“Uno trata de olvidar... pero no se puede”



Carmen Molina Tamacas
Martes 13 de Septiembre de 2011
 
 
     

Luis Omar Molares es migueleño. Hasta ahora es el segundo salvadoreño que cuenta la historia de cómo sobrevivió a los atentados terroristas en las Torres Gemelas.

Nos sacaron a todos del salón, recuerda Chelsea Morales, quien en 2001 comenzaba a estudiar Primer Grado en Staten Island. Al llegar al lobby de la escuela todo era un caos, había muchos padres buscando a sus hijos, y todos gritaban “¡Se cayeron! ¡Se cayeron!”.

Una tía fue a buscarla y al llegar a casa, su mamá, Norma, estaba en shock. Como pudo, presa del nerviosismo, ella me dijo que había hablado con mi papá, que estaba en una de las Torres, pero que no tenía la certeza que estuviera vivo.

“Mi hermanito estaba llorando en el cuarto de mis papás y yo estaba aterrorizada por lo que pudo haber pasado. Nos llamaban por teléfono para decirnos que mi papá se había muerto”.

Chelsea tenía seis años y su hermanito Luis, cuatro. Su padre Luis Omar Morales, llevaba cuatro años tabajando en una empresa de intermediación (broker), cuya sede estaba repartida en los pisos 25 y 26 de la Torre Norte y 55 de la Torre Sur del World Trade Center (WTC).

A esa hora, después de haber sido impactadas por dos aviones comerciales secuestrados por terroristas, ambos edificios se habían desintegrado. Como cualquier día laboral, ese martes 11 de septiembre de 2001, Luis Omar fue uno de los primeros en llegar a la oficina, la sede estadounidense de la transnacional Intercapital Group Services (ICAP).

Ese ha sido su tercer trabajo aquí, después de haber emigrado de San Miguel. Vino el 31 de diciembre de 1987. La ofensiva guerrillera puso en jaque a su familia así que decidió aprovechar que tenía una visa vigente, un pariente le prestó el dinero para viajar. Intentó pedir asilo político, pero al final se inscribió en el Estatus de Protección Temporal (TPS) que el Gobierno estadounidense otorgó a los salvadoreños después de los terremotos de 2001. Comenzó trabajando en un “deli” en el sector financiero de Manhattan, llevando la comida a una compañía donde trabajaba una prima.

El mismo día que lo despidieron de ese lugar, ella le ayudó a entrar como mensajero. Allí conoció a Norma, una hondureña con quien formó una familia. Ésta empresa cerró; pero al poco tiempo consiguió trabajo como mensajero en ICAP. Con el tiempo le dieron la oportunidad de aprender el complicado oficio de los brokers.

Fue tremendo y estuvo a punto de rendirse. Recibió entrenamiento por un mes, entonces lo pusieron a cubrir el puesto de un colega que se fue de vacaciones. El primer día perdió 50 millones de dólares... no los hallaba. Al final de la jornada todo se resolvió a su favor. Así era su vida, con la diferencia en que ese día se retrasó un poco, ya que ayudó a su padre, de quien heredó el nombre, a ubicar el consulado de El Salvador para hacer un trámite.

Estaba enviando un fax, cuyo aparato daba a uno de los ventanales, cuando sintió un temblor. Hizo un intento por salir, pero las escaleras estaban atascadas de personas que querían evacuar el edificio. Llamó a su esposa para preguntar si sabía lo que había pasado, pero al monitorear las noticias tanto en su casa como en la oficina, se dieron cuenta que realmente se trató del impacto de un avión. Una avioneta que perdió el rumbo, pensaban.

Luis Omar era, junto a otro colega, el encargado de gestionar las emergencias en el piso de su oficina. Tomaron las riendas de la evacuación, sacaron un tanque de oxígeno e incluso vaciaron un galón de leche que estaba en el refrigerador para llevar agua y poder humedecer servilletas para cubrirse la nariz.

Evacuaron a todo el personal, menos a una persona, que en ese momento estaba en el restaurante “Windows of The World”, preparando las mesas para un desayuno de trabajo. En las escaleras, el panorama era caótico, pero todos estaban consientes que tenían que esperar su turno para salir y se apartaban cuando una persona quemada era evacuada por rescatistas.

A esa hora, ya la plaza principal del WTC estaba llena de escombros, así que lograron salir por las tiendas del centro comercial, en concreto, por una librería. “Aún recuerdo las caras de algunos de los bomberos que vimos pasar. Ya iban cansados, por el humo y el esfuerzo”, recuerda hoy, diez años después de ese día. Los policías les gritaban que no vieran para arriba, que corrieran. Pero uno ve, dice Luis Omar.

Las dos torres estaban quemándose. Quince minutos después de salir, la Torre Norte se desplomó. “Miedo no me dio... hasta después”, recuerda este compatriota. Junto a colega bordearon la zona del WTC y vieron a las personas que desesperadamente saltaban al vacío. Corrió hasta el sector de Sea Port y en ese momento su principal preocupación era su padre, así que fue a buscarlo al Consulado de El Salvador. Él ya no estaba allí, pero logró comunicarse con su casa. Como parte de la confusión de ese momento, su esposa no supo si esa llamada la hizo aún estando dentro de la Torre.

Padre e hijo se encontraron finalmente en Chinatown y abordaron un ferry hacia Staten Island para llegar a casa al filo de las 6:00 de la tarde. “Nos llamaban por teléfono para decirnos que mi papá se había muerto; pero estaban equivocados porque él regresó a casa ese día y estaba lleno de humo pero le di un abrazo. A pesar que él está conmigo todos los días todavía es difícil pensar en lo que pudo haber pasado y para mí es difícil hablar al respecto”, añade Chelsea, quien dio su testimonio al periódico SIlive.com, que recolecta los recuerdos que guardan sus habitantes de ese fatídico día..

El después El viernes 14 de septiembre, los ejecutivos de la compañía convocaron a una reunión de personal en Jersey City y emprendieron la tarea de reconstuir los archivos informáticos; éstos se perdieron ya que el respaldo estaba en las Torres Gemelas. Luego se movieron a New Jersey por tres meses mientras los “brokers” fueron reubicados en Manhattan. La empresa pasó otros dos años en un edificio que prestó Bloomberg, la compañía del ahora alcalde de la ciudad, Michael Bloomberg.

“Nunca nos dejaron de pagar nuestros salarios. Las máximas autoridades nos dieron un reconocimiento por haber salvado prácticamente a todos los empleados, además fui el último en salir”, cuenta Luis Omar. No sabe si la medalla que le entregaron es de oro, pero la conserva como uno de sus objetos más preciados, igual que su carné. Uno trata de olvidar, dice, pero no se puede.

“La mayoría seguimos trabajando en la oficina, pero siempre hablamos de eso, además siempre tengo sueños. Uno de hombre trata de hacerse el fuerte... a nuestra hija sí tuvimos que darle terapia psicológica”, añade. Ahora, a las puertas de que la ciudad y el gobierno de Barack Obama den un nuevo homenaje a las víctimas de los atentados terroristas, Luis Omar tratará de tomarlo como un día normal. “Pero eso no va a ser posible.

Hay que recordar a los muertos”, afirma. RECUADRITO José Rivera es otro salvadoreño que sobrevivió no sólo al atentado terrorista de 2001, sino a otro que fue perpetrado en febrero de 1993. Trabajó 22 años en el área de mantenimiento de la Torre 1 del WTC. La entrevista fue publicada en la revista Vértice. (Se puede ilustrar con los PDF de esa publicación) FRASE A través de los años, cuando los profesores hablan del 9/11 todavía me afecta.

Si he escrito esto es porque estoy muy agradecida por conservar conmigo a mi padre, quien es una gran persona; lamento mucho el dolor de todas esas familias cuyos familiares no regresaron a casa ese día” Chelsea Morales, hija de Luis Omar Morales

 

 

 

 

 

 


11.sep.2001 22.may.1998 27.ago.1999 27.sep.2000 11.feb.2001 11.sep.2001 12.sep.2001 20.sep.2001 29.sep.2001 30.oct.2001