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Con
calor familiar
La
Navidad es época de dar amor y de compartir. Y si lo
que en verdad celebramos es el natalicio de aquel hombre que
fue todo entrega y sacrificio por la humanidad, ¿no
cree que lo mejor es celebrar en familia y olvidar los malos
entendidos que se dieron a lo largo del año?
elsalvador.com
Mireya A. de Urquía
El Diario de Hoy
Decorar el hogar, cocinar el pavo y reunirse en la mesa para
celebrar las fiestas es el sueño ideal. Por desgracia,
en muchas familias donde a lo largo del año se han
dado malos entendidos e incluso agresiones entre los miembros,
es algo imposible.
La Navidad es tiempo para amar, soñar, compartir, realizar
deseos e ilusiones. Con cuánta alegría esperamos
ese día para estar juntos con la familia y los amigos
con quienes discutimos lo bueno y lo malo, lo fácil
y lo difícil que pasamos durante un año más
que se va.
En estas fechas, nuestro lado sensible cobra fuerza y nos
hace buscar la paz espiritual. Es un tiempo de reconciliación,
de perdón, es decirle a aquellos con quienes tuvimos
dificultades que como humano fallamos, pedirles perdón
y ofrecerles: quiero ser mejor.
Pero no sólo en Navidad deberíamos reanudar
las relaciones que por uno u otro motivo se vieron interrumpidas,
sino tratar de olvidar los rencores y perdonar durante todo
el año.
De acuerdo con la licenciada Beatriz Huezo, lo que ocurre
es que durante esa época hay más nostalgia de
los momentos felices que se vivieron en familia. Quizá
sería bueno recordarlos y reflexionar que también
necesitamos el cariño de los abuelos y de los hermanos
en ese tiempo.
Según la profesional, es bueno reconocer la importancia
de los otros parientes y no limitarse a que el grupo familiar
sólo son mamá papá y los hijos, pues
somos gregarios. Además, si un padre guarda resentimientos
por alguna cosa trivial que ocurrió, debe admitir que
los demás no tienen que pagar por esos rencores.
Si alguien es familia por apellido, sangre o cercanía
es vital que se busque la proximidad. Y si como adultos no
nos atrevemos a hablar, sí debemos permitir que lo
hagan los niños, que los jóvenes tengan gestos
de atención y no negarles la oportunidad de dar afecto,
expresa Huezo.
Vías indirectas
Es recomendable analizar si a la familia, a los hijos y demás
parientes esa situación de resentimiento les afecta.
También es importante no negar los hechos cuando alguien
pregunta, por ejemplo si un pequeño cuestiona el no
visitar a alguien.
Es válido aclarar que no se trata de hacer una tregua
en esta época y durante el resto del año seguir
en las mismas. Más bien debemos preguntarnos qué
tanta importancia tuvo lo que nos llevó a esa situación
de rencor y qué tanto vale.
Para lograr resultados lo principal es quitarnos el
orgullo. Dar el primer paso es una satisfacción personal,
que el otro corresponda debe verse como ganancia, como aquello
que me va a permitir avanzar como persona, refiere la
entrevistada.
Si no se ven resultados positivos y hay más personas
involucradas lo mejor es esperar el momento oportuno. Hay
situaciones en las que no se puede llegar de frente porque
vuelve a encender la chispa y por eso se deben buscar vías
indirectas, como enviar una tarjeta o un regalo, tal vez no
económico.
Si la dificutad que se tuvo causó un daño significativo,
no es bueno entrar directo. Lo mejor es propiciar un acercamiento
cuando se dan situaciones que incumben a toda la familia,
como de salud. Es decir que los unan intereses comunes.
Comencemos por vencer el orgullo y valorémonos unos
a otros. Dar un abrazo no cuesta nada, en cambio eleva nuestra
autoestima y además nos une, aleja el rencor y nos
permite disfrutar de la magia de un cálido momento
que cumplió su función de unirnos y de volver
a empezar.
Fuente: Lic. Beatriz Huezo, del Instituto Salvadoreño
para el Desarrollo de la Niñez y de la Adolescencia,
INSA.
También en la oficina
Las situaciones de rencores y malos entendidos también
se dan en las oficinas, por lo que limar las asperezas en
el lugar de trabajo debe ser un afán diario.
Al final los compañeros vienen a ser una familia, con
ellos se comparten ocho horas al días, se ríe
y a veces hasta se llora. Cada uno tiene una forma particuar
de ser, y debemos aceptarlos tal como son.
Botar un poco los rencores o posiciones de despotismo es uno
de los primeros pasos. Para eso es muy saludable reunirse
con cierta frecuencia y recordar que no sólo debemos
ser solidarios en momentos de dolor, sino que debemos conocernos
y compartir.
Cuando hay diferencias ceder es quizá lo más
difícil, pero también es una gran satisfacción
personal. Realizar alguna actividad en conjunto es una buena
estrategia, pero lo primordial es verse como equipo de trabajo.
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