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Edición:
12 de octubre de 2003

Hay
noches en que por alguna razón es imposible conciliar
el sueño. Noches en que no puedes cerrar los ojos por
miedo de que al abrirlos se presentará ante ti un horrible
espectro, y aferrado a tu sábana giras con esfuerzo
la cabeza para ver tras la sombra de la puerta, en la esquina
que da al corredor, para estar seguro de que nadie te observa
lujuriosamente desde ahí.
Todos
sabemos cómo son esas noches, cuando la cortina junto
a la cama parece tener vida propia.
Alguien me dijo una vez que cuando esto sucedía era
porque algún alma en pena rondaba por la habitación
sin descanso.
Me preguntaba por qué no podía dormirme de una
vez, cuando de pronto el silencio se vio turbado por el claro
sonido del llanto de un recién nacido.
¿Cómo puede ser esto posible? me
dije aterrorizado perdiendo la respiración por un segundo.
Estoy solo en mi casa. ¿Gatos...? Sí,
eso es, gatos recién nacidos en el tejado.
Respiré profundamente y concentrándome en la
razón me fui tranquilizando poco a poco. Pero en el
fondo de mi corazón quería volver a escuchar
el ruido para estar seguro; así que permanecí
atento, lo que prolongó aún más mi espantosa
vigilia.
El sueño comenzó a vencerme y no me daba cuenta
de que mis párpados estaban cerrados, sino hasta que
los abría de golpe luchando por no quedarme dormido.
¡Entonces el llanto volvió! Justamente en uno
de esos lapsos en que estaba entre dormido y despierto. Esta
vez, el odioso ruido permaneció hasta que quedé
bien despierto. Un frío en el estómago me dejó
sin aliento y un incontrolable temor me recorrió desde
las piernas hasta los cabellos de la cabeza.
¡Silencio, gatos! grité con todas
mis fuerzas.
Ojalá nunca lo hubiese hecho... La respuesta a mi grito
fueron risas de niños que al parecer jugaban dentro
de mi habitación. Pero, ¡maldición!...
allí no había nadie más que yo.
La desesperación superó a mi horror, me levanté
y corrí entre las risas por toda la casa hasta la puerta
de la calle. Al no poder abrirla en mi locura recordé
que las llaves estaban sobre mi mesa de noche, a u lado de
la cama. De esa manera, sentado en el suelo, con la espalda
apoyada en la puerta, orinado y envuelto en llanto, pasó
lentamente el resto de la noche.
La campana del panadero me hizo reaccionar cuando el sol despuntaba
sus primeros rayos y el murmullo de los pájaros me
hizo sentir un alivio que no sé comparar con nada.
Creo que todos asociamos la oscuridad con el peligro, es decir
¿hay alguna diferencia real entre el día y la
noche, con excepción del miedo?
Yo creo en el instinto de conservación. A los animales
nadie los enseña a alejarse del fuego... de la misma
manera nadie nos enseña a alejarnos de un sitio oscuro.
Simplemente sabemos que corremos peligro.
Conforme fui incorporándome tomé mis cosas y
me dirigí a la oficina. Estaba visiblemente cansado
y me senté al escritorio. Sólo tenía
una cosa en mente: la aterradora imagen de que esa noche volvería
a dormir en mi casa. ¡Demonios, mi casa! Un exitoso
abogado temiendo llegar a posar la cabeza en su propio lecho.
Por el intercomunicador llamé a mi secretaria. Segundos
después ella entró. Fríamente eficiente
comentó sobre la importante cita a las diez y media
de la mañana.
¿Se siente bien, licenciado?
Marisela...
¿Sí, licenciado? respondió
cariñosamente.
¿Cree en los fantasmas?
Con una discreta sonrisa me respondió que sí.
Cuestionado luego si me había pasado algo que me perturbaba.
Le respondí que no, que no había problema. Pero
que por favor cancelara la cita de las diez y media, que tenía
que salir a hacer algunas diligencias. Ella salió de
mi oficina como de costumbre, encogiéndose de hombros
y contoneando su sugerente figura. Llamé a la floristería
de mi amada amiga Estela y le rogué alistarme un pomposo
arreglo de dárdanos y rosas que pasaría a recoger
dentro de unos minutos.
Salí de mi oficina, fugaz como un rayo. Antes de recoger
las flores me di una vuelta por la joyería de mi gran
amigo Joaquín y compré un presente para la que
ahora, años después, es la madre de mis hijos.
Llegué a su casa y llamé a la puerta. Cuando
ella abrió, yo estaba arrodillado, con las flores en
la mano izquierda y un bello anillo de compromiso en la derecha.
Sara, ¿quieres ser mi esposa? le dije sereno.
Anonadada respondió que sí luego de un profundo
suspiro.
Ya unos años después, hace algunas noches, en
esas largas conversaciones que se tienen con tu esposa antes
de dormir, ella preguntó cómo tomé aquella
decisión tan repentina. A lo que yo, sin poder olvidar
aquella noche de espanto, solo pude responder: No sé
por qué, pero aunque nadie los vea ni los crea, ellos,
por los que nunca nadie ora, sé que están allí.
FIN

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Destellos
y fantasías del corazón
Lleno
de sentimientos y abundante en ternuras, este poemario
es una puerta abierta para escudriñar la intimidad
de José Alberto García Santamaría,
quien utiliza el seudónimo de Joalgar.
Escritos la mayoría de sus versos en forma libre
y algunos siguiendo la estructura del soneto, Joalgar
le canta al amor, a la mujer y a la vida misma.
Originario del puerto de La Libertad, Joalgar es escritor,
poeta y pintor. Arquitecto de profesión, también
obtuvo el grado de licenciado en artes plásticas.
Ha expuesto en varias ocasiones y ha recibido galardones
por su trabajo artístico, entre los que destacan
Premio Joven Talento del año 1997, otorgado por
el Centro Cultural de Nicaragua, Embajada de Nicaragua
y Galería 91, además del Premio Homenaje
por ser uno de los precursores en la defensa de los
derechos de la niñez, otorgado por Radda Barner
de Suecia para Centro América y México,
en 1999.
En el plano literario esta es su segunda publicación.
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Ficha
técnica
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Libro:
Destellos y fantasías del corazón.
Autor: José
Alberto García Santamaría (Joalgar)
Puede solicitarlo en: Galería estudio Joalgar,
en Bosques de la Paz, Ilopango, teléfono
294-8705.
Precio: $3.
Páginas: 54 |
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Marinero
de Ulises
El
nombre completo de esta obra es Marinero de Ulises
en el alba del tiempo perdido, libro que recopila
37 poemas escritos por el doctor Wilfredo López.
El autor de esta obra es poeta, narrador y pintor en
acuarela, de profesión médico graduado
de la Universidad de El Salvador. Ha sido galardonado
en varias ocasiones en certámenes de poesía
y cuento.
En 1998 publicó el cuento Juan Sebastián
Zopilote, con el que ya había ganado el
segundo lugar en un certamen de 1981.
Con una edición de 500 ejemplares, su nuevo poemario
presenta una claridad en el lenguaje, en donde los versos
no se rigen a una métrica definida.
Una característica que presentan los poemas de
este libro es que han sido titulados con números:
del uno al treinta y siete. No hay títulos rimbombantes,
sólo números como si fueran las escenas
de toda una vida de aventuras y luchas.
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Ficha
técnica
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Libro:
Marinero de Ulises en el alba del tiempo perdido
Autor: Wilfredo López
Puede solicitarlo al: 276-1441
Precio: $3.
Páginas: 45 |
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SEMANA
CULTURAL
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Domingo
12
1. El grupo Hamlet presenta la obra Los tres cochinitos
en el auditorio del Centro Español. Las funciones
son a las 10:00 a.m. y 11:30 a.m. Admisión general
$4.
2. El grupo Escuela Mágica, de Honduras, presenta
la obra La posada de Mantúa en el
Teatro Presidente. Las funciones son a las 9:00 a.m.
y 11:00 a.m. Entrada general $2.50.
3. La compañía Raspadegato, de España,
presenta la obra La isla del tesoro en el
auditorio del Museo Nacional de Antropología
Dr. David J. Guzmán, en los horarios de 9:00
a.m. y 11:00 a.m. Entrada general $2.50.
Del miércoles 15 al sábado 18
La actriz Isabel Dada presentará el monólogo
La mujer sola, del italiano Darío
Fo, en el Teatro Luis Poma, en Metrocentro, San Salvador,
a las 8:00 p.m. Entradas $5 general y $3 estudiantes.
Hasta el miércoles 22
Exposición Rostros, de los artistas
Clara Angulo, Manuel Fuentes, Giovanni Gil, Antonio
Lara, Mauricio Linares, Mauricio Mejía, Alberto
Merino, Humberto Montoya, Atilio Munguía y Francisco
Zayas, en la Casa de la Cultura de Cojutepeque.
Hasta el miércoles 29
Exposición de máscaras salvadoreñas
Hombre, diablos y animales en el Museo Regional
de Occidente, ubicado en la Avenida Independencia Sur
# 8, Santa Ana. Horario: martes a domingo de 9:00 a.m.
a 12:00 m. y de 1:00 p.m. a 5:00 p.m. Entrada $0.34,
niños menores de ocho años y ancianos
no pagan.
Hasta el jueves 30
Exposición Vida y obra de Roque Dalton,
en la Casa de la Cultura del barrio San Jacinto.
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