Pañales desechables, botellas de agua y de gaseosa, bolsas de fritura y bolsas de lejía... Todo eso flota en las corrientes o “remansos” que cruzan el golfo de Fonseca.
Cuando no flota, yace en el fondo del océano o decora las playas de la deshabitada isla Martín Pérez.
Una cloaca. Eso parece en algunos puntos visitados por El Diario de Hoy este golfo de 266 kilómetros de longitud compartido por El Salvador, Honduras y Nicaragua. Aquí flota o yace el plástico que consumen y lanzan a calles y quebradas los salvadoreño.
Según pescadores y lancheros de la zona, la acumulación de plástico es aún mayor durante la época lluviosa, cuando la corriente en los drenajes y en los ríos tiene la fuerza suficiente como para arrastrar el plástico que durante la época seca se acumula a orilla de carreteras y quebradas. Ese plástico decoraría las playa de Meanguera y Conchagüita si los pobladores interesados en que lleguen turistas no recogieran los desechos.
En medio del golfo, la basura se convierte en carnada para aves, peces, mamíferos, crustáceos y anfibios, pero también en obstáculo para los pescadores, cuyas lanchas y redes no solo lidian con el vaivén y la fuerza de las aguas sino también con estos los obstáculos artificiales.
Con un plan para la recuperación de desechos aprobado pero que será lanzado hasta este año, El Salvador consumió 150 mil toneladas de plástico durante 2011, según proyecciones del Ministerio de Medio Ambiente (MARN) basadas en el censo del mercado de reciclaje realizado en 2006.
Del total, el 85% es desechado y solo el 5% es recuperado, según la especialista de la gerencia de desechos sólidos del MARN, Katy Castro.
De lo desechado, “el 75% va a rellenos sanitarios” y el resto termina donde no debería. Álex Hasbún, de la Fundación Zoológica de El Salvador (FUNZEL) lo explica:
“Nos hemos percatado de (el plástico)baja de tierra arriba a través de los ríos, llega a los esteros y de los esteros pasa al mar... Este plático se distribuye en el océano a través de las corrientes”.
El plástico que flota en el golfo tiene diferentes destinos: el fondo marino, las playas de islas como Martín Pérez y Meanguera y el tracto digestivo de peces, pelícanos, delfines y tortugas que buscan alimento en la zona.
Eso le consta al biólogo Enrique Barraza, especialista en ecología costero-marina del MARN: “Fue el caso de una ballenita que apareció en Los Cóbanos el 5 de abril. Se trató inyectarle suero, de reanimarla, de revivirla, pero murió. Al hacer la necropsia se determinó que tenía el tracto digestivo obstruido por un pedazo de plástico”.
El año pasado, entre las tortugas golfinas que aparecieron muertas, una tenía una obstrucción con anillos plásticos de six pack.
Barraza, quien también ha constatado que el plástico se acumula al norte de la bahía de La Unión, explica que cada especie confunde el plástico con algo diferente: las tortugas confunden las bolsas con medusas, algunos peces confunden los pedazos de plástico con peces más pequeños y las aves lo confunden con huevos de pescado flotantes.
“Incluso los cangrejos y los camarones confunden pequeñas hebras de nylon con su alimento... De esto no tenemos registro en el país, pero es una posibilidad”, señala Barraza.










