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¡Otro
año sin Carnaval!
No
todo es alegría y diversión el día del
Carnaval. Existen cientos de personas que trabajan para asegurar
el éxito de la festividad.
Flor Lazo
Suplemento Carnaval
equipoweb@elsalvador.com
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Para reponer energías
después de bailar hasta de cabeza,
nada mejor que un suculento bocadillo.
Fotos diario de oriente/ Flor lazo
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Para que millares de migueleños puedan gozar y bailar
de lo lindo, en su tan esperado Carnaval, existen otros que
cambiarán los trajes de fiesta por sus uniformes o
ropa de trabajo.
La labor de estas personas servirá para garantizar
que todo resulte perfecto. Desde la música de las orquestas
o la quema de pólvora en las calles hasta la cobertura
de una emergencia o el servicio de bar o restaurante que brindarán
los locales de fiestas privadas.
Es un poco triste ver que todos están en las
calles celebrando y nosotros tenemos que estar de guardia,
patrullando para que la ciudadanía pueda disfrutar
con tranquilidad, dice el Walter González, miembro
del PIP-Com de la PNC migueleña.
Siete años
El agente tiene siete años de residir en San Miguel
y, desde entonces, no ha faltado a un tan solo carnaval. Claro
está que sus asistencias no son en plan de diversión
ni mucho menos, ya que González es uno de los cientos
de efectivos que la corporación policial despliega
para asegurar la seguridad de las fiestas.
En la misma situación del cabo González están
muchas otras personas que formarán parte del contingente
que hace posible las festividades. No hay que rebuscarse para
encontrarlos, pues estarán vestidos de meseros, socorristas,
técnicos de sonido, vendedores ambulantes, músicos,
operadores de audio, cantantes, médicos o enfermeras.
Uno de los casos más conocidos es el de los propietarios
de restaurantes o bares y su personal de servicio. Para los
primeros, ésta es una de fechas más importantes,
porque las ganancias superan a las obtenidas en el resto del
año.
Ese es el caso de don Felipe de Jesús Chávez,
propietario de los restaurantes de comida mexicana El
Paisa. De acuerdo con el comerciante, su celebración
se centrará en atender a los clientes que lleguen a
cualquiera de los dos locales situados sobre la Avenida Roosevelt.
Habi-tualmente cerramos a las una de la madrugada, pero
el día del Carnaval lo hacemos hasta las cinco,
dice.
Muchas historias
Sin embargo, para los trabajadores como Santos Rivas la historia
es diferente. El hombre es cocinero en una taquería
ubicada sobre la Roosevelt. Este año, como el pasado,
tendrá que quedarse en su trabajo en lugar de ir a
ver a sus artistas favoritos.
Con resignación Santos comenta que le gustaría
asistir con su familia a presenciar el desfiles de bandas
estudiantiles, el paso de carrozas alegóricas con las
bellezas migueleñas e ir a bailar al son de la música
de Oro Sólido o Niche, que estarán ubicadas
en el estadio Charlaix, a unos pocos pasos de su trabajo.
Mañana por la noche, cientos de personas más
también estarán sujetas a sus empleos o negocios,
y esto les impedirá vivir el Carnaval como lo dice
la canción de Paquito Palaviccini: Ni chele ni
prieto, ni hembra ni macho, ni alto ni bajo... todo es igual,
en San Miguel en Carnaval.
Los que trabajan durante el carnaval
- La mayoría de restaurantes y bares de la ciudad realizan
promociones especiales para atraer más clientes el
día del carnaval
- En la sala de emergencia del Hospital Nacional San Juan
de Dios se incrementan los casos de lesionados por arma de
fuego o cortopunzante, hasta en un 40 por ciento
- Los miembros de la PNC tienen que estar de turno y se prohíben
los días libres, vacaciones o permisos personales
- El día del Carnaval existen cientos de personas que
trabajan en los negocios de comida, puestos ambulantes, ruedas
mecánicas, tarimas de los grupos musicales, cuerpos
de socorro y otros.
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