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Nash se confiesa

“En un momento de mi vida llegó la hora de mi cambio de la racionalidad científica de pensamiento a la característica de pensamiento ilusorio de personas que están siquiátricamente diagnosticadas como esquizofrénicas o paranoicas esquizofrénicas.


El Diario de Hoy
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Pero no voy, realmente, a intentar describir este largo período, para evitar lo embarazoso que esto resulta; simplemente, omitiré dar detalles de tipo personal.

Mientras me hallaba en el sabático académico de 1956-57, contraje matrimonio. Alicia había obtenido una maestría en Física, en M.I.T., donde nos habíamos conocido. Trabajaba en Nueva York, en 1956-57.

Había nacido en El Salvador, pero vino a los Estados Unidos muy joven y tanto ella como sus padres habían adquirido la ciudadanía estadounidense. Su padre era médico y ejerció en un hospital operado por el gobierno federal, en Maryland.

Los trastornos mentales comenzaron en los primeros meses de 1959, en un momento en que Alicia estaba embarazada. Como consecuencia, renuncié a mi cargo como miembro de la facultad en M.I.T. y, después de pasar 50 días bajo observación en el Hospital McLean, me refugié en Europa.

Más tarde pasé mucho tiempo en hospitales en Nueva Jersey, siempre de manera involuntaria y siempre intentando un argumento legal para que me dejaran en libertad.

Y sucedió que, habiendo estado suficientemente hospitalizado, yo podría, por fin, renunciar a mi hipótesis ilusoria y revertir el pensamiento de mí mismo como ser humano en circunstancias más convencionales y retornar a la investigación matemática.

En estos interludios de reforzada racionalidad, tuve éxito en hacer algunas investigaciones respetables en matemáticas.

Pero después de mi retorno a la hipótesis ilusoria parecida al ensueño, a finales de los 60, me convertí en una persona de pensamiento ilusorio, pero de un, relativamente, moderado comportamiento, por lo que tendía a evitar la hospitalización y la directa atención de los siquiatras.

De modo que, al presente, parece que estoy pensando racionalmente de nuevo, pero al estilo que es característico de los científicos.

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Un aspecto de esto es que la racionalidad de pensamiento impone un límite en el concepto de una persona de su relación con el cosmos.

Por ejemplo, uno que no fuese zoroastriano podría pensar de Zaratrusta, simplemente, como un loco que llevó a millones de seguidores tontos a adoptar el culto ritual del fuego.

Pero, sin locura, Zaratrusta habría, necesariamente, tenido que ser sólo otro de los millones de seres humanos que han vivido y que después han sido olvidados.

Estadísticamente, parecería improbable que cualquier matemático o científico a la edad de mi edad estuviera capacitado para realizar esfuerzos continuos de investigación, para agregar más a sus logros previos.

Sin embargo, todavía estoy haciendo el esfuerzo y es concebible que la brecha de casi 25 años de pensamiento parcialmente ilusorio me provea una especie de vacación, mi situación pueda ser atípica.

De tal manera que espero ser capaz de alcanzar algo de valor con mis estudios actuales o con nuevas ideas que puedan surgir en el futuro”.

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