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Entre el optimismo y el recelo

La mejoría de la atención los motiva, toda vez que recuerdan el “calvario” de pasar consulta en el ISSS. A pesar de las bondades, temen de que ocurra lo mismo que pasó con las AFPS

Óscar Tenorio
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

La reacción es extraña, aunque cotidiana: Luego de conocer algunos detalles del nuevo Sistema Previsional de Salud, muchos ciudadanos actúan como que si se han ganado un premio: sonríen, conscientes de su fortuna, pero no terminan de creérselo.

¿Yo, un ganador?
¿O es al revés?


Lo que no terminan de entender es cómo recibirán una mejor atención por la misma cuota (cotización). Vuelven a sonreír, imaginándose entrar en los mejores hospitales del país, atendidos con primor y prontitud.

“¡Achís! -suelta un obrero en las cercanías de Catedral Metropolitana-, si es así, yo me voy a pasar rapidito”.

Posturas

La gente hace un ejercicio mental y trata de encontrar esa palabra que lo explique absolutamente todo: es una ganga, una bendición, un cuento de hadas o el inicio de una nueva era.

También están aquellos que aunque no conocen el nuevo plan, ni disciernen al respecto, la propuesta gubernamental “les suena” bonita, como que si se tratara de una composición musical.

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La reacción es común en un país en donde el ciudadano, en muchas ocasiones, “se deja ir” sólo porque todos corren en esa dirección. A veces, guiados por el chisme que en esta ocasión, tampoco ha faltado.

De lo que sí están claros, y eso se siente en carne propia, es de la mala atención que les brindan en el Seguro Social. “Imagínese -prosigue el obrero, Héctor-, que para que lo atiendan a uno, se tardan y se tardan. Si es para mejorar todo lo que quieren hacer, está bueno”.

Se despide, camina como media cuadra, y se regresa. Quiere que se lo repitan otra vez, quiere estar completamente seguro de que no va a perder: “Mire, pero de verdad, usted que está en la jugada, no nos van a cobrar más después...”.

Recelos

Esa inquietud es la que más carcome a los escépticos. Han escuchado la propuesta del gobierno, de sus bondades, pero “hay algo que no les cuadra”.

Benjamín, un especialista en sistemas informáticos, es quien mejor resume esas posturas: “La percepción que yo tengo, según lo planteó el Presidente de la República, es buenísima. Lo que no entiendo es cómo con la misma cuota, que sirve para una mala atención en el ISSS, me van a atender mejor en otro lado. La empresa privada nunca pierde”.

Aunque en el fondo, más allá de sus inquietudes, Benjamín, al igual que Héctor, está optimista.
Sin embargo, la percepción entre ellos, y cientos de empleados más, es la misma: ven el nuevo Sistema Previsional de Salud como lo que ocurrió con las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFPs).

“Al principio nos vinieron a hablar bien bonito, que esto que lo otro, y con el paso del tiempo incrementaron las cuotas. Eso estaba en la ley pero no nos dijeron”.
De allí que la alegría sea reconfortante. Y la desconfianza, legítima.

Están contentos pero no lo terminan de digerir. Las mismas preguntan persiguen a muchos: ¿Y como es quE me van a atender mejor y voy a seguir pagando lo mismo”, ¿sólo va a ser así al principio?

 

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