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Momento
para la reflexión
Hagamos
de la Cuaresma, y en especial la Semana Santa, un momento
para la reflexión, para la intimidad de nuestro corazón,
y de esta forma poder mantenernos firmes ante las tempestades
o pruebas que el mundo nos muestra día con día.
El Diario de Hoy
suplementos@elsalvador.com
Padre
Fabio colindres, Lumen 2000
A menudo los seres humanos buscamos ser felices y andamos
en la permanente tranquilidad, armonía y la paz. Otra
veces nos sucede lo contrario, y vivimos quejándonos
a cada instante de que no disponemos de suficiente tiempo.
Con el activismo que el mundo moderno nos ofrece, estamos
siempre ocupados y eso nos roba la posibilidad de tener valiosos
momentos de reflexión y de análisis para conocernos
y, por supuesto, saber en qué estamos fallando.
En realidad los seres humanos no podremos alcanzar la plena
felicidad y pureza si no nos dedicamos un tiempo de fuerte
reflexión. Por esta razón, la Cuaresma y concretamente
la Semana Santa es una época que tiene como objetivo
principal analizar conducta, comportamiento y nuestros sentimientos.
Es por esto que resulta imprescindible darnos un tiempo santo
o la oportunidad para reflexionar ¿por qué reina
la guerra y no la paz?; ¿por qué la división
y no la unidad?; ¿por qué el odio y no el amor?;
¿por qué la violencia y no la concordia?
¿Valdrá la pena preguntarse todo esto? La verdad
sí, ya que así descubriremos que los grandes
problemas no son como les llamamos macro-problemas o problemas
sociales, sino que son dificultades interiores de cada individuo.
Es dentro de cada mujer u hombre que debe de empezar el cambio,
para luego poder reflexionar que el resto del mundo debe transformarse.
Esta época es un buen momento para someterse a dichas
reflexiones, lograr obtener los momentos espirituales que
necesitamos, y de esta forma entrar en una comunión
completa con el Creador.
El acercamiento con el Señor nos traerá todas
las respuestas a las interrogantes en nuestras angustias,
así como también nos ayudará a sacar
las conclusiones prácticas y corregir o enmendarnos
para hablar de un ambiente de amor, armonía y paz.
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