Obama es reelecto con deuda pendiente

El equilibrio fiscal y la reforma migratoria son los asuntos pendientes del mandato del estadounidense. Para reactivar la economía hasta el 2016, Obama impulsará impuestos para “los más ricos”

El presidente de EE.UU., Barack Obama, logró este año su reelección más fácilmente de lo previsto e impulsado por un electorado cada vez más diverso que definió dos retos claros para su segundo mandato: el equilibrio fiscal y la reforma migratoria.

Tras una larga y reñida carrera, Obama consiguió el 6 de noviembre un triunfo más cómodo de lo que pronosticaban los sondeos, y los republicanos, liderados por Mitt Romney, sólo le arrebataron los estados de Indiana y Carolina del Norte con respecto a su victoria de 2008.

El mensaje en favor de la clase media que desde finales de 2011 empezó a propagar con giras por todo el país caló entre un amplio espectro de ciudadanos formado por afroamericanos, latinos, mujeres y jóvenes que juntos superan ya, al menos en número, al votante blanco tradicionalmente favorable a los republicanos.

Lejos de sus ambiciosas promesas de 2008, el principal objetivo de Obama hoy es poner en marcha una serie de iniciativas para reactivar la economía hasta 2016: más gasto en educación, más empleos en el sector manufacturero, menos dependencia del petróleo extranjero y más impuestos a los ricos.

Esa subida de tasas a los ricos es uno de los principios a los que se niega a renunciar en la negociación con los republicanos para evitar el “abismo fiscal”, la combinación del aumento generalizado de impuestos y recortes del gasto público que entrará en vigor en enero si antes no se llega a un acuerdo para reducir el déficit.

Es “su único principio inviolable” y “debe ser capaz de aferrarse a eso”, según comentó a Efe Bruce Gronbeck, profesor emérito de la Universidad de Iowa.

No cederá Obama “no cederá” porque fue él quien ganó las elecciones y las encuestas reflejan que una “abrumadora mayoría” de estadounidenses culpa a los republicanos más que al mandatario del riesgo del “abismo fiscal”, recordó por su parte Steffen Schmidt, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Estatal de Iowa.

Más allá de evitar ese temido escenario, Obama tendrá que apostar a medio plazo por poner en marcha una necesaria reforma fiscal, al igual que otra sobre el sistema migratorio reclamada insistentemente por una comunidad latina cada vez más numerosa e influyente.

Él ha dicho que confía en que las negociaciones para la reforma migratoria puedan comenzar inmediatamente después de la ceremonia de juramento de su segundo mandato, que será el 21 de enero. Schmidt cree que esa reforma será aprobada por el Congreso pese a que el ala más conservadora del Partido Republicano, el Tea Party, no está de acuerdo ni siquiera con la “ normalización migratoria” como el “Dream Act”, que busca legalizar a ciertos estudiantes indocumentados.

Por contra, Gronbeck ve “poco probable” un acuerdo entre demócratas y republicanos sobre una reforma integral, pero sí considera factible que se apruebe el Dream Act y diseñar un proyecto de ley que sea el inicio de “un camino hacia la ciudadanía” para millones de indocumentados.

En política exterior, Obama afronta a un conflicto enquistado en Siria y ha dicho que la utilización de armas químicas por parte del régimen de Bachar Al Asad haría que EE.UU.. considere llevar a cabo una acción militar .

Con Irán la estrategia será continuar con la presión y las sanciones para evitar que ese país desarrolle un arma nuclear, mientras que la admisión de Palestina como Estado observador de la ONU supone un nuevo desafío para unas conversaciones de paz con Israel que no han avanzado bajo el primer mandato de Obama.

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