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Páginas en peligro
Ningún libro es eterno. Sin embargo, usted puede retardar
o acelerar su deterioro. Todo depende
de los cuidados que logre proporcionarle, día a día
Ixchel Pérez
El Diario de Hoy
estilosdevida@elsalvador.com
Como
los seres humanos, los libros envejecen y mueren. Esa es una realidad
de la que no se puede escapar. Aún el ejemplar más
amado, tarde o temprano, desaparece.
El estrecho vínculo que existe entre usted y todas esas palabras
o fotografías que se encierran en las páginas del
libro, debe estimularlo a protegerlo y hacerlo vivir, el mayor tiempo
posible.
Es importante que usted prodigue cuidados a sus libros, desde el
mismo día en que los compra. El ambiente, las condiciones
de uso y la forma de guardarlos, son factores que determinan su
tiempo de vida.
En primer lugar, tome en cuenta la temperatura, la humedad y la
luz del lugar en el que usted guardará los libros. No existen
la temperatura y la humedad ideal, de acuerdo con el Northeast Document
Conservation Center (Centro Nordeste para la Conservación
de Documentos), con sede en Estados Unidos. Algunos materiales demandan
una y otros otra. Sin embargo, los datos de este centro dicen que
es mejor mantener.
Lo mejor que usted puede hacer es guardar sus libros en un lugar
fresco, pero no muy húmedo, para no favorecer la proliferación
de hongos.
Una señal de que sus libros no están en el sitio adecuado,
puede ser que sus páginas se pongan tiezas o que se escuche
crujir su pasta al abrirlos.
Si es así, debe cambiarlos a un sitio un poco más
fresco. Si, por el contrario, las páginas se sienten muy
flexibles y un poco mojadas, debe buscar un sitio adonde no haya
demasiada humedad.
Es importante que los libros estén en un lugar adonde circule
el aire, pero no les den ráfagas de viento.
Además, debe cuidarse de que el lugar sea iluminado, para
evitar la proliferación de insectos, pero sin que los rayos
del sol calienten los libros.
La luz solar directa hace amarillento y quebradizo el papel, así
que es bueno que use cortinas y persianas.
Estantes
La colocación de los libros en estantes o repisas es fundamental
para conservarlos en buen estado.
No es saludable que estén tirados, alojados en cajas de cartón
o revueltos con perfumes, cosméticos, ropa o zapatos. Merecen
su propio lugar.
Las libreras cerradas con vidrio, deben abrirse al menos dos veces
por semana, por unos 15 minutos, para que se ventilen. Lo ideal
es que cualquier estantería se coloque separada de la pared,
para que los insectos no se suban a ella, tan fácilmente.
En el estante, los libros deben estar de pie o de forma horizontal,
nunca inclinados ni en posiciones en las que tiendan a deformarse.
Es importante que coloque juntos los libros de igual tamaño,
para que se den apoyo unos con otros.
Nunca
deben colocarse libros en horizontal, sobre los libros que estén
de pie; tampoco debe forzarse a que entren cantidades exageradas
de libros en un sólo estante, pues comprimirlos causa deterioros.
Si coloca los libros en forma horizontal, no ponga demasiados, para
no dañarlos.
Esta forma de colocar los libros es especialmente conveniente para
aquellos ejemplares que pesan mucho.
Cuando retire un libro de la repisa, no lo jale de la parte superior
de su lomo (parte que une las tapas). Lo correcto es que haga para
atrás los libros que están junto a él, y que
lo retire tomándolo del centro de las tapas.
Polvo eres...
Aunque los humanos nos convertiremos en polvo, no hay porqué
desearle lo mismo a los libros. Dejar que se acumule polvo sobre
ellos es, literalmente, condenarlos a la degradación.
El aparentemente inofensivo polvo contiene esporas de hongos, microorganismos,
residuos de productos químicos, partículas metálicas
y grasas, que pueden provocar la destrucción acelerada del
papel.
El polvo es difícil de erradicar cuando se instala entre
las hojas de un libro y, además de abrasión, puede
causar manchas. Para evitar sus consecuencias, es necesario realizar
una limpieza periódica de la librera y de los propios libros.
Antes que nada, elimine el polvo de paredes y techos cercanos. Después,
limpie la librera o repisas, comenzando por el estante superior.
Retire todos los libros, inspeccione el estante (identificando problemas
como óxido, clavos salientes, restos de insectos, rastros
de humedad) y límpielo cuidadosamente, si es posible con
aspiradora.
Cuando limpie cada uno de los libros, no use trapos húmedos.
Lo mejor es que, al aire libre, les pase un trapo seco, una brocha
o un pincel suave. No se le ocurra emplear líquidos de limpieza.
Cuando esté sacudiendo la tapa, aprételo con fuerza
para que no le entre polvo en las páginas, y no le de golpes
a un libro con otro, para no dañar la encuadernación.
Si encuentra rastros de insectos u hongos en los estantes, lo mejor
es que cambie la madera.
Aplicar un insecticida, raticida e incluso la tradicional bolita
de naftalina, representa mucho riesgo para los miembros de la familia,
pues todos desprenden sustancias tóxicas que permanecen activas
por mucho tiempo.
Si sus posibilidades económicas no le permiten cambiar el
estante o a usted le parece que no es para tanto, un
carpintero puede indicarle si es posible lijar la madera o aplicar
alguna sustancia, en cuyo caso, debe alejar los libros del sitio,
hasta que se acabe el problema.
Los insecticidas, en este caso, no deben fumigarse, sino colocarlos
en forma puntual y localizada, sin que toquen los libros.
Letras sin mancha
Si su libro fovorito se le ha manchado, aplique estos consejos para
devolverle la claridad a las letras:
Manchas de grasa o aceite: Ralle la mancha con tiza común,
sosteniendo la hoja entre dos papeles absorbentes.
Después, pase la plancha tibia (sin conectarla), varias veces,
y un cepillo.
Manchas ocasionadas por humedad: coloque, en la mancha, agua clorada
(dos cucharadas de hipoclorito de sodio, por cada litro de agua).
Después, seque con secador de pelo.
Si el libro presenta un aspecto verdoso por el moho, producido por
la humedad, pase con paciencia una hoja de afeitar por la parte
afectada y límpiela con alcohol de quemar.
Si las páginas aparecen pegadas, el mismo sistema que utilizaría
para despegar un sello. Sometalas al vapor de agua y, con delicadeza,
vaya separándolas, pacientemente. Quizá se vea obligado
a repetir la operación.
Enemigos de la lectura
Minúsculos, pero muy peligrosos para los libros, son los
insectos.
Termitas, polillas y muchas más.
La mayoría son omnívoros, así que son capaces
de alimentarse con cualquier tipo de material que se haya empleado
en la elaboración del libro.
Entre estos, prefieren el papel, el pergamino, la tela de las encuadernaciones,
el engrudo y la madera de las estanterías.
Algunos insectos atacan sólo en determinados climas y áreas
geográficas, pero los hay cosmopolitas...
Esos son los más peligrosos, ya que les gusta disfrutar de
las páginas de su libro favorito, o aún peor ese libro
que no podrá encontrar en ninguna parte.
Trátelos con delicadeza
Los libros son muy importantes para la educación y el entretenimiento.
Enseñe a su familia cómo cuidarlos:
- No se debe leer un libro con las manos sucias.
- No se poner el libro en la boca.
- Jamás se debe mojar el dedo, para pasar la hoja.
- Trate de no prestar sus libros para fotocopiarlos, ya que al presionarlos
abiertos sobre la fotocopiadora, se afloja toda su estructura.
- No usar separadores demasiado gruesos, pues podría deshojarse
el libro.
- No es correcto doblar las páginas, para señalar
en qué punto suspendió la lectura.
- A la hora de leer el libro, es necesario respetar su ángulo
de abertura, no forzarlos. Es cierto que algunas encuadernaciones
no son muy funcionales, pero si no quiere que el libro se rompa,
no lo abra a 180°, si esto es imposible.n Usar el libro como
florero o baúl de los recuerdos, puede producirle manchas
y degradación del papel.
- Comer, beber o fumar cerca del libro lo expone a riesgos inmediatos
-como manchas y quemaduras- y de mediano plazo -restos orgánicos
dentro de las páginas, que causarán deterioros graves.
- No los olvide en el auto. Los golpes y el Sol los dañarán.
Después de todo es su libro y necesita de mucho cuidado.
- Refri con mal olor. para evitar que su refri se impregne de los
olores de las comidas, basta con que coloque un plato con bicarbonato
disuelto dentro de ella
- Bordes oscuros. para evitar los bordes oscuros en las hojas de
sus plantas, deje reposar el agua con las que las va a regar, durante
un día. Así perderá el cloro
- Azulejos sucios. si los azulejos de su cocina están llenos
de grasa, lávelos con vinagre caliente. Espere a que se sequen
y paséles un trapo limpio y suave.
- Macetas colgantes. si quiere evitar mojar el suelo, al regar sus
plantas, puede utilizar cubitos de hielo, en vez de una jarra. pero
hágalo sólo de vez en cuando.
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