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Edición:
3 de agosto de 2003

A pesar de los riesgos que implica trabajar
como agente de seguridad privada, para un aproximado de 200
mujeres a nivel nacional se ha convertido en una opción
laboral.
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Al mismo
tiempo que le enternecen las caricaturas de Winnie Pooh
y Hello Kitty, la agente de seguridad privada
Daysi Yesenia Estrada Astorga, de 21 años, está
decidida, según las circunstancias, a jalar el gatillo
de su revólver calibre 38 o de una escopeta calibre
12 para defenderse de la amenaza de cualquier delincuente.
Con su mano derecha apretando la cacha de su arma de fuego
marca armscor, Daysi se mantiene alerta en todo
momento en el Instituto Nacional de Pensiones de los Empleados
Públicos (INPEP), donde se encuentra asignada.
Su semblante serio como el de un guardia muy estricto sirve
como una barrera para que nadie sobrepase su autoridad y para
que la respeten hasta sus mismos compañeros de trabajo.
No obstante, por muy severo que ponga su rostro, para esta
simpática mujer de piel morena siempre hay un hombre
atrevido que le dice algún piropo, al que ella asegura
no prestarle atención, y aunque Daysi no quiso mencionar
algún halago que recordara, su leve sonrisa pícara
deja trabajar la imaginación.
Y aunque la empresa para quien labora, la Compañía
Salvadoreña de Seguridad (COSASE), le exige como uniforme
usar pantalón largo, camisa manga corta, corbata siempre
ajustada y una gorra, ella siempre está pendiente de
su toque femenino, con un maquillaje a discreción,
aretes de plata y labios humedecidos con labial sabor a chocolate.
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Vigilados
por la policía
En el país funcionan 423 empresas de seguridad,
las que están regidas por la División
de Registro y Control de Servicios Privados de Seguridad,
de la Policía Nacional Civil.
Según el comisionado Mauricio Ramírez
Landaverde, subdirector de Seguridad Pública
de la PNC, en el país hay alrededor de 16,600
agentes de seguridad. De estos unas 200 son mujeres.
En el caso de la corporación policiaca están
de alta 16,600 policías, de los cuales el seis
por ciento es mujer, o sea 996.
La PNC lleva un registro detallado de todos los servicios
privados de seguridad que incluye todos los aspectos
que la ley establece, como el historial del personal,
las armas, los radios de comunicación, los vehículos,
sobre los propietarios, el archivo y el cumplimiento
de la ley.
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En el
INPEP, Daysi trabaja un rol hasta de 12 horas, pero al igual
que sus compañeros ella también ha estado en
vigía hasta 24 horas en otros lugares, ya sea en oficinas
públicas o en la empresa privada.
Al final de la jornada diaria entrega el arma a los supervisores,
se cambia de ropa y se pone más femenina. Luego de
viajar en el transporte urbano por casi una hora llega a su
vivienda en Soyapango, donde la esperan con ansiedad sus dos
pequeñas hijas, Alfa Karina Estrada, de seis años,
y Kenia Yozabeth Estrada, de un año y medio, así
como Maribel Astorga de Estrada, la madre de Daysi, quien
da gracias a Dios por permitirle regresar con bien.
El que
Daysi salga a trabajar como agente de seguridad cada día
es una angustia para esta humilde familia. Como no hay
de qué trabajar la gente se arriesga. A mí me
da temor de que le pueda pasar algo. Todos los días
la encomiendo a Dios, no sólo por el trabajo, sino
también por los accidentes en los buses, menciona
con un semblante triste la señora de Estrada.
Sin mayor novedad
Aunque el trabajo como agente de seguridad está más
familiarizado como una actividad masculina, Daysi es una de
las 200 mujeres que se dedican a este tipo de labor, distribuidas
en 192 empresas de seguridad privada que están registradas
en la Policía Nacional Civil.
Yo tengo tres años de trabajar en COSASE. A mí
siempre me gustaron las armas, asegura Daysi, quien
al principio quería ingresar a la Policía Nacional
Civil, pero como ella sólo estudió hasta el
sexto grado, eso la limitó para formar parte de la
corporación, por lo que la agencia de seguridad privada
fue su segunda opción.
Daysi dice: Yo necesitaba el trabajo, ya tenía
mi primera hija. Anteriormente había sacado la documentación
para entrar a la fábrica IUSA, pero aquí me
salió más rápido. Tuve una semana de
capacitación en manejo de armas, uso de la radio, reacciones
frente a un problema, preparación de reportes y sobre
las licencias para las armas, entre otras cosas.
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Todo
nuevo agente es capacitado en el manejo de las armas.
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Mi primer
trabajo asignado fue en las oficinas centrales de la ANDA.
Este trabajo es algo bonito porque uno conoce a personas que
tienen diferentes caracteres; hay gente que no comprende la
labor de uno. Algunas veces me han insultado, es que uno tiene
que cumplir las reglas de las empresas, y si la empresa dice
a esta gente no hay que dejarla entrar, uno tiene
que cumplir.
La primera vez me sentí incómoda con los insultos...
Cuando me responden mal, yo les digo: mire, yo sólo
cumplo con mi trabajo.
Estuve en el plantel ex IVU, en Monserrat, en una fábrica
de velas, en una maquila, en el Ministerio de Economía,
en el Hospital Zacamil y el de especialidades del ISSS.
La primera vez que trabajé un turno de 24 horas me
sentí mal, porque no le había avisado a mi mamá;
me sentía muy triste porque no vería a la niña.
Esa vez sentí pesado desvelarme toda la noche, porque
se anda pendiente de que no se vayan a meter, pero había
otros diez elementos, cada quien en su área. Con ellos
la pasé bien platicando, pero siempre preocupada por
mi hija...
Cuando tengo la menstruación es bien molesto porque
paso de pie todo el día, entonces ando con dolor de
vientre, dolor de piernas, irritada... Estar parada me molesta
porque me duele más el vientre, y el hecho de estarme
cambiando toallas sanitarias se siente muy incómodo.
Aun así, este trabajo me gusta, tengo el apoyo de la
empresa; incluso cuando salí embarazada de mi segunda
hija estuve asignada en la oficina de Recursos Humanos. Hasta
el momento el único problema que he tenido es de un
ebrio que sacamos de las oficinas del INPEP, por lo demás
sin mayor novedad, menciona Daysi.
La experiencia vivida por esta agente de seguridad le permite
decir que esta labor es pesada, y casi no queda tiempo para
dedicarle a los hijos, porque a veces se trabaja sábados
y domingos.
Además ella tiene que marcar muy bien las dos caras
de su personalidad: la ternura que desborda con sus hijas
y sus caricaturas preferidas Winnie Pooh y Hello
Kitty, con la severidad que caracteriza a un agente
de seguridad armado.
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En
la compañía donde trabaja Yesenia reciben
capacitaciones de tiro en forma regular.
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En
su hogar, Daysi juega con sus hijas, olvidando la difícil
tarea de trabajar como agente de seguridad privada. |
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