Edición: 3 de agosto de 2003

Vivir tres años en El Salvador influenció mucho la obra del pintor francés Olivier Dautais.

Alexandra Domarchi

Esta obra fue bautizada “Pájaro en una rama”, pintura que fue realizada en noviembre de 2001 cuando Olivier Dautis recorría El Salvador.

Olivier Dautais es un pintor francés de 29 años que estudió en la Escuela de los Artes Decorativos de Estrasburgo, Francia.

Desde entonces, su pintura evolucionó mucho porque siempre está buscando formas nuevas y también cambió varias veces de lugares de vida.

Vivió un tiempo a orillas del mar Mediterráneo, donde perfeccionó su técnica de improvisación manejando tinta china y témpera.

Luego, con su estancia de tres años en El Salvador, su pintura se “tropicalizó” en una explosión de colores. Ahora vive en México y cambió otra vez, proporcionando una pintura más detallada, precisa y ligera. 

La pintura de Olivier Dautais debe mucho a su estancia de tres años en El Salvador. De hecho, llegó a San Salvador en agosto de 1999 y se fue en junio 2002.

Expuso en la Alianza Francesa, en La Ventana y en las exposiciones colectivas del Liceo Francés. Tuvo una exposición en la Alianza Francesa de Antigua Guatemala, y ahí mismo Trabajó con la Galería Wer.

Algunas obras suyas están en la librería del Punto Literario y otras en colecciones privadas.

Experiencia artística

Para Olivier, vivir en El Salvador fue una experiencia artística y humana muy fuerte que revolucionó su pintura. Trabajó mucho en su taller de Santa Tecla y encontró una fuente de inspiración observando la vida.

Durante tres años aprendió poco a poco a entender las particularidades del Pulgarcito de América. Lo que más le impactó fue la luz y los colores. Abandonó los matices fríos que ocupaba en Estrasburgo, proporcionando en sus cuadros una sofocación de colores para una fiesta sin límite. Empezó a pintar una luz audaz que deja estallar los colores, encendiendo la mirada y conmoviendo el corazón.

Cuando llegó a San Salvador no fue tan fácil porque se sorprendió con el paisaje urbano. Durante los primeros meses de su vida en San Salvador se sintió encerrado y su pintura lo demuestra.

Pintó personajes rodeados de paredes y de alambre. Estos cuadros aíslan en sí mismos un elemento vivo que está cortado de su entorno cercano, o sea una naturaleza contemplada desde lo lejos.

Volcanes y colinas

Olivier Dautis en la ciudad de México, enfrente de Bellas
Artes, en el Centro Histórico.

La vida del artista cambió completamente cuando empezó a caminar en los volcanes y los cerros del país con la Federación Salvadoreña de Montañismo. De esta manera se familiarizó con los lugares y con la gente de El Salvador.

Conoció muchos pueblos, ríos, bosques, campos. Se apasionó por los paisajes porque cambian suavemente a lo largo de un viaje, como la cara de un amigo a lo largo de una conversación íntima.

En este país tan chiquito, el tamaño de las cosas tiene un aspecto casi humano, es decir que todo parece accesible y cercano.

Olivier se dedicó a pintar los volcanes y las colinas como olas cubiertas de vegetación. Las montañas invadieron sus obras; con sus formas ondulantes y geométricas se desplegaron con fuerza y solidez.

Las plantas aparecieron con más vigor en los cuadros del pintor cuando empezó a cuidar su pequeño jardín en la colonia Paraíso de Santa Tecla. Así, una vegetación exuberante colonizó sus cuadros. Las plantas se hicieron volutas, vírgulas, llamas vivas, verdes, rojas, azules, anaranjadas; se implantaron en unos paisajes deslumbrantes.

Pudo viajar a Guatemala, Honduras, Nicaragua. Desde entonces, la Panamericana se hizo personaje pictórico. Abrió sus caminos en unos paisajes luminosos, a veces luciendo un inmenso cartel publicitario en una naturaleza fantástica.

Movimiento y ritmo son las características de los cuadros salvadoreños de Olivier. La densidad humana y vegetal de El Salvador se grabó en los cuadros de Olivier. Por supuesto le impactaron el mar, los pájaros, la dulzura del hablar y de las maneras de los salvadoreños.

Para este artista francés, El Salvador fue más que un lugar donde pintó; fue el aprendizaje de una vida inolvidable: áspera, bella y generosa.



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