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Los nómadas de la fiesta

De fiesta en fiesta todos los días del año. Para muchos, un sueño, pero quienes conocen ese mundo saben que no es tan fácil

Flor Lazo
Suplemento Carnaval
equipoweb@elsalvador.com

La expresión ‘estar de fiesta en fiesta’ no significa lo mismo para los nómadas. Foto EDH

Viernes por la noche. El campo de la feria municipal, ubicado en las instalaciones del antiguo local del Ministerio de Obras Públicas, está inundado de niños, jóvenes y adultos. Todos han acudido para divertirse y sentir el ‘subidón’ de adrenalina que proporcionan los juegos mecánicos. Otros, los más asustadizos, también acuden en busca de alguna golosina de las que sólo se venden en las fiestas patronales.

Unas horas más tarde, las luces, la música y algarabía que reina en el lugar se extinguirán para darle paso a la calma y a la quietud de la noche.

Pero no todos abandonan las norias. Decenas de personas que viven de la diversión ajena transforman ese lugar en su hogar temporal. Sus pertenencias no suelen ser muchas: pedazos de plástico o tela y un mobiliario compuesto por unas cuantas hamacas, dos o tres cajas de cartón y varias bolsas para guardar sus pocas pertenencias.

Jonathan Vásquez, de 18 años, comparte su improvisada vivienda, ubicada en el interior de un trailer, con cinco compañeros más que trabajan en una compañía de juegos mecánicos que recorre la mayoría de las ferias del país.

Un largo peregrinar

El peregrinar de Jonathan comenzó hace cuatro años, justo cuando las ruedas llegaron a su pueblo natal Zaragoza, situado en La Libertad. No necesitó meditarlo. Optó por abandonar el trabajo en las milpas para recorrer los pueblos y ciudades del país a cambio de un pago seguro que no sobrepasa los 2 mil colones mensuales.

Según este joven de tez blanca, no existe una diferencia significativa entre su antiguo trabajo y éste. Dice que visita su hogar una o dos veces al mes. Por ahora, lo único que lo motiva a continuar con su vida nómada es que, para ganar un poco de dinero, no depende de los designios de la naturaleza ni del precio de cotización de los granos básicos.

“Me costó acostumbrarme a estar lejos de mi familia, pero después a uno le hace falta viajar y ya no le gusta quedarse en la casa”, comenta con melancolía mientras afirma que a principios de año estuvo, por primera vez, fuera del país: “Fuimos con las otras ruedas a San Pedro Sula, en Honduras, y nos quedamos casi un mes... me gustó mucho esa experiencia”.

Poco a poco, Jonathan escaló posiciones hasta llegar a manejar ‘El Satélite’, una de las ruedas más veloces de la feria. Primero comenzó a operar los ‘dragoncitos voladores’ y los ‘ositos panda’, que son exclusivos para niños. A principios de año, su pericia y capacidad lo llevaron a ser uno de los responsables de las máquinas más complicadas.

Él no sabe qué hará en el futuro y sólo le interesa el día a día, aunque afirma que le gustaría establecerse en un lugar, casarse y tener hijos. A pesar de estos deseos, es consciente de que “con esta vida no se puede formalizar nada porque andamos de un lado para el otro, aunque esto lo compenso con las ventajas de un sueldo fijo y los seguros médicos y de accidentes que nos dan nuestros patronos”.


¿Dónde laboran los feriantes?

Desde hace dos años, la alcaldía realiza su Feria municipal en las antiguas instalaciones del MOP
- Está abierta al público todos los días desde las 10 am. hasta la medianoche, y no se paga entrada por el ingreso
- Todas las noches existen presentaciones de grupos nacionales
- El próximo domingo es el último día en el que permanecerá abierta
- En el campo de feria también hay locales de comida rápida, restaurantes, juegos mecánicos y zonas para la venta de artesanías

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