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Edición:  11 de Mayo de 2003

Viven tras las rejas, pero al tener a sus pequeños junto a ellas han descubierto que los días son efímeros y la frialdad de una cárcel tiene un aura de amor

Morena Rivera
Fotos: Maritza Santos

Celia Escobar (nombre ficticio) dedica la mayor parte de su tiempo al cuido de su pequeño de once meses.

En el sector Materno Infantil del Centro de Readaptación para Mujeres de Ilopango, el área de los dormitorios está llena de camitas con mosquiteros de colores. Hay pañales estampados con dibujos, ropita para bebé y juguetes por doquier.

En el estrecho pasillo que dejan las columnas de camas arrimadas a las paredes, muchos niños y niñas han aprendido a dar sus primeros pasos y ahora corretean por ahí con un gesto de felicidad en sus rostros.

Ninguno sobrepasa los cinco años. A lo mejor tampoco saben que se han convertido en parte de esa vida rutinaria y disciplinada que deben llevar sus progenitoras. Algunos casi nunca salen de la cárcel y otros sólo ven el exterior cuando sus familiares los sacan a pasear.

Para las 46 madres que cumplen una condena, poder tener con ellas a sus pequeños es una bendición que les ha ayudado a sobrellevar las dificultades del encierro. “Es un privilegio que a pesar de las circunstancias nos dejen estar con ellos”, cree Rosario Sánchez, una de las internas.

Sandra de Mejía, directora del Centro de Readaptación, dice que el sector Materno Infantil funciona desde 1994. Con esta iniciativa se busca que las madres y los menores tengan los beneficios necesarios, aun cuando las primeras se hallen custodiadas por orden de un juez.

A la hora del almuerzo, los niños y las niñas comen junto a sus madres, ven la televisión como cualquier otro menor de su edad e incluso se han instalado juegos en donde pueden desligarse del ruido constante de las puertas metálicas.

Mientras sus madres reciben los talleres de máquina industrial, enguatado, artesanías en mimbre, entre otros, los menores permanecen en una guardería. Tienen comida especial, reciben atención pediátrica y al cumplir cuatro años son matriculados en el kinder.

Vivir para cuidarlos

Tres de los menores, de cuatro años, internos en el Sector Materno Infantil del centro, asisten al kinder.

La mayoría de mujeres que habitan en el Sector Materno Infantil ha sido capturada en estado de preñez y otras llegan con los menores en brazos. Son pocas las que salen embarazadas en el tiempo que gozan de las visitas íntimas.

Dos reclusas que decidieron conversar sobre la experiencia de ser madres en prisión ingresaron durante los primeros meses de gestación. Sus miradas se entristecen al recordar a los hijos que están fuera, pero recobran el brillo al hablar del que tienen adentro.

Celia Escobar (nombre ficticio) cuenta que tenía dos meses de embarazo cuando fue a parar a la cárcel. Según ella, aunque está encerrada, el amor hacia su bebé, que ahora tiene 11 meses, le hace ver la situación de una manera diferente.

Lejos de protestar por los cuatro años de la condena que debe cumplir considera que ha sido una experiencia muy bonita. Ha descubierto cosas nuevas que no percibió con su primera hija, de siete años, quien ahora vive con su familia.

Mientras está sentada frente a uno de los jardines, afuera de las celdas, Celia dice que ha seguido de cerca los cambios de su bebé. “Aquí sólo me dedico a él. Si estoy triste o alegre también se lo transmito a él”, expresa.

Rosario Sánchez, de 24 años, es otra de las internas que ha disfrutado de la maternidad tras las rejas. En el momento que fue sentenciada a purgar seis años en prisión, tan sólo un pensamiento se apoderó de su mente: “¿Con quién voy a dejar a mi bebé?”, se preguntó.

Pero el juez le comunicó que podía llevarse con ella al niño, y a partir de ahí se sintió feliz. Ingresó con el pequeño de dos meses en sus brazos y desde entonces ha vivido para cuidarlo. Ha estado con él en momentos cruciales, como cuando pronunció la primera palabra.

Con sus primeros dos hijos se enteró de que habían dado sus primeros pasos porque le contaron al regresar de trabajar. “Al contrario de Kevin que salió caminando de mis brazos”, relata Rosario.

Tristeza al salir

Cuando los pequeños han cumplido los cinco años, deben retirarse del Centro. Así lo exíge el artículo 70 de la Ley Penitenciaria, al mencionar que “las mujeres podrán tener en compañía a sus hijos menores de esa edad”.

La directora cree que es duro para ellas y para los menores. Según ella, muchas madres caen en estado depresivo y por eso, al momento de entregarlos a los familiares se les hace firmar un documento en el que se comprometan a traerlos cada semana o cada quince días.

Ese compromiso no convence a Rosario Sánchez, quien estaría cumpliendo su condena dentro de 18 meses y su hijo Kevin tendría que salir en octubre de este año. “Tengo fe de que me voy a ir con él”, subraya.

Pero al preguntarle sobre qué sentiría si tuviera que ver partir a su retoño, la joven madre hace una pausa y luego habla con voz entrecortada. “Eso sería terrible, como que me arrancaran el alma, porque en este sitio no existe mejor compañía que la de un hijo”.

Para Rosario también resulta difícil no poder ver a sus dos hijos que residen en Cojutepeque. En cuatro años sólo ha podido encontrarse con ellos dos veces. “Qué no daría yo por tenerlos aquí conmigo...”. Su relato es interrumpido por el llanto.

Uno de los programas que por ahora buscan disminuir el impacto de la separación, tanto en las progenitoras como en los niños y las niñas, es “el paseo con familiares”. Sin embargo, Celia Escobar cree que sólo se ha acostumbrado a que su vástago salga uno o dos días, pero después comienza a desesperarse por él.

Aunque las dos madres cren que sus primogénitos son sufridos porque no llevan una vida normal, como los demás menores, también saben que la presencia de ellos les ha ayudado para que la vida en una prisión sea más fácil de sobrellevar.


“El amor hacia mi bebé me hace ver la situación desde un punto de vista diferente. He descubierto cosas nuevas sobre él”.
Celia Escobar

“No hay mejor compañía en estos lugares (prisión) que la presencia de un hijo. Si él se fuera sería terrible para mí”.
Rosario Sánchez


En números
Esta es la situación en que se encuentran las reclusas que guardan prisión en el Centro de Readaptación de Mujeres de Ilopango.

217
mujeres condenadas
339
mujeres procesadas
46
madres con
sus hijos
9
mujeres embarazadas

Derechos de los menores

El artículo 70 de la Ley Penitenciaria regula el derecho de las madres internas a la compañía de sus hijos menores de cinco años. A tal efecto, el Centro debe organizar un local adecuado o guardería infantil.

Un resumen donominado “La situación de las personas privadas de libertad en El Salvador”, presentado en el 2002 por la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, detalla que un problema en torno a permitir a las madres la compañía de sus hijos es que el goce de tal derecho debe aparejarse al de los menores a una vida digna, decente y a un desarrollo integral.

Esto supone que no deben sufrir la privación de libertad que se ha impuesto a sus madres. Un estudio de la PDDH sobre el tema, efectuado en 1999, reveló que más de la mitad de las madres internas en el Centro deseaban gozar de la compañía de sus hijos.

Sin embargo, se consideró que no existían las condiciones materiales que permitieran la estancia de los niños y de las niñas, dado el hacinamiento, la falta de lugares y programas asistenciales adecuados para ellos.

 



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