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Sicópatas del rifle
HORROR
POR FRANCOTIRADORES
Mes tras mes, para muchos estadounidenses, el 2002 fue
el año en que se convivió con el miedo y
la angustia. Los francotiradores sembraron el terror en
los alrededores de Washington; el miedo cundió
en los patios de las escuelas y en los centros comerciales.
Nadie se sintió seguro, ni en su propia casa, hasta
que atraparon a los culpables.
Internacionales
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
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Detectives del
condado Frederick revisan el auto que los francotiradores
modificaron en la parte trasera, para apostarse,
tener mira telescópica y poder disparar
sin ser vistos ni oídos. Foto
AP
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LA POLICíA llegó a ofrecer una recompensa
de hasta 240 mil dólares por las pistas que llevaran
a la captura
Después de haberse cobrado la vida de diez víctimas
elegidas al azar y de haber mantenido en vilo a la población,
la madrugada del 24 de octubre las autoridades detuvieron
a los dos francotiradores, quienes dormían plácidamente
en el interior del vehículo desde el cual disparaban.
Al ex veterano de la guerra del Golfo Pérsico,
John Allen Muhammad, de 42 años, y su hijastro
John Lee malvo, de 17, se les encontró -al momento
de su detención- el rifle Bushmaster, con proyectiles
calibre .223, con el que perpetraron los asesinatos
en serie en Maryland, Virginia y Washington.
Muhammad ganó varias placas mientras estaba destacado
en el Ejército de los EE.UU. , entre ellas una
de tirador experto.
Antes de ser detenidos, los francotiradores realizaron
un intercambio de mensajes con las autoridades. El primer
mensaje escalofriante que se dio a conocer fue uno que
dejaron en una carta del Tarot en la cual escribieron
la siguiente frase: Queridos policías,
soy Dios. La carta fue hallada junto al casquillo
de bala frente a la escuela donde un niño fue
gravemente herido.
El pánico cundió. Se interrumpieron todas
las actividades al aire libre y nadie se atrevía
a salir de sus casas, hasta que los culpables cayeron
en manos de la justicia.
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El cuerpo de la
salvadoreña Sarah Ramos
. Foto AP
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Salvadoreña fue cuarta víctima
Eran las 8:30 de la mañana, cuando Sarah Ramos,
de 34 años, originaria de El Salvador, esperaba
el autobús en la avenida Connecti-cut, en Silver
Spring, Maryland.
De súbito, mientras leía un libro, sentada
en una banca, su cuerpo cayó de lado y empezó
a sangrar de la cabeza por causa de un certero disparo,
el cual también perforó el cristal del
negocio que estaba a sus espaldas.
Los sicópatas del rifle se habían cobrado
su cuarta víctima.
Los testigos que presenciaron el cobarde asesinato,
cubrieron el cuerpo de Sarah con una manta.
Según fuentes de la Policía, la fotografía
del crimen de la salvadoreña fue una de las imágenes
más aterradoras de las víctimas de los
francotiradores.
Preferimos no hablar, por el momento, dijo
a periodistas de El Diario de Hoy una de las familiares
de la señora Ramos, quien se ganaba la vida -como
muchos otros compatriotas en Maryland- limpiando casas.
Allen Muhammad y su hijastro John Malvo, quienes pusieron
en jaque a cientos de policías y detectives por
sus maléficos mensajes, su cuidadosa forma de
ocultarse y asesinar de un solo tiro a cada víctima,
ahora enfrentarán a la justicia y ambos podrían
recibir la pena de muerte.
Los asesinos LOS ELigieron aL azar.
Los asesinos del rifle eligieron a sus víctimas
al azar, mataban por deporte. El motivo era nada más
sobresalir, acaparar la atención, dijo
un jefe policial. Entre las víctimas está
la salvadoreña Sarah Ramos, cuya foto es la segunda
de derecha a izquierda.

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