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Los míos, los tuyos y los nuestros

En nuestra vida moderna, donde los divorcios son el pan de cada día, se producen los casos de familias ensambladas, aquéllas donde una persona convive con otra que ya tiene hijos de una relación previa.


Karen Funes


La formación de una familia inicia con la unión de la pareja, la llegada paulatina de los hijos y el establecimiento de un sistema familiar -basado en el parentesco-con pautas y reglas establecidas. Un hogar ensamblado no vive este proceso natural, y por ello los cónyuges tienen la difícil tarea de proveer los elementos necesarios para que la transición sea menos dura.

Los hijos son vulnerables ante las decisiones de sus progenitores, especialmente cuando no congenian con el nuevo padre, están confundidos en sus sentimientos con respecto a su progenitor biológico o un resentimiento con ambos por haber desintegrado “su” mundo.

Ellos no tiene poder de decisión, pero evidentemente deben ser tomados en cuenta al elegir nueva pareja. “Las mujeres toman decisiones precipitadas al elegir por creer que se quedarán solas, y a veces no es la mejor elección”, explica el Dr. Rafael Jule, médico psiquiatra y salubrista mental.

Cambios importantes

Los hijos reaccionan diferente ante una situación como ésta e influye su personalidad, comunicación con sus padres y, por supuesto, su etapa de crecimiento.

Según Jule, los mayores problemas se dan de los 4 años en adelante, pues están formando su personalidad y atraviesan una etapa de celos y rivalidad por su madre o padre.

Si llega un nuevo miembro, la rivalidad puede ser mayor tornándose agresivos en busca de atención. Terrores nocturnos, distracción, malas calificaciones y enuresis secundaria (vuelven a mojar la cama) son otras reacciones ante cambios.

En la adolescencia se manifiestan con más fuerza y pueden aislarse o manifestar celos y rivalidad hacia ambos padres. Las alianzas patológicas de la madre y el hijo -por defenderlo-pueden deteriorar la relación conyugal.
Los casos con hijos mayores de 20 no son tan comunes, pero en general ellos sienten derecho a decidir: las relaciones pueden romperse (cada quien hace lo que quiere) o ser permeables si se trata de jóvenes maduros. Otra opción es abandonar el hogar, independencia prematura o lo que es peor, precipitar matrimonios o uniones libres.

Escenario ideal


Jule explica que independientemente de la edad de los hijos, los padres no deben introducir de golpe al nuevo miembro en la familia. Deben conocerle, y él o ella tienen que ganarse su respeto y confianza. Por supuesto, los hijos deben saber qué papel juega aquella persona en su futuro y recibir una explicación y espacio para opinar.

Reconoce que la introducción del “nuevo padre” es más difícil en familias aglutinadas, porque otros familiares (abuelos o hermanos) pueden intervenir negativamente. Por ello deben aclarar los límites conyugales, paternales o fraternales.

El padre biológico es pieza clave para ayudar en un proceso armónico de acoplamiento. El deberá aceptar los cambios en su “ex familia” y dar un ejemplo de respeto y cortesía, signo de madurez que beneficiará sobre todo a sus hijos.

Es un mito dañino creer que los hijos “deben” aceptar de inmediato a un desconocido -pues no se ama lo que no se conoce-o que la mujer “debe saber” cómo tratar a hijos que no son los suyos. Todo es un proceso, y para llevarlo a feliz término debe existir ante todo respeto y mucha, mucha paciencia.

 

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