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PANDEMIA INMINENTE

Las otras víctimas de la gripe

El combate a la epidemia de influenza por el virus H1N1 obligó a los principales hospitales a la suspensión de las cirugías programadas.

Yamileth Cáceres
Sábado 01 de agosto de 2009
Un niño con insuficiencia renal recibe hemodiálisis en el Hospital Bloom, un tratamiento a través del cual le limpian las impurezas del cuerpo.
FOTO / EDH


La historia se repite cada temporada, lo que cambia es el virus. Dengue, rotavirus, sincitial respiratorio (responsable de neumonías)... y ahora el A H1N1 ponen en jaque el sistema de salud cada año. Alertas y emergencias por infecciones periódicas que, como si fuese una guerra, causan daños colaterales. Son las víctimas de la gripe que no se enferman por la gripe.

La atención médica se concentra en lo inmediato, la gripe A H1N1, y “discrimina” otras dolencias: la operación de una hernia, una cirugía del corazón o un tratamiento ortopédico, por citar ejemplos. A aquellos pacientes que esperan hace meses una intervención quirúrgica se les pospone hasta nuevo aviso.

Los principales centros médicos del Gran San Salvador suspendieron hace varias semanas las cirugías programadas para atender solo las emergencias y dejar más camas en previsión de nuevos repuntes de neumonía y gripe por el nuevo virus.

El Hospital Rosales realiza 500 operaciones al mes; desde la emergencia, la cifra ha bajado a 300, de acuerdo con Melvin Guardado, jefe del departamento de Cirugía. Los hospitales Bloom y Zacamil, que atienden a niños, prácticamente han suspendido las 30 que realizan a diario hasta nuevo aviso. El Hospital San Bartolo, con el doble de ingresados que en una época normal, también centra sus esfuerzos en los infantes con neumonía y “descuida” al resto.

Servicio cardiovascular del Bloom. En junio, con la pandemia encima, de los 28 pacientes programados para una cirugía de corazón se operaron ocho. Para este mes, la lista es de 16; los operados en las primeras tres semanas han sido tres. La falta de camas libres en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), donde llega el paciente después de la cirugía para la recuperación, rompe cualquier plan previo.

La frustración se observa en algunos galenos que ven como a los problemas habituales -falta de insumos, equipo, disponibilidad de quirófanos...- se suma la gripe o, mejor dicho, sus consecuencias, el incremento de pacientes con neumonía urgidos de cuidados especiales. Guillermo Martínez Arias, jefe del programa de cirugía cardiovascular pediátrico, lo resume así: “tenemos una lista de espera tremenda de pacientes con problemas de corazón, ahora esto se viene a incrementar más, además de que las jornadas que estaban planificadas es muy probable que se suspendan”.

Una de ellas, la de Heart Care Internacional, prevista para inicios de año, se suspendió por los paros en los hospitales. Cincuenta niños vieron como su cirugía se retrasaba para mediados de año. En la actualidad, con la gripe encima, se volvió a reprogramar, esta vez, para septiembre.

En espera de una intervención cardiovascular hay más de 200 infantes. El último anotado está para el 14 de junio de 2010. Y eso que no se han reprogramado las de los últimos meses.

Martínez Arias indica que el problema real es que la Unidad de Cuidados Intensivos pasa con infantes con neumonía, entonces no se pueden apartar cupo para los menores recién operados. La habilitación de un espacio con unas camas similar a la UCI para trasladar a los pacientes cardiacos también se saturó de niños con dolencias respiratorias. “A pesar de eso se ha llenado todo el hospital. Hay pacientes intubados en la recuperación, en la UCI, en intermedios”, añadió el cirujano.

Las palabras las secunda el cardiólogo Mauricio Velado. “Con las epidemias siempre hemos tenido problemas, por eso es que nuestro mayor interés es formar una unidad. Si nosotros no tenemos nuestras propias camas, siempre tendremos que parar las cirugías por falta de espacio”.

En el séptimo nivel, en el Servicio de Neurocirugía, dos niños Blanca Sánchez y José Ángel Díaz son las víctimas de esta crisis intrahospitalaria. Ambos ingresaron al Bloom por un tumor cerebral. Para poder extraérselo requieren espacio en la UCI y ventilador mecánico, algo impensable hoy si no es una emergencia. De momento, las madres esperan que la gripe les dé un respiro.

“El niño nos decía que sentía que se le rajaba la cabeza. No lo han operado porque no hay cupo... por el problema de la emergencia de la influenza”, expresó Norma, madre del niño.

Jorge Guevara, residente de neurocirugía, explica que el problema en estos casos es que se trata de cirugías largas y, después de ellas, los niños necesitan ventilación asistida. Y estos aparatos, de nuevo, en medio de una emergencia que mantiene a 30 ó 40 infantes diarios por neumonía en el Bloom, escasean.

¿No son cirugías de emergencia? Guevara tiene sus dudas. “Son relativamente electivas aunque no del todo, estos niños también van en una carrera contra el tiempo porque el tumor puede seguir incrementándose y dar más problemas”, acotó el especialista. Su jefe, Cristóbal Perla y Perla, recuerda que solo se operan aquellos casos en los que “eminentemente se pone la vida de los niños en riesgo”.
Otros servicios, tocados antes de la crisis de la gripe, pueden hundirse con ella. El programa de trasplante de riñón está parado prácticamente desde 2005. Dos trasplantes en cuatro años no es para tirar cohetes.

A la falta de fondos para hacer exámenes como la angioresonancia para ver el estado del órgano del donante y la prueba de anticuerpos hay que añadir el temor de la gripe en el hospital. Carlos Henríquez, jefe del Servicio de Nefrología, indicó que hay siete niños que ya tienen donante y se les han hecho varias pruebas, pero no los pueden concluir en una cirugía. “El otro punto es inmunosuprimir a un paciente en estas condiciones lleva su riesgo. La situación del hospital en este momento no es la más idónea”, aclaró el especialista.

Henríquez explica que para que un paciente acepte el nuevo riñón hay que bajarle las defensas y entonces se vuelve un blanco fácil del virus de la influenza A H1N1. “El sueño de los nefrólogos es tener todo y poder trasplantarlos porque ya no cabemos. Estamos afligidos, al principio del año decíamos que no cabíamos, hoy menos y nos siguen llegando pacientes”, comentó Henríquez. Como otras veces, para atender a tanto niño en diálisis se ven obligados a reducir el tiempo que pasa cada uno en las máquinas que limpian su sangre y eliminan los desechos del cuerpo. El riesgo es que afecta su calidad de vida.

“Esperamos que la emergencia pase y hacer cuanto antes el trasplante porque tenemos una demanda, si bien es cierto nos asustamos porque se han muerto seis por H1N1, pero se nos van a morir 20 si no los trasplantamos”, acotó el especialista.

 


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