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PANDEMIA INMINENTE

La H1N1 llegó a "hurtadillas" a Lislique

En el lugar tienen dificultades para acceder al agua potable y usan de ríos y nacimientos.

Alejandra Dimas
Lunes 02 de noviembre de 2009
Cleotilde de Ramírez, profesora en la escuela Guajiniquil, ayuda a los alumnos a lavarse la manos con agua fluida para barrer las bacterias de las manos.
FOTO / EDH


Para llegar al cantón Guajiniquil en Lislique, La Unión, hay que atravesar 215 kilómetros y varias paradas obligadas en el recorrido para saber si se tomó el camino correcto en cada bifurcación.

Desde hace varias semanas Lislique ha ocupado varios espacios en los medios de comunicación. Primero cuando en el almanaque 262 que presentó el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo se ubicó a ese municipio como el que tiene menor índice de desarrollo humano de un listado de 10 sitios con la etiqueta de pobres.

Luego, cuando por su cercanía con territorio hondureño se presentó una nueva oleada de casos de gripe H1N1, incluyendo un deceso bajo sospecha. Por ello, cerraron 22 escuelas en cinco puntos distintos de la zona.

El primero en caserío El Zapote, del cantón Guajiniquil, a seis kilómetros de La Estancia, un municipio de La Paz, en Honduras y de donde las autoridades sanitarias locales sospechan que vino la gripe. El segundo ocurrió en el propio cantón. Luego en el caserío La Ermita del cantón Las Pilas. El cuarto foco se reportó en Upire y Monteca, ambos cantones de Nueva Esparta.

El camino es escarpado, sin señales, sin gente a quien preguntar y los pocos carros que suben lo hacen sólo si son contratados para algún viaje.

Hasta el jueves, 10 alumnos del Centro Escolar cantón Guajiniquil estaban incapacitados por síntomas gripales. Ahí la matrícula llega a 284 estudiantes que cursan entre parvularia y noveno grado. La escuela tiene jabón antibacterial y se han tomado medidas adicionales después del cierre del centro educativo.

"Alcohol gel no tenemos, pero hay jabón antibacterial y se gasta casi un galón diario. Siempre hemos fomentado el lavado de manos porque aquí se da refrigerio, pero después de la gripe no sólo se lavan las manos para comer", relata Aracely Sorto, directora de la escuela. Los sanitarios son de fosa y ahora son más estrictos con la higiene en esa área. Antes la limpieza consistía en tirar cal en las paredes de la tasa.

Ahora usan lejía y desinfectante. Las superficies como mesas, pisos y objetos de uso común son limpiados con frecuencia. La comunidad había recibido charlas sobre la gripe con anterioridad, pero la preocupación llegó con el cierre de los centros educativos.

En la escuela hay 12 docentes, en el cantón hay ocho caserío y 3,210 habitantes.

El método para lavarse también ha sufrido modificación. Los niños usualmente no usaban jabón. Ahora siempre se aplican un líquido azul que los profesores ponen en botellas vacías de agua y jugo. El proceso era completado por un último paso en donde se enjuagan las manos en un huacal, pero el personal de salud les explicó que debe ser con agua fluida. Desde entonces alguien más sostiene el huacal desde lo alto y la deja caer sobre las manos de quienes se lavan.

Ahí algunos niños además de síntomas de influenza tenían dengue. Las tres aulas no alcanzan para todos, por ello tercer grado y quinto reciben clase en una galera en donde el piso es de tierra.

El salón de cómputo de la escuela que tiene cinco máquinas ha dejado de utilizarse porque es pequeño y quieren evitar el hacinamiento.

La unidad de salud de Guajiniquil ha sido reforzada, han llegado cuatro enfermeras comunitarias y tres médicos.

La clínica, el único centro de salud en el cantón es pequeña. Si alguien se enferma pero el personal considera que no lo pueden manejar ahí, lo envían a la unidad de Salud de Lislique, a unos seis kilómetros de distancia.

La construcción mide unos seis por tres metros cuadrados. Está dividida en tres pequeños cuartos. Uno es un consultorio, el del centro es la farmacia y contiguo está un espacio reservado para pequeña cirugía, curaciones, aplicación de vacunas.

Las enfermeras se dedican al trabajo de campo y educan sobre dengue e influenza A H1N1. La planificación familiar es otro tema obligado en una zona en donde las mujeres acostumbran a tener más de seis hijos. Afuera de la clínica hay un canopi para atender a los pacientes febriles o con gripe.

El personal de salud y docente vive en el lugar. Se marchan a su lugar de origen el viernes y se regresan el domingo por la tarde.

En el caserío El Zapote también observan a los alumnos. Quien estornuda o tiene calentura, deben volver a casa.

Algunas madres aún se molestan porque sus hijos regresen con la recomendación de ir a pasar a consulta.

"En la escuela le dijeron que mejor la vieran acá, pero yo no le veo nada a esta muchachita", explica con un poco de indignación la madre de Danilsa Nohemí Benítez.

El médico la revisa, le manda a sacar expediente y ya le dirá el diagnóstico. De todos modos por síntomas de gripe la indicación es extender incapacidades.

"Acá el agua es de una fuente natural pero llega por tuberías hasta las casas. No es potable pero esa usamos", dice Yessenia Guandique Funes, directora del centro escolar El Zapote.

Ella tiene 11 años de laborar en el lugar. También alquila en la zona porque no saldría a tiempo si quisiera viajar a diario.

Hay un riachuelo que corre en medio del caserío varios niños están llenando cántaros porque viven en la zona alta del lugar y la presión es insuficiente para que el líquido llegue a la válvula.

Del río también beben varios cerdos. Unos hombres lavan sus corvos y botas de hule y dejan correr el agua para llenar después unas botellas.

La gripe, sin embargo, no ha generado tanto temor en los adultos. Se muestras escépticos ante el hecho de que la gripe pueda hacerlos encamar.

"Aquí aguantamos enfermedades peores. Yo me salvé de gusano barrenador y decían que a todo el que le daba eso le amputaban la pierna", se regodea Isidro Lemus, un hombre que se dedica a la agricultura.

La escuela está en buenas condiciones. Con piso cerámico, varias aulas, una cisterna, aunque el espacio siempre es insuficiente. Hay unas galeras para atender a los alumnos.

Es ese lugar hay cuatro profesores y 163 alumnos inscritos desde parvularia a sexto grado. Las madres de familia hacen el trámite para los uniformes que recibirían la semana pasada.

En la fila se distingue a María Santos Jiménez. Ella perdió a su hija el 6 de octubre pasado. Una pequeña de nueve meses que según las autoridades fue llevada a un curandero. Pero su madre lo niega. En El Zapote es donde se reportaron los primeros casos, pero los lugareños aseguran que no han tenido contacto directo con personas del país vecino.

Hay calles por donde circulan carros con hortalizas y las comercializan en suelo salvadoreño, hay gente que pasa de un lado a otro por puntos ciegos o para pasar consulta y la tesis de las autoridades de Salud es que el virus se trasladó así, a hurtadillas.


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