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Sorpresa mundial

la mejor noticia del año la escribieron unos humildes guerreros, que lograron el cuarto puesto en rávena, italia

El Diario de Hoy

Los héroes:Abajo, desde la izq., Walter Torres, Roberto Hernández, Medardo Lobos, Agustín Ruiz, Darwin Ramírez y Frank Velásquez. Arriba: Baudilio Guerra, Élmer Robles, Wílber Alvarado, Elías Ramírez, Roberto Membreño y Eliodoro Portillo. Foto: EDH

Armados de fe, y bajo la conducción del entrenador Rudis Gallo, 12 guerreros cuscatlecos pusieron en alto el nombre de El Salvador en el Mundial de Fútbol Playa, que se disputó en septiembre en Rávena, Italia.

Contra todo pronóstico, lograron el más alto puesto que El Salvador ha alcanzado en su historia en un campeonato mundial organizado por la FIFA. Lo hicieron venciendo a potencias futbolísticas como Argentina e Italia, y regalándole alegría a una población agobiada por la delincuencia y las dificultades económicas.

Los humildes pescadores se levantaron de un doloroso 2-11 frente a la potencia europea Portugal. En su tercera participación mundialista, no solo ganaron su primer juego, ante Omán, al que derrotaron por 4-3 en los minutos finales, sino que siguieron dando sorpresas al por mayor.

En el último partido de la fase de grupos, se jugaban la clasificación contra Argentina, en un duelo de ajedrez, por lo estratégico, una batalla de principio a fin que tuvo de todo, hasta polémicas. Frank Velásquez, Agustín Ruiz, Roberto Membreño y Walter Torres marcaron los goles para que el equipo cuscatleco agrandara su gesta.

El jueves 8 de septiembre, se vieron las caras contra Italia, en los cuartos de final. El equipo anfitrión era claro favorito, tenía al público a su favor, y hasta un poco de ayuda de los árbitros, que pitaron faltas polémicas en contra y que derivaron en goles para los europeos. Pero los cuscatlecos nunca bajaron la frente y siguieron luchando para volver a demostrar que los imposibles no existen.

Ese día, Frank se vistió de gloria e hizo cuatro goles, incluido el sexto en la cuenta salvadoreña en tiempo extra para liquidar el partido y asegurar el pase a las semifinales.

Fue factor también el arquero nacional Eliodoro Portillo, con tremenda actuación y salvadas impresionantes, así como la labor defensiva de Wílber Alvarado, de Tomás Hernández, y la doble función de Elías Ramírez, tanto a la hora de defender como a la de atacar.

Fueron factor todos y cada uno. Los otros dos goles nacionales llevaron las firmas del capitán Agustín Ruiz, y de Tomás, para completar el 6-5 que salió en todos los periódicos del mundo, después de dejar fuera nada menos que al país organizador, y que se convirtió en fiesta nacional.

Una vez en semifinales, les tocó el equipo más duro, al que finalmente se coronó campeón: Rusia. El juego fue parejo en un inicio, pero algunos errores abrieron la puerta para los europeos.

El equipo nacional intentó reaccionar, y, al atacar más, dejaba espacios atrás que fueron aprovechados por los rusos para sentenciar el juego por 7-3. Finalmente, el conjunto nacional jugaría por el tercer lugar frente a Portugal, el mismo equipo que le pasó por encima en el primer encuentro.

Pero el duelo por el último puesto del podio fue muy diferente al primero en el que se enfrentaron. Cerrado durante todo el duelo, la diferencia fue de apenas un gol. Quedó la sensación de que se pudo lograr más, de que faltó un poco de suerte. Pero más allá de eso, los cuscatlecos ya eran héroes nacionales. Héroes por borrar de las portadas nacionales los temas de violencia, depresión económica.

Héroes por unir a todo un país bajo un mismo sentimiento. Héroes por dibujar una sonrisa a los salvadoreños comunes, a todos aquellos que incluso no disfrutan del fútbol, pero que se sentían más cuscatlecos que nunca, que lo gritaban con orgullo porque este grupo, gente humilde, con escasísimos recursos, había llegado tan lejos.

Demostraron que no hacen falta ser figuras del ámbito público, ni haber nacido en cuna de oro o rodeado de condiciones de fútbol para llegar lejos.

La mayoría de ellos no se dedican a esto al cien por ciento, no viven del deporte. Viven de la pesca, de chambas varias, de cobradores de buses, de congelar pescado, de jugar en Tercera División, de la agricultura, de lo que vive cualquier salvadoreño promedio.

Ellos, gente de las zonas más pobres del país, guerreros de lo cotidiano, con una sonrisa siempre por bandera y con metas más altas que cualquiera en una posición más cómoda pudiera trazarse, ellos hicieron posible el sueño.

Eliodoro Portillo, Wílber Alvarado, Tomás Hernández, Elías Ramírez, Agustín Ruiz, Medardo Lobos, José Roberto Membreño, Walter Torres, Élmer Robles, Darwin Ramírez, Frank Velásquez y Baudilio Guerra, anónimos hasta hace unos meses, salvadoreños todos, hicieron que las penas en este país quedaran de lado por un buen tiempo.

De lo que se hablaba era de fútbol, de la chilena que casi convierte Frank, del gol en tiempo extra, del coraje, de la sencillez. Como dijo Frank en una de tantas entrevistas que brindó a este medio, “todos tenemos derecho a soñar, todos somos humanos, todos tenemos derecho a ganar y perder”.