Un muñeco del tamaño de un hombre, relleno de paja y monedas, vestido con ropas recolectadas entre los vecinos y colgado en algún lugar público es la representación de Judas, que cada año, en los cantones de Nueva Concepción, Chalatenango, es quemada en una nutrida celebración popular.
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Desde el Jueves Santo, y algunos durante toda la semana, en el cantón Pañanalapa, recorren las calles pidiendo “unas monedita para Judas”, que luego esconderán en la figura del apóstol traidor, la que se ahorcará o prenderá fuego la madrugada del Domingo de Resurrección.
Generalmente se hace el muñeco de cuerpo entero y se viste con zapatos y ropas usadas, se le colocan lentes, guantes y distintos accesorios, que aportan y colocan los integrantes de la comunidad que lo hace.
Todo comienza unos días antes, escogiendo a un personaje público de la comunidad que es considerado por sus acciones como una amenaza para la localidad y que sea merecedor de burlas. Una vez identificado el personaje, se procede a escribirse un resumen de su vida y de sus actos, de sus faltas y que por término expresa los últimos deseos del personaje.
En los últimos años la mayoría de los Judas quemados son representaciones de políticos.
Precede a la quema, un juicio público, en el cual uno de los participantes actúa como defensor. “Lo juzgan, le gritan cosas, incluso se arman peleas entre la gente” afirma David Reyes, uno de los jóvenes que participa en esta actividad en el cantón Potrero Sula, Nueva Concepción.
Para algunos feligreses, la quema de Judas se escapa un tanto de los actos religiosos propios de la Semana Mayor, sin embargo, el hecho de ahorcarlo tiene un sustento en la Biblia, dice Delfina Canales.
La mujer argumenta que el hecho del suicidio de Judas esta basado en la narración del evangelio de SanMarcos, que se refiere a que luego de entregar a Jesús, Judas se arrepiente, va a hablar con los sacerdotes para devolverles las 30 monedas de plata obtenidas por su traición, ya que el condenado es un inocente.
Tras ser rechazado el dinero, Judas lanza las monedas al suelo del templo. “Los sacerdotes le dicen que eso ya pasó, no hay vuelta atrás. La cosa es que Judas se desprende de las monedas y se ahorca”, añade Canales. Por lo que agrega que lo que hay es una especie de sustentación en la quema.
Al muñeco, durante su preparación se le colocan unos cohetes, que luego al ser incendiado, explotan lanzando las monedas, como recreación de la forma en que Judas habría desparramado las monedas en el templo.
La mayoría de ciudadanos que ha tenido la oportunidad de conocer este tipo de actividades afirma que no fue gracias a los libros o a documentos. Emilio González tomó contacto con esta costumbre, gracias a una experiencia personal.
“Yo iba a visitar a una tía de mí esposa a Potrero Sula. Yo iba en mi camioneta y me paran unos muchachos y me pidieron unas monedas para el Judas, intrigado pregunté por esta singular celebración, y gustosos los jóvenes me la explicaron”, dice González.
La tradición se mantiene. Sin embargo en la actualidad se hace con menos entusiasmo y con menos participantes que en años anteriores. En cuanto al origen y del tiempo en que esta se realiza, nadie sabe dar una fecha exacta.