Edición: 3 de agosto de 2003

Revistas extranjeras y las obras de cubanos exiliados han sido censurados en las bibliotecas independientes por autoridades cubanas.

Klaus Blume
DPA

La disidente Gisela Delgado, que tiene una biblioteca independiente, señala el lugar en su librero donde se hallaba la revista “Encuentro”.

George Orwell sigue siendo para los comunistas cubanos un escritor sospechoso. Gisela Delgado pudo comprobarlo cuando la policía política asaltó con treinta agentes fuertemente armados su vivienda en La Habana, a mediados de marzo, para registrar sus estantes en busca de ciertos libros.

Además de “1984” y “Rebelión en la granja”, obras clásicas del escritor inglés y crítico del totalitarismo, nacido hace 100 años, la policía decomisó también los libros del peruano Mario Vargas Llosa y de los cubanos exiliados Guillermo Cabrera Infante, Jesús Díaz (ya fallecido) y Zoé Valdés, así como revistas extranjeras.

Delgado, una disidente de 38 años, tiene establecida en su casa una biblioteca independiente, que en sus mejores tiempos llegó a contar con 700 lectores.

Ella es presidenta de un movimiento de opositores al régimen de Fidel Castro que en los últimos años ha instalado en sus casas pequeñas librerías y que prestan libros a otros cubanos, con el objetivo de romper el monopolio del
Estado sobre la información en Cuba, país que todavía tiene muchos rasgos característicos de un sistema totalitario.

Fue el líder del Partido Comunista de Cuba, Fidel Castro, quien hace cinco años, sin quererlo, dio origen a este movimiento.

“Este proyecto nace el 3 de marzo de 1998 a raíz de unas palabras del propio presidente de la República de que en Cuba no existen libros prohibidos, al terminar la Feria de Libros de La Habana. Sacamos entonces los libros que teníamos escondidos y los pusimos en libreros para que la comunidad se sirviera”, relata Delgado.

El grupo también organizó círculos de literatura, donde podían encontrarse los bibliófilos de cada barrio.
Así fueron surgiendo en toda Cuba, según Delgado, 103 bibliotecas independientes, que en un principio prestaban los libros sin ser molestadas demasiado por las autoridades.

Sin embargo, en marzo pasado el Estado cubano dio un gran golpe contra el movimiento disidente: 75 opositores al régimen, entre ellos muchos periodistas independientes y también algunos bibliotecarios, fueron detenidos y poco después condenados a penas de prisión draconianas, pese a las protestas internacionales.

Libertad auditada

Entre los detenidos estaba también el esposo de Delgado, Héctor Palacios, un defensor de los derechos humanos de 61 años, quien fue condenado a 25 años de cárcel. Ahora Palacios está detenido en una pequeña celda, excesivamente calurosa, de la prisión de Pinar del Río, a 160 kilómetros de distancia de La Habana, donde sólo tiene permiso de recibir la visita de su esposa una vez cada tres meses.

Delgado no sabe por qué no la detuvieron a ella también. Su biblioteca, en la que ahora faltan 800 libros de los aproximadamente 4,000 que tenía antes, sigue existiendo. Además de los libros, en su mayoría regalados por instituciones o personalidades extranjeras, la policía se incautó de un fichero, vídeos, máquinas de escribir, una cámara, así como todos los números de la revista “Encuentro”, que edita un grupo de cubanos exiliados en Madrid.

Tampoco se salvó la revista eclesiástica cubana “Vitral”, de la diócesis de Pinar del Río. Aunque esta publicación no está prohibida en la isla, al gobierno le molesta por los artículos críticos con el régimen de Castro que de vez en cuando aparecen en ella.

La labor de Delgado en defensa de la libertad de información en Cuba ya es reconocida internacionalmente. El año pasado, el Partido Liberal de Suecia otorgó a esta valiente mujer su Premio por la Democracia.

Sin embargo, ella no pudo viajar a Estocolmo para recibir la distinción: las autoridades cubanas no sólo le negaron el permiso de salida, sino que también se incautaron, según ella asegura, de la dotación económica de 10,000 coronas y de los gastos de viaje que ya le habían sido enviados desde Suecia, un monto total equivalente a 4,200 dólares.



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