Sandy y el horror de una “megatormenta”

En menos de una semana azotó y paralizó la zona este de Estados Unidos y dejó perdidas por $60,000 millones. Al menos 369,000 estadounidenses fueron incapaces de acudir al trabajo esos días, una cifra sin precedentes

El huracán “Sandy”, que provocó más de 250 muertos en el Caribe y EE.UU., pasará a la historia meteorológica por haberse convertido, justo cuando perdía fuerza y al unirse a un frente frío, en la más devastadora megatormenta atlántica.

Como huracán, Sandy nunca llegó a superar la categoría 2 sobre un máximo de 5 en la escala de Saffir-Simpson, aunque azotó con furia Jamaica, Haití, República Dominicana, Cuba y las Bahamas a finales de octubre.

Pero entrará en la historia por lo que ocurrió justo después de que perdiera fuerza de huracán, cuando tocó tierra sobre Nueva Jersey, al noreste de Estados Unidos, ya mezclado con un frente frío que le ayudó a convertirse en una “supertormenta” de más de 1,500 kilómetros de diámetro.

En lugar de seguir el rumbo habitual de los huracanes hacia aguas abiertas del noreste una vez que atraviesan el Caribe, el frente procedente de Groenlandia cerró el paso a Sandy y lo desvió hacia el interior de EE.UU.

Su enorme amplitud, la coincidencia con la luna llena y su lento desplazamiento causaron estragos. Los meteorólogos estimaron que 20 horas antes de tocar tierra, “Sandy” tenía el tamaño de una quinta parte del territorio continental estadounidense y provocaba un oleaje superior a cuatro metros en cerca del 1 % de toda la superficie oceánica del planeta.

El 30 de octubre, a 10 horas de tocar tierra estadounidense, “Sandy” tenía una energía de 329 terajulios, 2,7 veces más que el máximo que alcanzó “Katrina” —el huracán más destructivo de la historia— y cinco veces la de la bomba atómica de Hiroshima.

Según el especialista en huracanes, Jeff Masters, tampoco se había registrado hasta ahora un huracán con semejante energía punta.

Dennis Feltgen, meteorólogo del Centro Nacional de Huracanes (CNH), explicó que “Sandy” fue una tormenta “enorme y sin precedentes”, ya que se mezcló con un frente invernal y efectuó una transición de huracán a ciclón postropical antes de que su ojo tocara tierra.

Dada esa “inusual naturaleza de la tormenta”, el Servicio Nacional de Meteorología tuvo que tomar “medidas inusuales para preparar a la nación” ante su potencial destructivo.

En el momento de tocar tierra, los vientos equivalentes a los de una tormenta tropical (entre 63 y 118 km/h) se notaban en 1,517 km de costa. Según los expertos, jamás se había registrado un huracán con tal envergadura en la cuenca atlántica.

El anterior récord lo tenía “Igor”, que en 2010 alcanzó los 1,388 kilómetros de diámetro. Así, al mismo tiempo estaban en alerta zonas del centro de Florida y de Chicago, a más de 2,000 kilómetros de distancia, por lo que los científicos coinciden en apuntar que se trató del fenómeno meteorológico más destacado de 2012.

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