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Una
lección de rectitud
No
creo que la Navidad sea para buscar a Jesús, sino para
celebrar que supimos
encontrarlo en cualquier momento. Y es que a Él no
hace falta buscarle, está en cualquier momento y lugar,
sólo hay que estar receptivos para reconocerle.
elsalvador.com
El Diario de Hoy
Fue
hace un par de años en vísperas de aquella nochebuena,
me encontraba yo en una juguetería, compraba un regalito
de última hora. A la salida, un canillita
de no más de diez años me preguntó: "¿Quiere
que le regale un periódico?". ¿Y por qué
me lo ibas a regalar?, le dije un poco sorprendida. "Porque
un señor me lo pagó y me dijo que me quedara
con él", contestó. No acepté y hubiera
querido superar en generosidad y creatividad a ese señor,
pero no se me ocurrió otra cosa más que hacer
lo mismo que él, así que insistí en pagárselo,
para después volver a decirle que se lo quedara. El
niño, que no había entendido el primer detalle,
estaba sorprendido de que le pasara dos veces seguidas algo
"tan extraño", más sorprendida me
sentí yo de observar tanta pureza donde menos se espera.
No sé cuántos periódicos tendría
que vender para que las comisiones sumaran el valor de un
periódico, tampoco sé cuántos para ganarse
el alimento de ese día, y me imagino que él
tampoco lo sabía, ni parecía importarle mucho,
no porque no lo necesitara.
Quién sabe también cuántos periódicos
tendría que vender para que lo visitara Santa, aunque
fuera con el más pequeño obsequio de todos los
que salían por esa puerta; cuestión que él
ni siquiera se había planteado, y no porque no le hiciera
ilusión que Santa le visitara.
A veces he dicho que en las condiciones precarias de vida
que son habituales en amplios sectores de la población,
no es que se pierdan los valores, sino que hay pocas oportunidades
de adquirirlos desde niños; porque a lo único
que se aspira es a sobrevivir cada día y sus valores
derivados son todos aquellos que la hacen posible.
Por eso, no es tan fácil que la verdad anide como valor
fundamental, cuando muchas veces el engaño llega a
ser más útil para la supervivencia. En
esas mismas condiciones no es tan fácil que la rectitud
impere, cuando a menudo supone un obstáculo más
para sobrevivir.
Pero ello debe interpretarse en forma general, porque es reconfortante
comprobar que sería un error entenderlo al pie de la
letra. Y más reconfortante resulta en Navidad.
Sigamos el ejemplo
El niño de esta historia tenía ya edad suficiente
para haber aprendido la difícil compatibilidad que
en ocasiones hay entre la supervivencia y los demás
valores fundamentales y, sin embargo, hizo toda una exhibición
de rectitud, llevándola hasta mucho más allá
de lo socialmente aceptable.
Aunque no hubiese entendido el mensaje del otro señor,
nadie le iba a pedir explicaciones por esos dos colones extra
que tenía en el bolsillo, y que, con seguridad, necesitaba
para comer; pero lo único que le preocupaba es que
no los había obtenido mediante una transacción
justa, es decir, un periódico a cambio de su valor
económico, y tenía que restablecer la justicia
de la forma que fuera.
En realidad, el niño mostró en un sólo
detalle toda una colección de valores no tan fáciles
de encontrar, incluso en otros estratos sociales donde la
supervivencia está asegurada y no existe esa incompatibilidad
con ellos.
Mientras la gente salía de allí llena de juguetes
que en muchos casos sus destinatarios abrirían sin
especial ilusión, para después guardarlos como"un
juguete más", el menor continuaba en su faena,
inadvertida por la mayoría.
Muchos ni siquiera le podían ver porque se lo impedía
el tamaño de los regalos que llevaban. Decenas de esas
personas ya habrían comprado, o lo seguirían
haciendo para celebrar la Navidad, porque muchos así
buscan el espíritu de la Navidad, buscan y buscan sin
encontrar.
No creo que la Navidad sea para buscar a Jesús, sino
para celebrar que supimos encontrarlo en cualquier momento.
Y es que a Él no hace falta buscarle, está en
cualquier momento y lugar, sólo hay que estar receptivos
para reconocerle.
Es probable que miles de personas busquen al niño Jesús
sin éxito la noche del 24, por no saber reconocerle.
Aquel día, en la juguetería, casi nadie se percató
de que el niño Jesús estaba... justo ahí,
vendiendo periódicos, o mejor dicho, regalando uno
de ellos con un mensaje para el que lo quisiera entender.
Colaboración
Dra. Margarita Mendoza-Burgos, Psiquiatra Infanto-
juvenil y General
Tel: 263-4224 / 275-4544
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