En medio de las muertes y la incertidumbre que trae consigo el virus pandémico, hay motivos para la esperanza. El trabajo diario de un equipo de especialistas del Hospital de Maternidad salvó la vida de una madre, a la que llamaremos Juana, y a su hija. Representan, probablemente, el éxito más duro de la lucha contra esta infección mortal en el país.
Juana ingresó el 18 de julio a ese hospital de emergencia. Su embarazo de 34 ó 35 semanas le hizo presa fácil del virus y con él en el organismo se multiplicó el riesgo de muerte para ambos.
Los médicos más optimistas no le daban una sobrevida arriba del 15% cuando llegó al centro procedente del San Juan de Dios de San Miguel. Tal era la gravedad de su estado que, unas horas después de estabilizarla, le practicaron la cesárea. Con la niña adentro, la oportunidad de vivir se reducía drásticamente.
La mamá no podía respirar e indirectamente causaba asfixia al bebé. "Su mecanismo respiratorio normal no era suficiente para mantener viva a la niña; necesitaba un respirador y cuidados intensivos. Se tomó la decisión de terminar el embarazo para salvar la vida del bebé y para mejorar las posibilidades de ella", manifestó Xochitl Sandoval, jefa del departamento quirúrgico.
Juana dio a luz a una niña, pesó dos mil gramos y midió 46 centímetros. Su llegada al mundo fue difícil; nació pálida, flácida, no lloró y preocupaba sobremanera su baja frecuencia cardíaca. En términos médicos, "su estado general estaba comprometido".
De la sala de partos, tanto la joven como la bebé salieron a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI); respiraban con ayuda de un ventilador mecánico.
La recién nacida evolucionó favorablemente y tres días después dejó la UCI. Su madre, en cambio, iba a peor.
Sandoval recuerda que algunos trabajadores le decían que esa paciente se iba a morir. Su estado era crítico, perdió la consciencia y requirió el mayor número de frecuencia del aparato que sustituía la función de los pulmones.
A diario, un equipo médico -intensivistas, cardiólogos, infectólogos, neumólogos, enfermeras y ginecoobstetras- trabajaba por revertir ese 15 por ciento de sobrevida. Al final, el trabajo tuvo su fruto. Juana despertó hace siete días después de 25 días inconsciente. El domingo le retiraron el aparato que le ayudaba a respirar. Hoy ya se alimenta y habla.
"Hemos tenido que luchar con esta enfermedad. Hizo un shock séptico", indicó Sandoval. Además tenía una infección intrauterina porque hacía días que había roto la fuente.
Está fuera de peligro y casi con un pie fuera del hospital. Ahora sigue un proceso de rehabilitación. Después de permanecer un mes en Cuidados Intensivos requiere ayuda para recuperar sus movimientos y la función de sus pulmones. Además recibe terapia sicológica tras tanto tiempo de encierro con luces y medicamentos.
Sandoval está satisfecha por el trabajo, pero hace hincapié en que las pacientes consulten oportunamente. "Para que haya éxito en el manejo debe haber una pronta referencia del sistema de salud. Las que han muerto llegaron complicadas y muy poco se pudo hacer", indicó. Tres embarazadas han fallecido por el nuevo virus en el país. Además, a cinco madres les tuvieron que hacer una cesárea de emergencia para salvar su vida y la de sus hijos. Todos están estables.
