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Rosa un volcán
Rosa Mena Valenzuela es una fuerza de la naturaleza, un puñado
de vitalidad en un cuerpo de metro y medio de estatura. Es
una pintora salvadoreña de estatura latinoamericana
Su
padre Juan Mena, era un abogado que tocaba ópera y
flauta como una orquesta para sí mismo. Su madre, Emilia
Valenzuela Barneond, era de origen francés. La hija,
Rosa Mena Valenzuela, nació en 1924.
Como casi todos los grandes pintores salvadoreños de
este siglo, Rosa Mena comenzó a pintar con el maestro
Valero Lecha. Era un hombre con las puertas abiertas
a todo aquel que quería aprender, recuerda ella,
una vez acogió en su academia a un campesino
descalzo de Apopa y lo transformó en un gentleman,
en Noé Canjura.
Rosa entró en la academia de Valero Lecha en 1959.
En 1960, el Director de Bellas de Artes, Salarrué,
la recomendó para una beca ofrecida por el presidente
de la República. Sin embargo, el hermano mayor de Rosa
Mena no la dejó ir. Tres años después
salió Rosa Mena, chaperonada, a recorrer Francia, Alemania,
España, Austria y el Oriente Medio. Sus recuerdos de
Jerusalén fueron al lienzo y, con esos cuadros ganó
el Premio República de El Salvador del
Certamen Centroamericano y del Caribe de pintura de 1964.
Sus recuerdos de viaje son expuestos en San Francisco, Chile,
Miami y, desde entonces, hace exposiciones anuales de las
2 mil obras que ha pintado.
En 1970 conoció al difunto pintor Rufino Tamayo, el
más mexicano y universal de los pintores y el más
universal de los pintores mexicanos. Tres años después,
Rosa Mena Valenzuela fundó su propia academia de dibujo
y pintura, donde se han formado algunos de los mejores pintores
jóvenes de El Salvador.
Año de la mujer
El año internacional de la mujer, 1975 fue pródigo
en homenajes para Rosa Mena; éstos llegaron de la Asamblea
Legislativa y la Universidad Nacional. Incluso se editó
un libro sobre su obra. La guerra desatada un lustro después
la marcó. Rosa Mena Valenzuela produjo entonces una
serie de obras que bautizó La guerra es un fuego
oscuro.
En 15 de junio de 1990, el gobierno de Francia la nombró
Chevalier de lordre des arts et des letter,
en una ceremonia realizada en la residencia de su embajador
en San Salvador. Entre sus actividades más recientes,
ella ilustró la antología del poeta y antipoeta
chileno Nicanor Parra, que se publicó en uno de los
Periolibros auspiciados por el Fondo de las Naciones Unidas
para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO)
y el periódico madrileño A-B-C.
El pasado octubre, cuando hacía mucho frío en
Madrid, ella se reunió con todos los pintores que participaron
en ese esfuerzo. En esa ocasión, Rosa Mena Valenzuela
fue entrevistada por la televisión española.
Otro salvadoreño presente era el maestro Carlos Cañas,
quien ilustró la novela Huasipungo, del
ecuatoriano Jorge Icaza. Actualmente, su trabajo es parte
de una muestra que recorre el continente y que, probablemente,
estará en El Salvador el 27 de febrero, junto a la
cantante Tania Libertad y la obra de 60 de los mejores artistas
de América Latina.
Esa es Rosa Mena Valenzuela, quien ve sus cuadros como sinfonías
y ha creado una nueva forma de pintar. Este año se
realizará una magna retrospectiva del fruto de 38 años
de pintura, desde 1959 a 1978.
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