónimos, también la modalidad de los
Narcóticos Anónimos, con la diferencia
de que se impone el respeto hacia las demás personas
y se prohíbe el habla soez, menciona Carlos Alfaro,
coordinador de terapia.
Actualmente hay 14 mujeres, cuyas edades oscilan entre
los 20 y los 50 años, aunque reciben adolescentes,
algunas enviadas por los jueces de paz o por el Instituto
Salvadoreño para el Desarrollo de la Niñez
y la Adolescencia (ISNA). Han habido casos de niñas
de 12 años y ancianas de 80 que se han rehabilitado
en esta casa.
Por razones económicas y de otros recursos las
internas, conocidas como huéspedes, sólo
permanecen aquí por el período de un mes.
En estos cinco años desde que trabajo aquí
habrá pasado en este hogar un promedio de 500
mujeres; de éstas se tiene contacto sólo
con 40 rehabilitadas; hay más, pero no se tiene
contacto con ellas, y no se sabe si tuvieron recaídas,
asegura Carlos Alfaro.
En busca de apoyo
En
la actualidad hay 40 socios y cuentan con el apoyo de
la empresa Harisa, los comerciantes de verduras del
mercado La Tiendona y otras instituciones para los gastos
de alimentos, ayuda económica, ropa, atención
médica y sicológica, pero si desea colaborar
con Puerta de Salvación como socio donante o
en asistencia profesional en las ramas médicas,
sicológicas, siquiátrica y enfermería,
puede acudir a la Colonia Las Colinas, Block A
casa # 1, Mejicanos, sobre la calle que conduce hacia
Ayutuxtepeque. Teléfono: 272-1076
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