Edición: 12 de octubre de 2003

Hay noches en que por alguna razón es imposible conciliar el sueño. Noches en que no puedes cerrar los ojos por miedo de que al abrirlos se presentará ante ti un horrible espectro, y aferrado a tu sábana giras con esfuerzo la cabeza para ver tras la sombra de la puerta, en la esquina que da al corredor, para estar seguro de que nadie te observa lujuriosamente desde ahí.

Miguel Ángel Amador
Ilustracion: ricardo leiva

Todos sabemos cómo son esas noches, cuando la cortina junto a la cama parece tener vida propia.

Alguien me dijo una vez que cuando esto sucedía era porque algún alma en pena rondaba por la habitación sin descanso.

Me preguntaba por qué no podía dormirme de una vez, cuando de pronto el silencio se vio turbado por el claro sonido del llanto de un recién nacido.

—¿Cómo puede ser esto posible? —me dije aterrorizado perdiendo la respiración por un segundo.

—Estoy solo en mi casa. ¿Gatos...? Sí, eso es, gatos recién nacidos en el tejado.

Respiré profundamente y concentrándome en la razón me fui tranquilizando poco a poco. Pero en el fondo de mi corazón quería volver a escuchar el ruido para estar seguro; así que permanecí atento, lo que prolongó aún más mi espantosa vigilia.

El sueño comenzó a vencerme y no me daba cuenta de que mis párpados estaban cerrados, sino hasta que los abría de golpe luchando por no quedarme dormido. ¡Entonces el llanto volvió! Justamente en uno de esos lapsos en que estaba entre dormido y despierto. Esta vez, el odioso ruido permaneció hasta que quedé bien despierto. Un frío en el estómago me dejó sin aliento y un incontrolable temor me recorrió desde las piernas hasta los cabellos de la cabeza.
—¡Silencio, gatos! —grité con todas mis fuerzas.

Ojalá nunca lo hubiese hecho... La respuesta a mi grito fueron risas de niños que al parecer jugaban dentro de mi habitación. Pero, ¡maldición!... allí no había nadie más que yo.

La desesperación superó a mi horror, me levanté y corrí entre las risas por toda la casa hasta la puerta de la calle. Al no poder abrirla en mi locura recordé que las llaves estaban sobre mi mesa de noche, a u lado de la cama. De esa manera, sentado en el suelo, con la espalda apoyada en la puerta, orinado y envuelto en llanto, pasó lentamente el resto de la noche.

La campana del panadero me hizo reaccionar cuando el sol despuntaba sus primeros rayos y el murmullo de los pájaros me hizo sentir un alivio que no sé comparar con nada. Creo que todos asociamos la oscuridad con el peligro, es decir ¿hay alguna diferencia real entre el día y la noche, con excepción del miedo?

Yo creo en el instinto de conservación. A los animales nadie los enseña a alejarse del fuego... de la misma manera nadie nos enseña a alejarnos de un sitio oscuro. Simplemente sabemos que corremos peligro.

Conforme fui incorporándome tomé mis cosas y me dirigí a la oficina. Estaba visiblemente cansado y me senté al escritorio. Sólo tenía una cosa en mente: la aterradora imagen de que esa noche volvería a dormir en mi casa. ¡Demonios, mi casa! Un exitoso abogado temiendo llegar a posar la cabeza en su propio lecho.

Por el intercomunicador llamé a mi secretaria. Segundos después ella entró. Fríamente eficiente comentó sobre la importante cita a las diez y media de la mañana.

—¿Se siente bien, licenciado?
—Marisela...
—¿Sí, licenciado? —respondió cariñosamente.
—¿Cree en los fantasmas?

Con una discreta sonrisa me respondió que sí. Cuestionado luego si me había pasado algo que me perturbaba.
Le respondí que no, que no había problema. Pero que por favor cancelara la cita de las diez y media, que tenía que salir a hacer algunas diligencias. Ella salió de mi oficina como de costumbre, encogiéndose de hombros y contoneando su sugerente figura. Llamé a la floristería de mi amada amiga Estela y le rogué alistarme un pomposo arreglo de dárdanos y rosas que pasaría a recoger dentro de unos minutos.

Salí de mi oficina, fugaz como un rayo. Antes de recoger las flores me di una vuelta por la joyería de mi gran amigo Joaquín y compré un presente para la que ahora, años después, es la madre de mis hijos.

Llegué a su casa y llamé a la puerta. Cuando ella abrió, yo estaba arrodillado, con las flores en la mano izquierda y un bello anillo de compromiso en la derecha.

—Sara, ¿quieres ser mi esposa? —le dije sereno.

Anonadada respondió que sí luego de un profundo suspiro.

Ya unos años después, hace algunas noches, en esas largas conversaciones que se tienen con tu esposa antes de dormir, ella preguntó cómo tomé aquella decisión tan repentina. A lo que yo, sin poder olvidar aquella noche de espanto, solo pude responder: “No sé por qué, pero aunque nadie los vea ni los crea, ellos, por los que nunca nadie ora, sé que están allí”.

FIN



Destellos y fantasías del corazón

Lleno de sentimientos y abundante en ternuras, este poemario es una puerta abierta para escudriñar la intimidad de José Alberto García Santamaría, quien utiliza el seudónimo de Joalgar.

Escritos la mayoría de sus versos en forma libre y algunos siguiendo la estructura del soneto, Joalgar le canta al amor, a la mujer y a la vida misma.

Originario del puerto de La Libertad, Joalgar es escritor, poeta y pintor. Arquitecto de profesión, también obtuvo el grado de licenciado en artes plásticas.

Ha expuesto en varias ocasiones y ha recibido galardones por su trabajo artístico, entre los que destacan Premio Joven Talento del año 1997, otorgado por el Centro Cultural de Nicaragua, Embajada de Nicaragua y Galería 91, además del Premio Homenaje por ser uno de los precursores en la defensa de los derechos de la niñez, otorgado por Radda Barner de Suecia para Centro América y México, en 1999.
En el plano literario esta es su segunda publicación.

Ficha técnica
Libro: Destellos y fantasías del corazón.
Autor: José Alberto García Santamaría (Joalgar)
Puede solicitarlo en: Galería estudio Joalgar, en Bosques de la Paz, Ilopango, teléfono 294-8705.
Precio: $3.
Páginas: 54

Marinero de Ulises

El nombre completo de esta obra es “Marinero de Ulises en el alba del tiempo perdido”, libro que recopila 37 poemas escritos por el doctor Wilfredo López.

El autor de esta obra es poeta, narrador y pintor en acuarela, de profesión médico graduado de la Universidad de El Salvador. Ha sido galardonado en varias ocasiones en certámenes de poesía y cuento.

En 1998 publicó el cuento “Juan Sebastián Zopilote”, con el que ya había ganado el segundo lugar en un certamen de 1981.

Con una edición de 500 ejemplares, su nuevo poemario presenta una claridad en el lenguaje, en donde los versos no se rigen a una métrica definida.

Una característica que presentan los poemas de este libro es que han sido titulados con números: del uno al treinta y siete. No hay títulos rimbombantes, sólo números como si fueran las escenas de toda una vida de aventuras y luchas.

Ficha técnica
Libro: Marinero de Ulises en el alba del tiempo perdido
Autor: Wilfredo López
Puede solicitarlo al: 276-1441
Precio: $3.
Páginas: 45

 


SEMANA CULTURAL

Domingo 12

1. El grupo Hamlet presenta la obra “Los tres cochinitos” en el auditorio del Centro Español. Las funciones son a las 10:00 a.m. y 11:30 a.m. Admisión general $4.

2. El grupo Escuela Mágica, de Honduras, presenta la obra “La posada de Mantúa” en el Teatro Presidente. Las funciones son a las 9:00 a.m. y 11:00 a.m. Entrada general $2.50.

3. La compañía Raspadegato, de España, presenta la obra “La isla del tesoro” en el auditorio del Museo Nacional de Antropología Dr. David J. Guzmán, en los horarios de 9:00 a.m. y 11:00 a.m. Entrada general $2.50.

Del miércoles 15 al sábado 18

La actriz Isabel Dada presentará el monólogo “La mujer sola”, del italiano Darío Fo, en el Teatro Luis Poma, en Metrocentro, San Salvador, a las 8:00 p.m. Entradas $5 general y $3 estudiantes.

Hasta el miércoles 22

Exposición “Rostros”, de los artistas Clara Angulo, Manuel Fuentes, Giovanni Gil, Antonio Lara, Mauricio Linares, Mauricio Mejía, Alberto Merino, Humberto Montoya, Atilio Munguía y Francisco Zayas, en la Casa de la Cultura de Cojutepeque.

Hasta el miércoles 29

Exposición de máscaras salvadoreñas “Hombre, diablos y animales” en el Museo Regional de Occidente, ubicado en la Avenida Independencia Sur # 8, Santa Ana. Horario: martes a domingo de 9:00 a.m. a 12:00 m. y de 1:00 p.m. a 5:00 p.m. Entrada $0.34, niños menores de ocho años y ancianos no pagan.

Hasta el jueves 30

Exposición “Vida y obra de Roque Dalton”, en la Casa de la Cultura del barrio San Jacinto.

 



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