Edición: 3 de agosto de 2003

Piezas de invaluable valor histórico han sido rescatadas de las profundidades del lago de Atitlán, en Guatemala, por un experto en buceo. Los objetos están en exposición en un museo en Panajachel.

Texto y fotos Jaime García

Hace cientos de años, cuando moría algún habitante de los pueblos que están alrededor del lago Atitlán, en Sololá, Guatemala, sus parientes le quebraban los huesos y lo metían en una enorme urna de barro, similar a una olla.

Enseguida colocaban piedras sobre el cadáver hasta que estuviera cubierto. Los parientes y los amigos del fallecido participaban en un ritual y llevaban la urna hasta las orillas del lago.

Ahí la urna era llevada en una barcaza hasta en medio del lago y era lanzada a las aguas. El sepelio había terminado.

Algunas de esas urnas han sido recuperadas desde los abismos y ahora adornan el museo lacustre ubicado en la Posada de Don Rodrigo, en el lago de Atitlán.

Incensario de bandas e impresiones del período Clásico Tardío.

Las profundidades del lago aún esconden tesoros de invaluable valor histórico. Piezas de la civilización maya del período Clásico Tardío han sido rescatados de esas aguas por el buzo guatemalteco Roberto Samayoa.

Según los expertos, algunas de las piezas han tomado un color rojizo y rosado por el azufre que se encuentra en el fondo del lago.

El lago de Atitlán está rodeado por tres volcanes y se encuentra ubicado a 148 kilómetros al oeste de la ciudad de Guatemala.

En la actualidad los habitantes de esa zona aún no pierden sus costumbres indígenas debido a que tienen descendencia cakchiquel y tzutuhil.

La encargada del museo, Carmen Choguaj, explicó que del lago se han rescatado piezas ceremoniales, incensarios, vasijas y otros objetos utilizados en actos religiosos de los españoles y de los indígenas.

Indicó que hasta el momento, el buzo Roberto Samayoa ha logrado rescatar alrededor de 100 piezas de invaluable valor histórico.

“El señor Samayoa es un experto en la arqueología subacuática y ha logrado especializarse y rescatar las piezas”, dijo la guardia de los objetos.

Los expertos han determinado que algunas de las piezas de cerámica encontrada en el lago fueron elaboradas por los indígenas mayas que habitaron la región de Usulután, en El Salvador.

Doña Carmen explicó que otras cien piezas que no están en exhibición al parecer fueron propiedad de los españoles que habitaron la zona y que presumiblemente lanzaron los objetos cuando huyeron de ese lugar.

Esta es otra pieza encontrada en las profundidades
del lago Atitlán.

Incensarios y vasijas ceremoniales del período
600 a.C. a 300 d.C.

 



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