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Una
historia de ceros y unos
Ver el proceso de cambio de la tecnología de información,
desde aquellos aparatos que con dificultad realizaban cálculos
matemáticos sencillos, hasta las modernas computadoras
que sostenemos en nuestras manos, todo en unas pocas décadas,
es una oportunidad que ninguna otra generación ha tenido
en la historia de la humanidad.
Rafael Antonio Ibarra Fernández
Colaboración para El
Diario de Hoy
ribarra@di.uca.edu.sv
Además
de sorprendernos la velocidad de los cambios que la evolución
tecnológica ha tenido en los años recientes,
los gerentes y directores de empresas e instituciones, así
como los ciudadanos comunes hemos debido comprender que lo
único que podemos dar por seguro es que a la vuelta
de unos días, semanas o meses, tendremos una versión
más completa, poderosa, o simplemente más vistosa,
del producto que hoy nos maravilla.
Tan difundida se halla esa concepción que es común
escuchar a alguna persona decir que esperará
a que salga la próxima versión del producto
para adquirirla; o a aquéllos que requieren la
versión más reciente de un paquete de software
aunque no hayan obtenido todo el provecho de la versión
actual, simplemente porque hay una presunción de una
evolución positiva.
Un sendero de vaivenes
El camino de la industria de la informática, desde
su paso por laboratorios y centros de investigación,
pruebas y desarrollo, hasta las líneas de producción
y los escritorios de oficinas y hogares, no ha estado exento
de tropiezos, fiascos y desilusiones, así como de éxitos
comerciales y tecnológicos que no fueron comerciales,
y más de un ejemplo de errores de predicción
de algunos connotados pensadores o incluso de los más
destacados innovadores.
Frases como Pienso que quizá hay un mercado mundial
para cinco computadoras, atribuida a Thomas Watson,
fundador de IBM, y que habría sido pronunciada en 1943;
o ¿Quién en su mente sana pudiera requerir
más de 640K de memoria?, pregunta que Bill Gates
habría formulado en 1981, en los inicios de la computación
personal, ponen de manifiesto que aun estos visionarios no
alcanzaban a ver el impacto que esta revolución de
la informática tendría en la humanidad.
Las computadoras surgieron como una respuesta a la necesidad
de hacer cálculos numéricos de una manera rápida
y confiable. De ahí su nombre, en inglés y en
español, de computadora: una máquina para realizar
cómputos.
En España, aun hoy en día, se utiliza el nombre
de ordenador, porque también éste dispositivo
es útil para ordenar o clasificar en una secuencia
y estructura dada una lista de números o de palabras.
Los centros de cómputo o centros de cálculo
tomaron su nombre precisamente de la función principal
de esos nuevos aparatos salidos de la creatividad humana colectiva.
Eran el departamento o la unidad, como su nombre lo decía,
que en forma centralizada realizaba la mayoría de cálculos
y cómputos de alto volumen de toda la empresa o institución.
En 1962, en Francia, se acuñó un nuevo nombre
que reflejaría desde entonces de una mejor forma el
rol de esta tecnología: de la fusión de los
términos información y automática
surgió el nuevo concepto de la Informática.
Mucho más que números
Desde aquellos orígenes hasta nuestros días,
los computadores y los programas de instrucciones para los
mismos, en sus diferentes versiones y edades, han mantenido
como función principal la de manipular, en el buen
sentido, la información. La importante diferencia es
que el espectro de las formas que la información puede
tomar y en las que puede ser procesada por un computador ha
sido significativamente ampliado.
En el interior del computador, la información sigue
siendo procesada como ceros y unos, pero en la superficie,
lo que el humano ve y trabaja, llega mucho más allá:
ayudas para llenar la declaración de impuestos, auxiliar
en la educación, telefonía sobre redes, software
para niños con el síndrome de Down, trámites
de importaciones y exportaciones en línea y más.
Estos y otros temas que ponen de manifiesto esa versatilidad
y la cada vez más amplia gama de posibilidades de la
informática y la tecnología digital se abordan
en esta edición. Se incluyen diversas experiencias
sobre esa misma tecnología con una historia evolutiva
que ha sorprendido a propios y a extraños, que ha superado
las predicciones de los más visionarios y que, una
vez adoptada y hecha propia, potencia nuestras capacidades
mucho más allá de los cálculos numéricos.
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