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Ron
Howard, director de Una mente brillante
Alicia miró la escena y se
puso a llorar
Los primeros en observar la película Una mente
brillante (A Beautiful Mind) fueron Alicia
Lardé y su esposo, el Dr. John Nash. A ambos los invitó
el director Ron Howard para que la miraban en una sala privada,
pues, al fin y al cabo, el film se trataba de la vida de ellos.
El Diario de Hoy
nacionales@elsalvador.com
Howard
contó al periódico El País,
de España, durante una reciente visita a esa nación,
que cuando ocurrió eso se encontraba muy emocionado
y nervioso.
Al principio, la pareja contempló el desarrollo fílmico
sin mayores problemas, hasta que una escena muy fuerte cambió
todo en esa sala.
En la película se reproduce el momento en que Alicia
interna a Nash en un hospital psiquiátrico, después
de perder la cordura.
Los médicos estimaron, en ese momento, que se le debía
realizar un tratamiento de insulina, el que, se suponía
en esa época, permitiría curarle las células
malas del cerebro y sustituirla por buenas.
En la película se observa a Nash cuando recibe el tratamiento,
que lo hace convulsionar en la cama. Cuando esa escena apareció,
Alicia comenzó a llorar, según lo cuenta el
director.
En ese momento, John Nash también volteó el
rostro, emocionado porque había pasado por esa
experiencia muy dolorosa de su vida, pero nunca la había
visto desde afuera.
Más tarde, el Dr. Nash pidió ver de nuevo la
cinta. Y la vio contento, porque se dio cuenta clara de que
era un filme y no una pesadilla de un pasado personal que,
de seguro, deseaba superar y olvidar para siempre.
Al escuchar al Dr. Nash, Ron Howard sonrió satisfecho.
El hombre poseedor de una mente brillante le brindaba el mejor
espaldarazo a su trabajo.
El genio retratado le rendía el mejor tributo al hombre
genial que, desde su admiración, lo había llevado
a las salas de cine del planeta y a la antesala de las mejores
películas de todos los tiempos.
La película
La producción cinematográfica trata del terrible
caso del doctor John Nash Jr, casado desde 1957 con la salvadoreña
Alicia Lardé. una ex alumna suya en la clase de física
del Instituto Tecnológico de Massachusetts.
Una mente sin par, dedicada de lleno a las complejidades lógicas
y matemáticas, se ve de pronto atacada por un mal terrible
e incurable en una época en que el conocimiento de
los intrincados vericuetos de la mente humana se encontraba
en pañales.
El viaje del Dr. Nash desde la brillantez de sus teorías
y exposiciones académicas, su paso de tres décadas
por los pabellones de la esquizofrenia y su restablecimiento
pleno, gracias a la entrega humanitaria y a la intuición
salvadora de una mujer.
Esos fueron los elementos que estimularon al director Ron
Howard para llevar a la gran pantalla la vida del ganador
del Premio Nobel de Economía de 1994.
El resultado fue el galardonado filme A Beautiful Mind,
cuyo título ha sido traducido al castellano como Una
mente brillante.
Camino de esperanza
Tras leer la biografía elaborada por la periodista
Sylvia Nasar y el guión cinematográfico adaptado
por Akiva Goldsman, Howard concluyó que su película
era un gran reto, en el que debía contar la tragedia
griega de la esquizofrenia a la par del rayo de la esperanza
representado por la salvadoreña Alicia Lardé.
Su versión de la premiada biografía de Nasar
ya sha recorrido el mundo. Su fuerza dramática y poética,
su capacidad de dirección y las actuaciones de sus
protagonistas, Russell Crowe y Jennifer Connelly, ya le han
merecido cuatro Globos de Oro y ocho postulaciones a los premios
Oscar de la Academia de Ciencias Cinematográficas de
Estados Unidos.
Howard, nacido en Oklahoma en 1947, se da la posibilidad de
soñar con acaparar aunque sea uno de los premios más
codiciados del cine occidental. Tal y como le expresara a
la periodista María García, del diario madrileño
El País, el premio que más le gustaría
es el de mejor película, que sería el primer
Oscar de su carrera en el séptimo arte.
Un Oscar para una carrera que ya ostenta varios éxitos
de taquilla, como Splash, Cocoon,
Far and away y Apollo 13, películas
que el público salvadoreño disfrutó años
atrás.
Espinas en la senda
Pero no todo ha sido buenas recepciones y premios en la travesía
de Howard y su filme por el mundo. También ha habido
diversos grados de crítica, la mayoría centrada
en las omisiones que la película presenta respecto
al libro de Sylvia Nasar.
Esos silencios se centran en una supuesta aunque nunca probada
tendencia homosexual del Dr. Nash, al igual que en el hecho
de que Alicia solicitó el divorcio de John cuando él
se perdió por varios años de su vida.
Pocas voces de protesta se han alzado por otros detalles del
filme, entre los que sobresale el que nunca se menciona la
nacionalidad de Alicia, nacida en la ciudad de San Salvador,
en 1933.
A esas acusaciones de autocensura, Howard responde de manera
categórica. Según él, A Beatiful
Mind busca contar la lucha de Nash contra la enfermedad
y el amor de su mujer.
Además, no hay base verídica para la supuesta
homosexualidad o la experimentación sexual de Nash.
Esos fueron elementos que aparecieron en una biografía
no autorizada por la familia Nash-Lardé.
Fuera de ello, el director estadounidense tampoco buscaba
que el público estableciera ningún tipo de relación
entre esos rumores de homosexualidad con las causas de la
esquizofrenia. Al fin y al cabo, como él mismo señala,
una película está hecha de muchas elecciones
artísticas y creativas.
Howard siempre consideró que el papel de Nash debía
interpretarlo el actor Russell Crowe, poseedor del buen gusto,
la inteligencia, el talento, el carisma y la integridad interpretativa
que el protagonista del filme demandaba. Y Crowe cumplió,
con creces, con las exigencias del realizador.
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