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Por falta de cargadores usan ruedas y motores
Ahora empujan las andas a las que les incorporaron ruedas, las halan con un vehículo o les ponen motor
Francisco Torres
Viernes 30 de Marzo 2012
 
   

En la mayoría de parroquias, sobre todo en las del centro migueleño, la costumbre de cargar las andas sobre los hombres es algo que ha pasado a la historia desde hace unos 10 años.

Eso es porque los organizadores de las procesiones han echado mano de los modernos recursos, obligados por la falta de devotos que quisieran gastar sus fuerzas en esos menesteres.

En algunos casos, las carrozas son más bien remolques, tirados por vehículos; otros son más ingeniosos y han instalado un motor propio a las andas, para controlarlas, pero los que tienen menores recursos solo le ponen soportes a las andas y ruedas giratorias para que los cargadores solo tengan que empujar la carroza y dirigir su rumbo.

Esa es una tendencia que se ha registrado en los últimos 10 años, confirma Edgar Vargas, de la agrupación Caballeros del Santo Entierro.

"Se decidió hacerlo así porque la gente casi no quería cargar y nosotros, en la asociación, tenemos muchos adultos mayores que ya no podemos cargar", justificó, al menos en el caso de la asociación a la que pertenece. Las ruedas les facilitan el trabajo.

Solo ubican a 12 integrantes de la agrupación católica a cada lado de las dos andas que emplean para el Santo Entierro y empiezan a empujar.

Pero a católicos que son más ortodoxos les parece que cargar las andas en los hombros es una verdadera muestra de sacrificio y que por eso agrada más a Dios.

De ese criterio es María Consuelo Rodríguez, una septuagenaria que recuerda como antaño en las procesiones no se usaban ni siquiera sombrillas, "porque uno iba a sacrificarse por los pecados que cometió durante todo el año", dijo.

Por supuesto que entonces las andas no tenían otro soporte que los hombros de devotos caminantes, dispuestos a soportar el peso del anda, que una metáfora de fe representaba el peso de sus acciones pecaminosas.

Por calles empedradas Sin embargo, Vargas aún recuerda que cuando él ingresó a esta asociación católica, hace 52 años, todo era menos práctico de lo que es en la actualidad.

Ante la falta de la comodidad que brindan ahora las llantas y los motores solo había una opción de la que podían echar mano: tapizar con un almohadón los bordes de las andas, justo donde había que poner el hombro, para cargar la pesada carroza.

Bajo el candente sol migueleño y el sofocante calor que emana de la multitud que camina en torno a ellos, los cargadores tenían además que ir cargado con una palanca de madera que, en las esquinas, eran usadas para reposar la pesada carga.

"Era una palanca en forma de 'y' la teníamos que llevar porque en cada esquina, cuando hacíamos cambio de cargadores, la teníamos que usar", recordó.

También el cambio de cargadores tenía que ser un movimiento meticulosamente calculado: empleaban la palanca para realizar la delicada operación y luego el cargador de relevo se paraba justo al frente del que ya iba agotado y mientras uno ponía su hombro en el almohadón, el otro lo quitaba.

Lo hacían así para evitar que el peso de la carroza quedara suspendido sobre las palancas, lo que podía hacer que esta desbalanceara el peso y que se les cayera el anda. Vargas también tuvo que sincronizar el paso con otros 23 caminantes para no tropezar en los tramos empedrados de las calles migueleñas de los años 60.



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