
En el balance del año lo negativo supera a lo positivo, pues tanto en lo interno como en el mundo, las calamidades, tragedias, frustraciones y amenazas son lo relevante de 2011.
En este espacio, nuestros lectores encontrarán un sustancioso resumen sobre los principales sucesos del año, incluyendo los nubarrones de tormentas que se avecinan. Lo que en un inicio despertó esperanza, los movimientos liberadores de Medio Oriente, parecen haber desembocado en mayores frustraciones y en la consolidación de corrientes fanáticas, manifestadas tanto en la persecución y las agresiones a las comunidades cristianas, como en la continuada servidumbre de la mujer.
En este año hizo crisis el endeudamiento de varios países europeos, derrumbando la ilusión de la "socialdemocracia", la idea de que era posible construir un Estado de bienestar por encima de las realidades económicas. Y mientras en Europa se hacen esfuerzos y sacrificios para reducir el endeudamiento, nuestro país está sobrepasando los límites sensatos para sostener burocracia, no para invertir en infraestructura. Nunca un Gobierno dispuso de más dinero, al mismo tiempo que es muy poca la obra realizada y se sufre de un creciente deterioro de los servicios públicos, incluyendo la asistencia a la salud y en la calidad de la educación.
El incremento espantoso de la violencia -matar por matar- no consigue, empero, que los responsables de la Seguridad Pública se den cuenta de que estamos en medio de una guerra, no inmersos en un problema delincuencial.
Las extorsiones, los acosos a los residentes de las colonias en la periferia de los centros urbanos, los asesinatos, la ocupación de vecindarios por mareros, la muerte de motoristas, el forzado cierre de los pequeños negocios en las barriadas, están empeorando la vida y el trabajo de la gente. Pese a que las autoridades saben que mucha violencia se origina en los presidios, no ha sido posible que se bloqueen las llamadas desde su interior hacia afuera.
A esto se suma el deterioro de la economía, el desplome de la inversión y el creciente desempleo. La respuesta del Gobierno ha sido subir impuestos y erosionar la estabilidad del sector productivo.
Lo que se había venido logrando en consolidar la institucionalidad y la democracia se ha perdido en parte por una serie de sorprendentes fallos de la Corte Suprema que han revuelto el clima político, generan confusión, llevaron a cancelar por detalles técnicos a los dos partidos más antiguos del país y han convertido en un circo lo relacionado con los procesos electorales. A ello se suma que se monta un aparataje para elegir diputados pero que al ser electos cambian de bandera y abjuran de las promesas hechas.
En muchos países del Primer Mundo han surgido movimientos de protesta que ni tienen sentido ni cuentan con agenda ni llevan a otra cosa que arrebatos, desorden vial y mayor confusión. A tales acontecimientos se deben agregar las diferencias religiosas que están volviendo inviables la democracia y la convivencia en muchas regiones del globo. Para remate, "en cumplimiento de una promesa electoral", la Casa Blanca forzó la abrupta salida de las fuerzas estadounidenses estacionadas en Iraq lo que puede llevar, a corto plazo, a una reversión de lo poco que se había ganado, incrementando las posibilidades de agresiones en Europa.
Es un mundo difícil, lo que obliga a cada persona, a cada familia, a cada comunidad, a cada país a cuidarse, unirse, trabajar con empeño, ser leal a sus principios y, al cuidar lo propio, cuidar lo que es de todos.
Lo negativo contrasta con el asombroso avance de la ciencia y la tecnología, se consolida el proceso de globalización, hay un casi universal rechazo a los despotismos y ha iniciado la corrección de las causas que provocaron la crisis económica mundial.