No había amanecido cuando Ana Marilú Sánchez parió a David Alexander. El bebé no aguantaba más, se estaba asfixiando en el vientre y los médicos tuvieron que adelantarle el parto. La joven estaba en un proceso agudo de insuficiencia cardíaca. "Me hicieron la cesárea porque el niño se me estaba ahogando, no le llegaba oxígeno. Me preocupe porque pensé que mi hijo se me iba a morir. Yo me sentía bien mal", comentó la adolescente.
Para ese entonces, el 3 de julio, ya sabía que ambos sufrían las consecuencias del virus de la influenza pandémica. Este agente patógeno provoca, en general, síntomas leves en la mayor parte de la población, pero que se ensaña con las mujeres embarazadas. Las razones, todavía hoy, no están del todo claras.
La joven dio a luz y fue directamente a la Unidad de Cuidados Intensivos, lejos de su hijo. Así pasó los seis días que estuvo ingresada. "Los médicos me decían que no me lo enseñaban porque le podía pasar la enfermedad", agregó la muchacha.
Ana Marilú superó la infección y su hijo también. Del 26 de junio al 7 de septiembre, 68 mujeres embarazadas pasaron por el Hospital de Maternidad por ese motivo. No se trataba de pacientes comunes. A 22 se les confirmó la gripe pandémica; al resto, las otras 46, están todavía en la categoría de sospechosas.
En ese periodo, ocho de los infantes llegaron al mundo en los quirófanos del hospital maternoinfantil por la gravedad de la infección de sus progenitoras. Su vida dependía de adelantar el parto, pese a venir al mundo de forma prematura. "Aquí era ofrecerles el 85 por ciento de posibilidades de vivir o el 100 por ciento de morir en el útero", comentó Xochitl Sandoval, jefe de la Unidad de Cuidados Intensivos del centro médico.
Cinco de los niños nacieron por cesárea y tres, cuyo riesgo era calificado como moderado, lo hicieron vía vaginal.
La especialista destaca que todos los bebés sobrevivieron, no así las madres: dos fallecieron por las consecuencias de la gripe A. Otra embarazada murió también en un centro médico del Seguro Social.
"El compromiso del feto y el riesgo de muerte debido a la insuficiencia respiratoria eran tan grandes que hubo necesidad de terminar el embarazo de forma inmediata", apuntó Sandoval.
De los 19 fallecidos por influenza A H1N1 registrados por Salud, tres fueron mujeres embarazadas, un 15% del total. En Estados Unidos, este tipo de decesos representa el 6% de las muertes. Ese porcentaje es importante si se toma en cuenta que ellas apenas representan el uno por ciento de la población total.
Carlos Brizuela, neonatólogo de Maternidad, comenta que solo tres infantes pasaron directamente de la sala de partos a la Unidad de Cuidados Intensivos. Sus cuerpos no recibían suficiente oxígeno por lo que requirieron el soporte de un ventilador mecánico.
"Los niños nacieron relativamente estables, algunos con un problema de distres respiratorio", apuntó el galeno.
Miguel Majano, jefe del Servicio de Neonatos, indica que del 60 al 70 por ciento de los infantes era bebés de término y su peso mayor a los 2,500 gramos. Los pacientes se sometieron a las pruebas rigurosas de un niño que pudo haber adquirido una infección en el vientre de la madre para descartar alguna enfermedad. Todos salieron negativos y con el tiempo recibieron el alta médica.
"Sacar a un niño por emergencia siempre tiene sus riesgos, pero, los neonatólogos y los pediatras que trabajamos, logramos sacar a los niños adelante", expresó Majano.
Brizuela secunda a su colega. "Para nosotros es gratificante saber que ningún niño se nos murió tomando en cuenta la epidemia que se tuvo", agregó.
