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Conexión San Salvador
Alexei huyó del país; lo busca interpol
Esta
historia periodística fue publicada en la revista Ahora
en mayo de 2001. Se basa en Alexei Olegovich, acusado miembro
de la mafia rusa. Para ese hombre trabajó la canadiense
Lynne Ternosky, una mujer de 52 años, vinculada a CINTEC
y propietaria de una oscura sociedad anónima que resultó
ganadora de la licitación privada que hicieron los
10 alcaldes del FMLN, para solucionar el problema de la basura.
Ternosky fue expulsada del país. Este reportaje fue
escrito por Marvin Galeas.
Nacional
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
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Lynne Ternosky ofreció
ayuda al ruso que tenía pasaporte salvadoreño
falso. Foto EDH
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Una nublada mañana de mediados de 1995,
un sujeto del tipo caucásico, bastante alto, y de unos
30 años de edad, se presentó al consulado salvadoreño
en Ginebra, Suiza.
Luego de una entrevista con el cónsul honorario de
El Salvador en esa ciudad, el ciudadano suizo Kart Burkhardt,
el sujeto se retiró con una sonrisa de oreja a oreja.
Llevaba en su bolsillo un pasaporte salvadoreño con
el número 598399.
Ese tipo de gestiones son normales en cualquier oficina diplomática
de El Salvador en el mundo, sólo que esta vez la gestión
para obtener pasaporte salvadoreño la hizo un ruso
nacido en Moscú, que no tenía la menor idea
de dónde está ubicado nuestro país.
A principios de la década de los 90 llegó a
Ginebra, procedente de Moscú, un ex mesero de nombre
Sergei Mijailov. Se instaló en una modesta habitación
mientras realizó todas las gestiones para obtener un
pasaporte centroamericano.
En poco tiempo Mijailov era uno de los hombres más
ricos en los altos círculos ginebrinos. En 1996 fue
capturado y acusado de ser el jefe de una de las más
poderosas bandas de delincuentes de la Rusia actual.
Al momento de su captura, Mijailov era propietario de un hotel
en Budapest, una empresa de exportación platanera en
Costa Rica y negociaba contratos por más de 350 millones
de dólares. Éste viajaba por el mundo con un
pasaporte diplomático de Costa Rica.
La leyenda de Mijailov hizo que numerosos rusos viajaran a
Ginebra para obtener pasaportes extranjeros y viajar por el
mundo sin el nerviosismo que siempre han generado, en oficinas
de aduana. Antes como sospechosos de la KGB, ahora de pertenecer
a la mafia.
Alexei Olegovich fue uno de esos rusos que llegó a
Ginebra para obtener un pasaporte centroamericano. De acuerdo
a fuentes policiales, el documento le fue vendido por el entonces
cónsul honorario de El Salvador en esa ciudad por 25
mil dólares.
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Precisamente en 1996, el mismo año en
que fue capturado el mafioso Sergei Mijailov en Ginebra, la
Policía Antidrogas Norteamericana (DEA) aprehendió
en Estados Unidos a Burkhardt, cuando éste se disponía
a sacar de ese país 2 millones de dólares.
La Policía norteamericana asegura que el dinero sería
lavado en una red financiera que tenía su base en Suiza,
pero que se extendía a todo el mundo.
Luego del colapso del campo socialista y de la desintegración
de la Unión Soviética, a Rusia se le presentaron
dos opciones: regresar al Zarismo o transitar al capitalismo.
En su historia, jamás conoció ni la democracia
ni la economía capitalista. Pasó directamente
de los zares a la dictadura comunista, pues éstos estaban
muertos y los capitalistas no existían. Había
que crear capitales y capitalistas.
Desde occidente llegaron las inversiones.
Las calles y avenidas de Moscú se llenaron de McDonalds,
Blockbusters, Pizza Hut, etc. Muchos rusos escogieron los
caminos ilícitos para convertirse en capitalistas.
Surgió la mafia rusa. Diferente a la mafia italiana,
que es una sociedad secreta, la rusa está ligada a
los burócratas, militares y políticos.
En pocos años la mafia rusa ha pasado a ser la más
poderosa del mundo. Controlan redes inmensas de lavado de
dólares, tráfico de armas y de drogas, de juegos
y prostitución a lo largo y ancho del mundo.
Los italianos viajan por el mundo sin mayores aprehensiones.
Numerosos mafiosos de este país se hacen pasar como
hombres de negocios y nada los molesta en los aeropuertos.
Sin embargo, los rusos, aunque no sean mafiosos, siempre resultan
sospechosos.
Por esa razón los mafiosos rusos se ven impelidos a
obtener pasaportes extranjeros de cualquier país del
mundo... incluyendo, por supuesto, El Salvador, una nación
con una privilegiada posición geográfica, con
leyes blandas y con deficientes medidas de seguridad migratoria.
En mayo de 1995, el comerciante usuluteco José Ruget
se presentó a las oficinas de Migración en El
Salvador para solicitar su pasaporte. Las autoridades se lo
extendieron sin problemas; el comerciante había presentado
todos sus documentos en orden. Lo que llamó la atención
de las autoridades es que en los últimos tres meses
había solicitado un pasaporte por mes; ya antes había
solicitado uno.
El de abril fue el cuarto. El número del pasaporte
que Alexei Olegovich obtuvo en Ginebra.
Para 1998, José Rurico Ruget González había
solicitado nueve pasaportes. La Policía lo detuvo el
8 de diciembre de 1998. El interrogatorio fue de antología:
¿Por qué solicita usted pasaportes con
tanta frecuencia? dijo el policía.
Porque extravío con frecuencia mis documentos
dijo Ruget figúrese que hace poco me abrieron
el carro en el parqueo del mercado, me robaron muchas cosas,
incluyendo mi pasaporte que recién me lo acababan de
dar.
Qué raro que pierda tan frecuentemente sus documentos,
comentó el policía.
Sí. Es una casualidad, dijo Ruget.
La Policía acusó a José Ruget, nacido
en Jiquilisco en 1965, el mismo año que el ruso, de
falsedad material e ideológica, falsificación
de sellos y marcas oficiales y uso de documentos falsos. Sin
embargo, Ruget fue puesto en libertad.
Se intentó contactar a José Ruget en Jiquilisco,
pero sus familiares dicen que está lejos.
Nadie sabe a ciencia cierta qué hizo Alexei Olegovich
con el pasaporte salvadoreño; lo cierto es que el documento
se venció y el ruso tuvo que revalidarlo de urgencia.
El 5 de junio de 2000, Olegovich se presentó nuevamente
al consulado salvadoreño en Ginebra, Suiza. Pero esta
vez ya no estaba Kart Burkhardt, sino el diplomático
salvadoreño Rafael Hernández Gutiérrez.
Hernández Gutiérrez no podía entender
una sola palabra de lo que el salvadoreño
decía. Y no entendía por qué el sujeto
hablaba en ruso.
Tuvo que valerse de un traductor para hacerle preguntas sobre
Jiquilisco, su supuesta tierra natal. El ruso, como era de
esperarse, no sabía absolutamente nada sobre El Salvador
y menos sobre Jiquilisco.
Hernández decidió no extenderle la revalidación
del pasaporte y aconsejó al ruso viajar
a San Salvador para realizar el trámite.
Increíblemente, el ruso viajó a San Salvador
para realizar la gestión por la urgencia que tenía.
Olegovich ingresó a territorio salvadoreño el
25 de agosto. Dos días después, numerosos y
morenos salvadoreños se sorprendieron al ver un enorme
hombre chele haciendo cola con ellos para obtener pasaporte
en la Dirección General de Migración.
Lo que el ruso no sabía es que en las oficinas de Migración
lo estaban esperando agentes de la División de Fronteras
de la Policía Nacional Civil, quienes ya habían
sido alertados.
El ruso fue capturado por portación de documentos falsos.
El interrogatorio de rigor no se podía hacer, porque
él no hablaba ni inglés ni español.
Extrañamente, tres horas después de la detención
del ruso, llegó ante la Policía una mujer canadiense,
Lynne Ternosky.
La mujer dijo ser una traductora con dominio del idioma ruso.
(Nota del editor: ésta es la mujer propietaria de una
sociedad anónima que ahora aparece vinculada con la
empresa canadiense CINTEC).
Luego un juez le asignó un abogado y le ordenó
pagar una fianza de 400 mil y medidas cautelares mientras
el juicio se depuraba.
El ruso tenía que presentarse, por orden del juez,
cada viernes ante un tribunal. Olegovich dijo estar dispuesto
a pagar la fianza de inmediato.
De pronto, el juez Nicolás Mejívar, de acuerdo
con fuentes del Ministerio del Interior, redujo la fianza
de 400 mil a 200 mil colones.
Poco después, Menjívar ordenó que le
devolvieran al abogado del ruso los 200 mil colones que se
habían pagado como fianza.
Un viernes, Alexei Olegovich no se volvió a aparecer
nunca más. Se había fugado por algún
punto ciego de la frontera terrestre.
Por el aeropuerto no podía ser, dicen las autoridades
porque estábamos prevenidos.
Hace unas semanas, los cables noticiosos informaron que Alexei
Olegovich había sido detenido en Chipre. La información
luego fue desmentida. Lo cierto es que Olegovich es buscado
por la INTERPOL en todo el mundo..
La canadiense Lynne Ternosky, quien sirvió de traductora
al ruso, fue deportada con la orden de no dejarla entrar nunca
más al país.
Resulta evidente que Alexei Olegovich contó, durante
su estadía en San Salvador, con una mínima estructura
que le permitió desplazarse por la ciudad, a pesar
de las dificultades del idioma.
El caso del ruso pone en evidencia que San Salvador es un
importante punto de encuentro y puente para las más
siniestras mafias mundiales.
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