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Edición:
11 de Mayo de 2003

La fauna de Costa Rica es una de las
mejor conservadas y respetadas gracias a leyes y reglamentos,
tanto para nacionales como para los extranjeros
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El
perezoso forma parte de la fauna tica.
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Cuando
mi esposo y yo salimos de nuestra casa de Nueva York, nuestro
conocimiento del mundo animal se limitaba mayormente a palomas,
perros y variadas mascotas domésticas.
Pero en Costa Rica nuestros conocimientos sobre la rica fauna
del planeta estaban a punto de ampliarse en forma considerable.
Viajar a Costa Rica es como visitar varios países de
una vez por sus contrastes geológicos. La selva tropical,
las limpísimas playas, los exuberantes y verdes valles
y las zonas volcánicas albergan al 5% de todas las
especies de animales conocidas en el planeta, y cerca del
25% de esas especies está protegido en reservas silvestres
o en parques nacionales.
En Costa Rica viven unas 200 especies de mamíferos,
cerca de 850 de aves, 160 de anfibios y más de 200
de reptiles. Y la vida silvestre es algo serio para los guías,
que en su mayoría son biólogos o estudiantes
de biología.
Primero visitamos el Parque Nacional de Tortuguero, en la
costa del Caribe, cerca de la frontera con Nicaragua. Tortuguero
es un laberinto de hermosos canales rodeado de selva tropical.
Nuestro viaje desde San José, la capital, comenzó
tan pronto dejamos nuestro vehículo en la pequeña
aldea de Matina y subimos a una lancha para un recorrido de
dos horas hasta el Parque Nacional.
Nos hospedamos en el Mawamba Lodge, dentro del propio Tortuguero.
Parte de nuestra vista incluyó recorridos en lancha,
muy de mañana, por canales que nos llevaban a pintorescas
concentraciones de la vida silvestre.
Lagartija Jesucristo
Todos los animales, a excepción de las aves de brillantes
colores, se confunden con el paisaje y nos tomaba unos minutos
darnos cuenta de su presencia. Por ejemplo, estudiamos un
árbol durante un lapso que nos pareció una eternidad,
esperando ver una lagartija de unos 30 centímetros
que nuestro guía había visto. Pudimos verla
finalmente cuando saltó de una rama y empezó
a caminar sobre el agua, aptitud que le ha valido el sobrenombre
de lagartija Jesucristo.
Sobre nosotros, saltando por los árboles de diversas
áreas del parque, pudimos identificar a tres de las
cuatro especies de monos que viven en Costa Rica: el aullador,
el araña y el ardilla. El mono aullador emite un sonido
que aleja a sus depredadores. Suena como un perro que le ladra
a la luna.
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Habitante
de la selva tropical.
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Los
aulladores, los más fáciles de localizar, siguen
ciertas normas, según nuestro guía. Todos los
monos deben viajar por los árboles siguiendo la ruta
que traza su líder. Si un mono cae de un árbol
no puede volver con su grupo y es exiliado por el resto de
su vida de la comunidad de los aulladores.
A diferencia de estos, los monos capuchinos de cara blanca
son encantadores. Pero aprendimos que los capuchinos tienen
un lado siniestro: en ocasiones distraen a los turistas como
posando para fotografías mientras otros
toman sus mochilas y otras cosas y suben rápidamente
a colgar sus recuerdos en las ramas de los árboles.
Nunca vimos un capuchino, pero cuando visitamos Corcovado,
nuestra siguiente escala, conocimos a una mujer que fue atacada
por uno de esos monos mientras caminaba sola por la misma
ruta que nosotros habíamos usado en día anterior,
y un adolescente nos dijo que un mono capuchino parecía
hacerle burla siempre que volvía a su cuarto del hotel.
En Tortuguero, aves de todos colores azul brillante,
amarillo, blanco purísimo volaban cerca de nuestra
nave. Otras se posaban demasiado cerca de los caimanes, que
dormían a un metro del lado que yo ocupaba en el bote,
escondidos de la simple vista humana por su capacidad mimética
de simular el color de los troncos y las hojas sumergidas.
Conocimos a la rana venenosa de los árboles, nos sentimos
sorprendidos al ver que es un anfibio pequeño, de apenas
dos centímetros y medio. Y la rana de ojos rojos, que
no es mucho más grande, se convirtió en uno
de nuestros animales favoritos.
Durante una caminata en la selva tropical vimos tucanes y
coloridas mariposas, incluida la morfos, un espécimen
de un profundo color azul violáceo.
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Se
pueden observar aves exóticas.
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Parque
Nacional Corcovado
Visitamos Tortuguero en su temporada de aguas bajas, y no
vimos a las tortugas marinas en la temporada en que ponen
sus huevos. Tortugas de cinco especies diferentes llegan al
lugar desde ambas costas para depositar allí sus huevos.
Hay visitas guiadas para presenciar el acontecimiento.
Nuestra siguiente escala era Corcovado, en la costa sur del
lado del océano Pacífico, cerca de la frontera
panameña. Un vuelo corto en una avioneta nos llevó
hasta una pista de aterrizaje polvorienta donde tomamos un
vehículo abierto para avanzar por una carretera irregular,
difícilmente considerada transitable.
El conductor del vehículo nos dejó en una playa
en el Pacífico, desde la que caminamos para abordar
una pequeña lancha el único medio de transporte
que nos llevó a nuestro nuevo alojamiento, el Marenco
Lodge, justo al norte del Parque Nacional Corcovado.
Desde allí escuchamos constantemente a los monos aulladores,
pero sólo vimos a unos cuantos durante un paseo porque
el clima era caliente y húmedo. Durante el día
se veían tucanes y otras aves exóticas.
Durante otra excursión le pregunté a nuestro
guía si alguna vez había visto a las seis especies
de gatos salvajes que según se afirma viven en el país,
incluidos los jaguares, los ocelotes, los pumas y los chitas.
El guía respondió que en los 15 años
que ha guiado grupos turísticos nunca había
visto a ninguno de esos felinos. Su respuesta me dejó
muy aliviada.
Durante una expedición a las inmediaciones de la isla
de Cano a una hora de distancia en barco de tierra firme
pudimos ver tortugas marinas, erizos, medusas y pequeños
tiburones. De regreso, un grupo de delfines nos deleitó
con sus zambullidas y saltos a un lado del bote.
Arenal
imponente
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Una
de las ranas endémicas.
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Tras
un vuelo corto a San José y dos horas en un vehículo
a través de exuberantes valles verdes cubiertos por
neblina, llegamos a nuestro destino final: el volcán
Arenal, ubicado en la zona centro-norte del país. Se
creía que el Arenal era un volcán extinto, hasta
que hizo erupción el 29 de julio de 1968 y arrasó
con la comunidad cercana de Tabacón.
Desde entonces sigue lanzando fumarolas y pensé que
por ello no habría animales exóticos en las
inmediaciones, pero me equivoqué: cuando estaba de
pie sobre una plataforma pude ver de cerca a un mono aullador.
Fuera del restaurante del Volcano Lodge, los colibríes
eran una visión muy placentera por las mañanas.
Costa Rica tiene 51 especies de colibríes. También
hay numerosas especies de murciélagos y creo que las
vimos todas durante un recorrido, en que nos mojamos y enlodamos
dentro de las cavernas llamadas Venado, que son otro popular
recorrido turístico.
Cuando dejamos Arenal para volver al aeropuerto y emprender
el viaje de regreso a Estados Unidos vimos un animal colgado
de un cable telefónico junto a una transitada carretera:
era un perezoso de tres dedos, profundamente dormido. El conductor
de nuestro vehículo se acercó para que pudiéramos
verlo bien, pero ni la luz de nuestras cámaras lo perturbó.
Lo más probable es que siga colgado allí todavía.
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