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Lo siento pero... “Soy gay”

Enfrentan la burla ya la discriminación, sin embargo, muchos deciden salir del “closet” y declararse homosexuales. La visión con respecto a este fenómeno ha cambiado bastante

El Diario de Hoy
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Muchos se lo guardan con recelo. Pocas, por lo general las amigas más íntimas, saben que a su compañero le gustan los muchachos de su mismo sexo.

El secreto es guardado como una joya en una caja fuerte, ya que la mayoría de jóvenes homosexuales tienen miedo a la discriminación o porque aún viven sus propios conflictos de definición.

En una sociedad como esta, para muchos es demasiado chocante ver a un hombre abranzándose y acariciándose con otro hombre.
De allí que muchos prefieren comportarse como hombres, aunque en su interior estén seguros de lo que quieren. Pero también están aquellos que deciden salir del “closet” (término con el que se conoce el acto de declararse gay) y aunque enfrenten críticas y muchas veces burlas, son felices.

Ante la pregunta entre tus amistades o compañeros de estudio ¿existe alguno que tu consideres que es homosexual?, una tercera parte de los jóvenes consultados por CID-Gallup afirmó conocer a alguien que creen que es homosexual o lesbiana.

Lo que si queda claro es que en el país es más frecuente conocer a homosexuales que a lesbianas.

Por mucho tiempo, se pensó que la homosexualidad era una enfermedad, un exceso de hormonas femeninas en un hombre o viceversa. Incluso, en la década de los setenta, los gays eran tratados inyectándoles hormonas masculinas para que “regresarán” al redil que les correspondía.

28% sí
Conoce a un joven homosexual - En tanto un
5% dijo conocer a una amistad o compañera de estudios que lesbiana. Es más frecuente conocer a un gay.

En tiempos recientes la psiquiatría y la sicología llegaron a la siguiente conclusión: la homosexualidad no es ninguna enfermedad, sino el resultado de un proceso de socialización, es decir, de la forma en que crecieron y fueron “construidos”.

La violencia intrafamiliar (abusos sexuales, físicos y psicológicos), familias disfuncionales (los que se crían sólo con la madre, el padre, o los abuelos) y otras relaciones con el entorno, influyen mucho en los niños-adolescentes al momento de definir su sexualidad.

Dicho de una manera más sencilla: nadie nace así, se hace.
A pesar de estas explicaciones, para muchos jóvenes, sobre todo aquellos que son cristianos practicantes (los que representante una gran mayoría en el país), el homosexualismo en una grave pecado, una “aberración”. Para ellos la única solución es el arrepentimiento.

Sin embargo, querer cambiar a un homosexual (ya totalmente definido) es muy difícil, pues, es una elección de forma de vida.
Adentro o afuera del “closet”, la decisión está tomada.



Rechazo

Cuántas veces hemos escuchado chistes acerca de homosexuales. O hemos observado como se burlan de ellos en las calles: “¡Hey!, se te salió la blonda del calzón”, “¡maricón, volteado!”.

Esta, sin duda, es la forma más grotesca de una discriminación que nadie niega. Sabedores de que aquel o el otro es gay, muchos de sus compañeros evitan sentarse a la par de ellos y muchos menos dirigirles la palabra.

A lo anterior, se le suma los problemas que viven en sus hogares los jóvenes homosexuales, ya que sus padres (educados a la mejor usanza machista) los rechazan y hasta los echan de las casas. Las madres y hermanas son las que proporcionan ese refugio emocional.

Diversos psicólogos aconsejan que a los homosexuales deben ser aceptados por sus familias y entornos, ya que más allá de su elección, muchos son buenos hijos y hermanos, buenos estudiantes, en fin lo que se espera de un hijo ejemplar.

“El hecho de que se homosexual no significa que sea de otro planeta. Es un ser humano que al igual que todos tiene sentimientos”, sostiene uno de los jóvenes entrevistados.
Además, ellos deben de gozar de todos los derechos (consagrados en la Constitución de la República) y vivir integrados a la sociedad como parte de ella y no al margen, como muchas veces sucede.

 
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