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Entrevista
exclusiva
Alicia Lardé
Quise creer que algo extraordinario pudo ocurrir
(última parte)
Alicia
Lardé aclara mitos y verdades sobre su vida junto a
John Nash. Desautoriza la biografía escrita por Sylvia
Nasar y avala la película de Ron Howard.Según
dijo antes de partir a la ceremonia de entrega de los Oscar
El Diario de Hoy
escenarios@elsalvador.com
Alicia Lardé, la salvadoreña esposa de John
Nash, el matemático premio Nóbel de Economía
1994, es de hablar conciso y razonamiento claro. Conversar
con ella es como sumarle otra parte a la película que
cuenta la vida de ella y su esposo, "Una mente brillante".
Igualmente asombrosa, en su actitud revela un temperamento
fuerte y decidido. Una mujer voluntariosa aunque dulce al
hablar, logró sacar adelante su carrera en Ingeniería
Aeroespacial, en los años 50, ayudó a su esposo
y ambos vencieron, contra toda estadística, una enfermedad
implacable. Hoy, con 69 años mantiene su trabajo en
un instituto de informática, al que asiste tras un
viaje de cuarenta minutos en tren cada mañana. Jamás
ha abandonado la física y la ciencia exacta, pero tampoco
la fe de "creer que algo extraordinario puede ocurrir".
El Diario de Hoy (EDH): Usted y John se conocen en
el MIT. Él era su profesor, aunque era apenas cinco
años mayor. ¿Es cierto que era estricto y displicente?
No, no era. Pero sí era muy aplicado, muy dedicado
a la materia que estudiábamos.
EDH: ¿Es real la escena de la película en que
usted abre la ventana?
Aunque no lo tengo muy claro, puede ser que abriera la ventana,
pero no para hablar a los trabajadores. La película
es una ficción basada en una realidad, es adaptada.
EDH:¿Cómo era una clase de él, recuerda
alguna en especial?
Bueno este curso que tomé era Cálculo Avanzado
para Ingeniría, que era requisito. Teníamos
un libro lo seguíamos en las clases. No era lo que
se dice muy teórico sino más bien aplicación
para la ingeniería, para la física.
EDH:Doña Alicia en el libro de Sylvia Nasar y de alguna
manera y en la película también, la interpretación
que hace Jennifer Connelly, usted aparece como una mujer con
un temperamento muy fuerte y un poco desafiante, ¿usted
era así realmente, era esa muchacha de 20 años?
Uno de 20 años es más emocional. Pero les
quiero decir que el libro fue escrito independiente o sea
que no fue autorizado. Así es que mucho de lo que ella
ha escrito es de oídas, cosas que le dijeron, ella
oyó a otras personas y tomó notas, pero no es
la realidad . Ella se tomó bastantes libertades, oyó
ciertas cosas, no las corroboró y las escribió.
EDH:¿Usted nunca vio un borrador?
No, ella me había dicho que me iba a dejar ver el
borrador, pero al último momento, con su editora ya
tenían que tener el libro para publicarlo. No hubo
tiempo de que yo lo leyera. Aunque yo creo más bien
que fue porque sabía que si yo lo leía le iba
a quitar muchas cosas y ella no quería eso.
EDH:Pero Sylvia Nasar es su amiga...
Sí, nosotros nos comunicamos. Cuando se decidió
hacer la película, se optó por usar el mismo
título, yo debí haber dicho que no. Debería
haber imaginado que la gente iba a pensar que la película
podía ser como el libro porque era el mismo título.
Pero como dicen, uno ve para atrás y piensa que debería
haber hecho otra cosa.
EDH:¿Con la película sí está satisfecha?
La película nos encanta. Está muy bien hecha
no pretende ser otra cosa que lo que es. Es ficcionizada,
mucho de lo que pasa allí, por ejemplo de la enfermedad,
no es verídico, pero es típico de muchas personas
que tienen esa enfermedad. Ellos quisieron hacer así
una interpretación reuniendo distintas posibilidades.
EDH:¿Cuándo vieron por primera vez la película?
Ya estaba acabada, creo que la vimos en noviembre.
EDH:¿En dónde la vieron?
En Nueva York, Ron Howard, el director, nos proyectó
la película a unas pocas personas y nos encantó.
Él no sabía con certeza que nos fuera a gustar.
Estaba nervioso, pero nos encantó.
EDH:¿Participaron en el momento del rodaje?
Un día nos llevaron a ver lo que estaban haciendo
en la filmación. A los actores Russell Crowe y Jennifer
Connelly ya los habíamos conocido, porque quisieron
visitarnos antes de empezar a filmar. Aun antes de hacer la
película nos dieron a leer el guión. Pero Ron
no quería que estuviéramos en el set donde se
rodaba la película, porque no quería que los
actores se pusieran ansiosos. Dicen que cuando Ron Howard
hizo Apolo 13, los astronautas vivían allí donde
estaban haciendo la película y los actores se pusieron
nerviosos así es que esta vez dijo que era mejor que
no. Solo nos dejó ir un día.
EDH: Entonces ustedes sí han cosechado una buena relación
con los actores, ¿cómo son?
Russell Crowe es magnífico actor y Jennifer Connelly
es preciosa y actúa muy bien también. Ron Howard
es muy famoso y el escritor también es muy bueno, el
productor Ben Grazer y todos son un gran equipo. No es una
peliculita, es una gran película con gente muy reconocida.
EDH: Russel Crowe y Jennifer Connelly han manifestado públicamente
una gran admiración por usted y por John.
Así parece.
EDH: Sí, hay una cosa que me llama la atención,
y Ron Howard también lo reconoce, y es el parecido
físico de Jennifer Connelly con usted a esa edad.
Bueno gracias. Ella sí es muy bonita, pero es bien
alta. Creo que esta semana o la próxima edición
la revista Hola, en inglés Hello, donde publica unas
fotografías con Jennifer Connelly ahí se ve
que ella es un poquito más alta. (risas)
EDH: Ustedes irán a la entrega de los premios el domingo
24. ¿Quién los invita y cuáles son sus
expectativas?
Mire, la película está nominada para ocho
premios, por lo que creo que por lo menos se llevará
cuatro o cinco.
El señor Mayer nos envió las invitaciones. En
los Oscar es diferente a los Globos de Oro, donde los invitados
están en mesas, porque ahora es en un teatro, los que
reciben el premio están en los puestos delanteros,
nosotros estaremos atrás.
EDH: ¿Ha cambiado mucho la vida de ustedes desde que
en 1994 John recibió el Nóbel, luego lo del
libro y después la película?
Lo que cambió la vida fue el premio, después
vino lo demás. Claro que a muchos que ganan el Nóbel
no les hacen película, y eso se debe a que la enfermedad
atrajo mucho interés por darle más atención
al tratamiento de la esquizofrenia.
EDH: ¿Su vida es distinta ahora?
No, John trabaja en Princeton, vivimos en la misma casa,
yo trabajo en el mismo lugar. Muchas cosas bonitas han pasado,
conocimos gente interesante pero pues, fuera de eso, lo mismo
de todos los días, bastante igual.
EDH: ¿Cómo fue vivir y enfrentar la enfermedad
de John?
Yo creo que el público tiene ideas un poco diferentes.
En primer lugar hay muchas variedades entre la gente que tiene
esquizofrenia, hay casos más complejos que otros. El
caso de John pues no fue difícil, en la película
lo ponen más dramático por razones cinematográficas.
EDH: Ustedes se casaron en 1957 y tuvieron a su hijo en el
59. Entonces ya él tiene los primeros síntomas.
¿Cómo fue ese periodo?
Fue muy difícil. John se enfermó en un periodo
de dos semanas, fue muy rápido todo. Decidimos que
fuera al doctor y éste recomendó que fuera al
hospital para observación. Estuvo unas semanas en el
McClean Hospital en Boston. Luego viajamos, y tratamos de
seguir adelante, pero una vez que estas cosas se manifiestan,
es fácil. Hay casos que se complican.
EDH: Para ese momento usted trabajaba en aeronáutica.
Sí. Cuando regresamos de Europa fuimos a Princeton.
Allí yo trabajaba en RCA, como ingeniera espacial,
en cosas de satélites, como hacer fotografías,
recolectar información y ver lo que se podía
poner satélites que no eran muy grandes.
Ahora trabajo en programación de computadoras para
aplicación en negocios, como inventarios, cuentas,
esas cosas. Está en Newart, en New Jersey, cerca de
New York. Voy en tren unos 40 minutos.
EDH: ¿Cómo es un día promedio suyo?
Si es día de trabajo me levanto a las 6, me alisto
y salgo para el trabajo. Regreso en la tarde, a las 6:30 ya
estoy de regreso en casa para cenar. A veces voy al club de
MIT, de egresados. Los fines de semana siempre hay cosas por
hacer, visitar a amigos.
EDH: Y le gusta el cine
Me encanta. Siempre me ha gustado.
EDH: Ahora está en una película
Sí y muy buena, estoy muy satisfecha de ella.
EDH: ¿Cómo recibieron la noticia del premio
Nóbel?
Por teléfono. Un amigo le dijo a John el día
anterior que posiblemente podía recibir una llamada
de Suecia. Yo lo supe un par de días antes, porque
ese amigo me había dicho para que estuviera preparada,
no querían una sorpresa muy fuerte para John. Pasé
esos días estaba ansiosa, por guardar el secreto. Estar
luego en la ceremonia fue una experiencia magnífica.
EDH: ¿Qué pasó después?
Hubo fiestas y muchos homenajes.
Con El Salvador
EDH: ¿Cómo ve El Salvador?
Lo veo muy bien, está bastante calmado. Recuerdo
que cuando viene en 1986, después del terremoto, había
mucha tensión y mucha gente armada, del ejército
y la policía. Eso sí, ahora, nos invitaron a
la Embajada Americana y me llamaron la atención las
medidas de seguridad y cómo revisaron el carro. Antes
no era así. O será que nunca estuvo en la residencia
de la embajada.
EDH: ¿Viaja con frecuencia a El Salvador?
Mi mamá llegó aquí en 1984 y se quedó
aquí hasta su muerte. Ella está enterrada en
la cripta de la basílica de Guadalupe. Y el año
pasado murió también tía Dora. Yo venía
mucho por ellas. Veo bien el país, pero sé que
hay mucha gente que pasa por cosas difíciles, como
los terremotos, pero para alguien que viene en una visita
corta, lo veo muy bien.
EDH: ¿Qué le aconsejaría usted a los
salvadoreños con familiares cercanos, con problemas
mentales iguales o mayores, producto de la historia misma
de El Salvador?
Bueno yo pienso que, si es posible, las personas no estén
internadas. Lo más posible deben estar en sus casas,
con su vida normal. Ahora hay muchos medicamentos que ayudan
a hacer la transición del hospital a la casa. Hay que
darle a la persona enferma todo el apoyo que pueda sentir
confianza y apoyo. No mentir, simplemente como se haría
con cualquier persona. El afecto es muy importante.
EDH: Buscamos a su familia para ubicarlos . Lo intentamos
por muchas vías, hasta que finalmente logramos contactar
con Sylvia Walter y con Odette Lardé, gracias a ellas
pudimos armar este encuentro. Pero fue difícil.
Silvia es nieta de Alicia Lardé de Venturino, hermana
de tío Jorge, el papá de Jorgito Lardé
Larín, escritora reconocida en Latinoamérica.
A Silvia no la conozco directamente, vive en Inglaterra su
mamá era hija de tía Alice, se casó con
un inglés y últimamente Silvia descubrió
a los primos y ha buscado el contacto.
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