
Parecía un día cualquiera, pero el joven Stefan Heyde comprendió pronto que ese domingo marcaría el resto de su vida.
En cuanto llegaron las primeras noticias salió a verlo: frente a su casa, en pleno Berlín, un grupo de obreros y soldados construía un muro a lo largo de la calle. Stefan tenía entonces 14 años.
Con las manos metidas en los bolsillos de los pantalones cortos observó atónito lo que ocurría. La fotografía de su figura indefensa frente a la inexplicable pared a medio hacer es una de las primeras imágenes del Muro que, hace 50 años, partió en dos una ciudad y el mundo.
"Nos preguntamos qué estaban haciendo, por qué cercaban todo. Sencillamente no podíamos creer lo que veíamos", recuerda el berlinés, hoy de 64 años, en el libro "El Muro. Datos, fotos, destinos", editado por la editorial Piper con motivo del aniversario.
"Estuve una hora mirando a los que construían, sin atreverme a hablarles. Tuve la sensación de que comenzábamos a vivir en una gran prisión".
La perplejidad y el miedo del pequeño Stefan fueron compartidos por millones de berlineses que el 13 de agosto de 1961 se despertaron encerrados en su propia ciudad y separados de familiares, vecinos, escuelas y lugares de trabajo.
El Muro había comenzado a levantarse esa madrugada en la emblemática calle Bernauer, en pleno centro de la ciudad. Como un modo de acelerar la construcción y ahorrar parte del vallado, en esa zona se tapiaron rápidamente las ventanas de algunos edificios que miraban al Berlín occidental.
Muchos habitantes de esas casas saltaron por las ventanas al vacío, en una alocada carrera contra soldados y albañiles, adivinando que en el oeste les esperaba un futuro más libre y esperanzador. Las filmaciones de esas huidas desesperadas advirtieron al mundo de lo que se avecinaba.
Pero lo cierto es que la construcción del "Muro de la vergüenza", como empezó a llamarse en la zona occidental, o "Muro de contención antifascista", como se refería a él la cúpula del régimen satélite de Moscú, sorprendió a todo el planeta.
Apenas dos meses antes, el 15 de junio, el presidente de la extinta República Democrática Alemana (RDA) y jefe del Partido Socialista Unificado (SED), Walter Ulbricht, había asegurado en una conferencia de prensa internacional: "Nadie tiene la intención de levantar un muro".
Muchos observadores internacionales ya habían adelantado que la Unión Soviética y la RDA tomarían medidas para frenar el éxodo de la Alemania oriental a la occidental. Desde su fundación en 1949, la RDA había visto cómo más de dos millones y medio de personas dejaban atrás sus fronteras.
Sólo en 1960, alrededor de 199,000 ciudadanos huyeron a la Alemania occidental. La mayoría lo hacía a través de Berlín, dado que los 1,400 kilómetros de frontera entre ambos países ya estaban vigilados por torres y soldados desde 1952.
La respuesta fue la famosa pared de 3.6 metros de altura y una frontera protegida por una valla metálica y una cerca de púas, 300 torres de vigilancia, cientos de perros adiestrados y cables de alarma.
Durante los 28 años en los que se mantuvo en pie el Muro, hasta el 9 de noviembre de 1989, nunca dejó de reforzarse.
Los soldados tenían además orden de disparar contra todo el que tratara de fugarse. Al menos 136 personas perdieron la vida al intentar cruzar el Muro, según el Centro de Investigación Histórica de Potsdam, aunque sigue habiendo discusiones sobre la cifra real de víctimas.
El homenaje
Medio siglo después, Berlín recordó ayer el nacimiento del también llamado Muro de la Muerte con un perfil más bien bajo y el objetivo central de honrar a esas víctimas.
Las autoridades de Alemania, encabezadas por el presidente federal, Christian Wulff, y la canciller, Angela Merkel, rindieron ayer un homenaje a las personas muertas en el muro de Berlín, en un acto para conmemorar el cincuentenario de su construcción. "No podemos olvidar el 13 de agosto de 1961 y el dolor que trajo sobre millones de personas", dijo Merkel en su discurso.
El acto se celebró en la Bernauerstrasse, una de las calles atravesadas por el muro y donde quedan restos de él, alrededor de los cuales se ha creado un centro de documentación y conmemoración.
El lugar, a diferencia de otros por donde pasaba el muro como la Puerta de Brandeburgo o la Postdamerplatz, está lejos del actual centro del Berlín, pero ha adquirido un carácter emblemático que, además, se refuerza por haber sido el lugar en el que se produjo la primera muerte relacionada con el muro. En su discurso de ayer, Wulff, recordó ese hecho.
"La primera víctima mortal fue Ida Siekmann el 22 de agosto de 1961", dijo Wulff. "Ella quiso saltar hacia la libertad aquí, en la Bernauerstrasse, desde el tercer piso", añadió el presidente.
En los otros discursos se mencionó el destino de otras personas desde Günter Lifkin, la segunda víctima del Muro, que fue muerto a tiros dos días después de la muerte de Siekmann, hasta Chris Guefroy, que falleció el 6 de febrero de 1989 cuando intentaba huir de la RDA. En total, como lo recordaron tanto Wulff como los otros oradores, no menos de 136 personas murieron cuando trataban de escapar hacia Berlín Occidental.
Sin embargo, para Wulff los muertos no son las únicas víctimas del muro. "Detrás de ellas, había millones de personas que tuvieron que renunciar a una vida en libertad", dijo el presidente.
Wulff, de origen cristiano-demócrata, aprovechó para hacer un ajuste de cuentas con aquellos que durante los años de la división de Alemania, desde occidente, se resignaron a que el muro existiera.
El acto había estado precedido por una polémica en torno a unas declaraciones de la presidenta del partido La Izquierda, Gesine Lötzsch, quien afirmó que la construcción del muro había sido una consecuencia de la agresión de la Alemania nazi contra la Unión Soviética.
Las declaraciones de Lötzsch llamaron a las barricadas a políticos conservadores que las vieron como prueba de que La Izquierda –agrupación resultante de la fusión entre los postcomunistas del Partido del Socialismo Democrático (PDS) y disidentes socialdemócrata– seguía representando el pensamiento dictatorial de la RDA. Algunos además habían llamado al alcalde gobernador de Berlín, el socialdemócrata Klaus Wowereit, a que rompiese la coalición que mantiene con La Izquierda.