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Una
historia de entrega y dedicación
Didine Poma
Didine
Poma de Rossott ha sido feliz. A sus 95 años y condecorada
como una de las mujeres más distinguidas del país,
confiesa que sus mejores días son los que vive actualmente,
rodeada de la gente que la quiere. Su paso por
la vida y por el siglo que expira han sido fructíferos.
Con
la claridad de los recuerdos y el regocijo de una buena salud,
doña Didine Poma rememora su biografía, desde
los inicios del siglo, con imágenes en blanco y negro,
hasta la gracia que la acompaña en estos días.
Nació en 1904 en España, pero muy pronto -en
1907-viajó, junto con sus padres, don Bartolomé
Poma y doña María Magdalena Bottero, a América,
pues él había logrado un contrato como maestro
mecánico en el Garage Cooperativo
de México. Años más tarde -en 1916-y
debido a la situación política del país
norteamericano, doña Didine, su hermano Luis -recién
nacido-y la madre de ambos viajaron hacia El Salvador, en
donde los esperaba don Bartolomé Poma, quien había
iniciado el negocio del transporte y de los automotores.
En 1920, cuando se terminó de construir el Garage
Hudson, en donde se vendían automóviles
y repuestos de esa reconocida marca, Didine Poma, quien ese
entonces tenía 16 años, dejó el colegio
Francés y se incorporó, a tiempo completo,
a la naciente empresa de sus padres.
Imagínese, sin haber estudiado mecanografía,
yo escribía en la máquina de escribir los pedidos
(de automóviles o repuestos) que mis padres me dictaban,
rememora doña Didine.
Su hermano, Luis Poma, también la recordó con
el mismo entusiasmo y entrega en sus memorias inéditas:
Didine era nuestra tesorera, contadora, secretaria y,
en términos generales, la administradora del negocio.
LA ENTREGA
En 1924 viajó hacia Francia, junto con su madre y
hermano, quien iba a estudiar en un colegio internado de ese
país. Durante dos años, Didine aprovechó
para estudiar piano y pintura, que han sido dos de sus pasiones
en la vida; sin embargo, al poco tiempo, regresó al
país para trabajar nuevamente con su padre. Desde entonces
hasta el retiro de las empresas, dedicó sus energías
a ese esfuerzo. Desde ese momento, doña Didine
se convierte en la secretaria, asistente y la consejera de
toda una vida de don Luis Poma (su hermano), recuerda
su familia. Incluso, don Luis Poma expresaba, con frecuencia,
que jamás tomaba una decisión de gran trascendencia
y aún muchas de tipo personal sin escuchar la opinión
de ella. Mi hermana, la más sensata de
las hermanas, escribió él en sus memorias.
Doña Didine se casó en enero de 1949 con don
Miguel Rossotto Bosco, un italiano a quien había conocido
en Honduras. Sin embargo, cuatro meses después, el
Sr. Rossotto falleció inesperadamente en Italia, durante
una intervención quirúrgica.
Años más tarde, cuando ya la empresa de la
familia había sido la primera en Latinoamérica
en importar el primer automóvil japonés, ella
se retiró de los negocios, aunque siempre ha estado
cerca del legado. Ahora, desde la tranquilidad de su hogar,
confiesa que una de sus mayores satisfacciones fue haberles
ayudado a sus padres a desarrollar las empresas.
LOS FRUTOS
Su entrega, dedicación y destreza han sido algunas
de las virtudes que la han acompañado durante ese extenso
y florido camino. No obstante, ella tiene otros méritos:
Su amor por El Salvador se refleja en su largo involucramiento
en actividades de servicio social y humanitario, como presidenta
de las Muchachas Guías de El Salvador, como fundadora
de la Sociedad Protectora de Ciegos y miembro de Pro-Maternal,
organización que brindaba ayuda material a los recién
nacidos del Hospital Maternidad, como miembro fundador de
la Junta Directiva de la Fundación Poma y de la Fundación
Salvadoreña para la Salud y el Desarrollo Social (FUSAL),
en donde ha dedicado tiempo, mucha atención y considerables
aportes económicos, relata una de las revistas
de la empresa.
Esos son algunos de sus méritos. Ya al final del siglo,
en agosto de 1997, recibió uno de los reconocimientos
más notables que ha podido ostentar mujer alguna en
este país.
La Universidad José Matías Delgado les confirió
a ella y a doña Mercedes Madriz de Altamirano y a doña
María de Boet el Doctorado Honoris Causa en Humanidades,
por su desempeño y aportes al país. He
sido feliz. Estoy satisfecha con todo lo que he hecho. He
vivido y he aprendido, dice con humildad doña
Didine al final del camino, cuando los frutos ya han sido
recogidos.
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