El testigo que ganó una isla
Heriberto Avilés nunca soñó con ser
un nombre importante en la historia de El Salvador. Sin embargo,
desde 1992 lo es. Hace 10 años, este agricultor originario
de Meanguera del Golfo viajó a La Haya para ayudar
al país a demostrar que esa isla siempre ha sido salvadoreña
Sarah Currlin
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Se sienta en su hamaca y recuerda: un largo viaje, un fuerte
compromiso y un servicio a la Patria. Heriberto Avilés
sabe que jugó un papel importante en las sesiones de
alegatos que El Salvador y Honduras tuvieron ante la Corte
Internacional de La Haya para dirimir su legendario diferendo
limítrofe.
Según los reportes de la época, el testimonio
de este campesino de 58 años impresionó mucho
a los jueces. Un hombre sencillo se sentó ante ellos
y habló de la isla que conocieron sus padres y abuelos.
Los jueces comprendieron que la isla es tan salvadoreña
como ese hombre que les habló.
El Diario de Hoy: ¿Cómo lo conocieron
y lo contactaron para servir de testigo?
Heriberto Avilés: Vino una comisión del
Ministerio de Relaciones Exteriores a hacer una investigación
y a hablar con ancianos.
Cuando llegó esa comisión a la alcaldía,
platicaron con el alcalde y los que estábamos allí,
y vieron que yo podía dar mejor detalle que los ancianos,
de cosas que me habían contado mis abuelos y otras
personas.
Me dijeron: ¿A usted le gustaría ir a
Holanda?. Respondí: Toda vez que sea en
defensa de mi pueblo, voy donde quiera.
En enero de 1991 me llegó la invitación formal
para que me presentara al ministerio.
¿Qué sintió cuando llegó la fecha
del viaje?
Bueno, no dejé de preocuparme. Al principio yo sentía
alegría porque tenía fe de que podía
colaborar en algo, en defensa del territorio, principalmente
de nuestra isla y el Golfo de Fonseca. Eso me dio fortaleza,
pero sí me preocupé cuando me dijeron que iba
a viajar solo.
Y es un viaje bien largo...
Sí, además iba a transbordar líneas
aéreas. Pero me dijeron que allá iba a haber
contactos. Por ejemplo en Miami me iba a esperar el cónsul,
en Frankfurt, Alemania, iba a estar alguien de la cancillería
salvadoreña esperándome y también en
Holanda, en Amsterdam. Y entonces yo iba con toda confianza.
¿Usted sabía de la importancia de su presencia
en la corte de La Haya?
Claro que sí. Yo lo hacía por la defensa de
mi pueblo.
¿La comisión le había explicado todo
lo del conflicto con Honduras?
Sí, que Honduras nos quería quitar la isla.
Incluso habían venido a Meanguera periodistas de Honduras
y salió un reportaje de un diario de Honduras donde
mostraba el lugar donde está el apostadero naval. Antes
allí sólo había una casita pequeña
y le pusieron la carcacha, ofendiendo el puesto
de la Marina. Entonces, todo lo que estaba pasando ya era
noticia.
¿Y cómo fue su presentación ante la
Corte?
Me preguntaban qué podía aportar yo al respecto.
Me preguntaron sobre la dimensión de la isla, qué
conocimiento teníamos nosotros de que esta isla nunca
hubiera pertenecido a Honduras. Me preguntaron la edad de
algunos señores que yo conocía y yo llevaba
documentos como partidas de nacimiento de personas de la isla
nacidas en 1890 y por ahí. Eran partidas salvadoreñas,
asentadas en La Unión. Esas cosas eran para que las
personas de la Corte supieran que era un testimonio fehaciente,
sin nada de mentira, y creo que sirvió de mucho.
¿Y cuando la corte al fin dio su fallo, le avisaron
o cómo se enteró de la decisión?
Me enteré a través de los periódicos
y, cómo aquí éramos noticia, el diario
nos llegaba más a menudo. Porque desgraciadamente,
nos gustaría que supieran que nosotros como salvadoreños
no tenemos noticia, ni escrita, ni televisada, ni de ninguna
manera, sobre nuestro país, sólo de Honduras
y Nicaragua.
¿Cree que Honduras aún tiene pretensiones con
el Golfo?
Creo que ellos piensan en el Golfo de Fonseca, ya no en la
isla. Piensan en el golfo porque es un lugar estratégico
para los barcos que entran en su territorio.
Cuando a los pescadores hondureños los captura la
Fuerza Naval cerca de esta isla, parece como si ellos se sienten
con un derecho, porque no quieren perder ese derecho del Golfo
de Fonseca.
Fiesta en el Golfo
El 11 de septiembre de 1992, parecía que Meanguera
del Golfo estaba celebrando la Navidad.
Heriberto Avilés recuerda que, al conocer del fallo
de La Haya, que confirmaba la posesión salvadoreña
sobre esa isla del Golfo de Fonseca, estallaron los gritos
de alegría, la música, los petardos y la celebración.
Nosotros sabíamos bien que como isleños
éramos salvadoreños, esa era una convicción,
una cosa de conciencia de nosotros; pero por medio de la ley,
no sabíamos a fondo y ya cuando se dio el fallo, entonces
sí gritábamos de alegría.
Solidarios
Sin embargo, había un detalle que lograba empañar
a ratos la celebración: El Salvador había perdido
los bolsones del norte del país en el fallo.
No podíamos dejar de sentir lo que estaba pasando
en otro lado del país. Se perdió bastante territorio
allí, recuerda Avilés.
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