Diciembre de 2001
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Recuerdos para siempre

"Celebrar la Navidad en Hungría es una tradición de hace 150 años. Bajo el régimen comunista trataron de eliminar la parte religiosa de la temporada, nunca se mencionó algo tan trascendental como el naciminiento de Jesús".

Sra. Ildiko de tesak
Patricia Rivera

Hasta antes de 1989, previo a la caída del comunismo y la separación de la Unión Soviética, las navidades en Hungría fueron solo fechas para vivirlas entre familia y compartir momentos en la intimidad del hogar; lo demás estaba prohibido.

Algunos productos relacionados con la época estaban a la venta y de alguna manera eran señal inequívoca de la temporada que se avecinaba y que no podía celebrarse a lo grande como muchos lo deseaban.

Para doña Ildiko de Tesak, quien vivió 23 navidades bajo el régimen comunista en su ciudad natal Fegyvernek, localizada a 136 kilómetros al sureste de Budapest, lo más interesante y curioso es que todos los árboles navideños en su país son pinos naturales, cosa que siempre gusta a su madre por ser frescos e inundar la casa con el aroma.

Este símbolo, explica, no es decorado con las tradicionales esferas de color rojo o verde, sino con dulces cuyos envoltorios traen impresos ángeles sobre fondo dorado y orillas rojas, que más tarde son unidos con hilos para colocarlos alrededor del árbol.

"Recuerdo que los padres decoran el árbol en secreto, porque supuestamente el niño Jesús lo trae. Los chicos se duermen desde temprano y así tienen oportunidad para decorarlo, hacia la medianoche los despiertan para que lo vean. Es algo impresionante, se encuentra listo el mismo día de la Navidad".

En Hungría no es costumbre colocar el árbol desde los primeros días de diciembre, sino que lo hacen el mismo día de Navidad.

Lo más importante es darle regalos a los niños más que a los adultos, aunque también se comparte con ellos. Los obsequios son puestos bajo el árbol y antes de que los menores los tomen cantan una canción navideña y luego los abren previo a la cena.

Para la media noche

El 24 por la noche siempre hay pescado acompañado de papa, arroz o pasta y ensalada o un poco de verdura y luego los típicos dulces que se encuentran rellenos de jalea y nueces.

"Para el 25 tomamos sopa de gallina con una pasta especial llamada caracol, acompañada de repollo agrio relleno. Ésta (la pasta), recuerdo, la preparaba mi abuela y en cierta ocasión se unieron todas las vecinas para hacerla... era algo típico".

Algunas familias incluyen en su menú pollo, cerdo frito y pavo, y degustan los tres platillos; otras sólo cocinan uno. De postre son preparadas milhojas pero sin crema, solo jalea, y las cortan en forma de herradura.

Ahora son más los que asisten a misa el 24 a la media noche. La madre de doña Ildiko expresa que con el cambio de régimen se empezó a vivir la Navidad de diferente manera. "En Hungría hubo revolución en 1956 y desde entonces nunca se paró de luchar por lograr cambios, aunque la revolución cobró muchas vidas y sangre. Desde el 89, cuando cayó el muro de Berlín, se dió el cambio tan esperado.

Varias personas durante el régimen también fueron a la iglesia y no les importaba el castigo de no haber tenido aumentos en su trabajo, desafiaban lo que fuera y a quien fuera", evoca.

La familia Tesak ha adoptado un poco de las costumbres de acá, aunque tienen sus reservas sobre la celebración que muchos toman como si fuese carnaval y saturan hasta sus hogares con múltiples colores.

Para mantener la tradición de su país, por muchos años doña Ildiko trató de conseguir árboles naturales, que aunque caros no escatimó esfuerzos por adquirirlos y recordar su tierra.

"Recuerdo que por el Café de don Pedro se ubicaba un señor para vender pinos que aseguraba venían de Canadá. El calor que hace en este país impidió que se mantuviera en buenas condiciones, las ramas se caían como si se estuvieran derritiendo".

Ahora se ha quedado con el artificial en verde oscuro que siempre le evoca recuerdos de sus años de infancia. Ella admite no estar acostumbrados a decorar cada rincón de la casa y sólo lo hacen en la sala y el comedor.

"Si alguien llega a mi casa puede creer que aquí no se vive la Navidad, porque no encuentra tanto detalle típico de la temporada. Pero se equivocan, porque aquí reina siempre ese sentimiento que compartimos en familia".


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